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La Mañana Historias de vida

Historia de vida: el hombre que fue llamado para la cría de animales

Es uno de los nueve hijos de una tradicional pareja de puesteros que surcaron sus vidas en el paraje Butalón Norte.

Por Fabián Cares - [email protected]

• Tiene 47 años y, además de participar de la trashumancia, actualmente trabaja como capataz en el Vivero Provincial.

• La veranada de los Retamal en Cajón de los Chenques queda a 100 kilómetros de su puesto de invernada en el medio del paraje.

A más de 600 kilómetros de la capital neuquina, un hombre curtido por el sol y el polvo de los caminos que atraviesan los cerros de la inhóspita geografía del norte, mantiene viva la llama de la tradición que le imprimieron sus padres. “Creo que fui llamado a la cría de animales. Es algo que lo heredé de mis padres”, cuenta Adrián “el Pela” Retamal.

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Nacido un 24 de junio de 1971 (su documento dice 1 de agosto de 1971) en Butalón Norte, a 20 kilómetros campo adentro de Las Ovejas, es uno de los nueve hijos de una tradicional pareja de puesteros que surcaron sus vidas en ese paraje.

Adrián vio la luz de la vida en el puesto de invernada del matrimonio compuesto por Ananías Retamal y Filomena López y fue traído a este mundo de la mano de su “mamita” Jesús (abuela paterna). Actualmente, trabaja como capataz en el Vivero Provincial en Butalón.

El lugar donde está la veranada de los Retamal (en Cajón de los Chenques) queda a 100 kilómetros de su puesto de invernada en el medio del paraje.

Hasta allí, todos los años Adrián y sus hermanos y sobrinos se suman a la proeza de la trashumancia atravesando, en cinco días de marcha, cerros, puentes, arroyos, caminos y rutas con sus animales a cuestas buscando mejores pastajes y haciendo culto del esfuerzo.

Todos los años, en el medio de un enorme corral, celebran uno de los tantos rituales que marcan la tradición campera. La yerra se hace presente y los campesinos y gente de pueblo se hacen uno para cumplir todas las tareas que se llevan a cabo bajo un sol abrasador y un “vientito” constante que levanta el polvo que nubla la vista y marca la cara.

Otra de las actividades que todos los años llevan adelante es capar y señalar los chivitos y hasta también montar algunos caballos ariscos.

Como es tradición en el norte neuquino después de todas estas faenas se comparte un almuerzo de camaradería donde no falta el clásico chivito al asador y las infaltables empanadas con carne picada cortada a cuchillo. Un brindis sella todo el esfuerzo y la amistad para seguir conservando la tradición.

“Siempre estuve en el campo, tengo trabajo en un vivero de la provincia pero lo mío es esto. Creo que fui llamado para poder estar en la cría de animales. Es algo que lo heredé de mis padres, siempre criamos vacas, chivos y caballos desde que en vida estaba nuestro abuelo y después con mis padres”, cuenta el Pela, y agrega: “Este puesto en Cajón de los Chenques tiene más de cien años de veranadas”.

Considera que, como él, muchos continúan manteniendo la “postura como puestero y criancero de la región” de que no hay que perder aquello que sus padres les inculcaron”. “Realmente creo que es una ayuda económica”, señala.

Este hombre de 47 años es un agradecido de su vida: “Nos ha ayudado mucho y nos ha dado el privilegio de poder ser criadores de animales y vivir de ellos”.

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Recuerda que desde muy pequeño viene a esta veranada a cuidar animales: “Siempre lo hago tanto en la veranada como en la invernada junto a mi hermano Lisandro y a mi madre Filomena, que es la que nos acompaña hoy en día”. “Además, afortunadamente, muchos de mis familiares directos y parientes siguen la senda de la tradición por lo que siempre es frecuente ver a hermanos y sobrinos en los puestos y echando una mano para las faenas de campo o simplemente para rodear los animales ”, cuenta.

Lamenta que hace poco tiempo atrás el destino le arrebató a su padre: “Fue un golpe tremendo, así que en honor a él, a mi abuelo y a todos aquellos crianceros que actualmente no están, seguimos de pie manteniendo su legado, y gracias a Dios mi madre con 78 años todavía tiene la fuerza para acompañarnos muchas veces en este puesto tan metido en la Cordillera. Es toda una bendición”.

Hasta se anima a darles un consejo a los jóvenes: “Me gustaría decirle a la juventud que no pierda esto. Es algo tan lindo y que es de nuestros ancestros y que no dejen el campo porque vale la pena”.

De la marcación a arrojar el lazo

Hace unos días para arrancar el año, en un corral ubicado en plena montaña y bajo un sol abrasador, Adrián "el Pela" Retamal, junto con familiares, amigos y vecinos puesteros llevaron adelante el trabajo de marcación de los animales vacunos con un hierro caliente, también procedió a descornar a algunas reses, a darles por vía oral algunos remedios y colocar vacunas y aretes. También se castraron algunos terneros y al finalizar todas las faenas hasta hubo tiempo de distensión para que se lucieran pialadores y enlazadores.

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