El clima en Neuquén

icon
17° Temp
72% Hum
La Mañana Un ejemplo

Hizo de la venta de rosquitas en el río una forma de vida

Osvaldo Casas llegó desde Buenos Aires hace dos décadas. "Ya soy de Neuquén", dice con orgullo.

neuquén

Hace veinte años vende rosquitas en la zona de balnearios con su carrito y es de los “cuatro o cinco” más antiguos en el oficio. Tiene 54, se llama Osvaldo Casas y siempre trabajó en la calle, algo que le permite pagar el alquiler y mantener a su familia. Cuando arrancó su etapa laboral fue lo primero que consiguió y hoy ya no se ve con un jefe ni con horarios fijos.

“Prácticamente ya soy de Neuquén”, dice este oriundo de Buenos Aires, que llegó en 1973 a la ciudad y que camina con su carrito mientras padres con niños pequeños del bazo y chicos jóvenes bañados en protector solar lo paran para preguntarle cuánto salen esas cosas ricas que lleva consigo.

“Antes estaba más por el centro, pero me cansó. Hay muchos vendedores, y aparte lo que pasa es que por los autos se te llena de humo la mercadería. Y no es lo mismo vender algo así. Yo acá, lo podés ver, lo tengo todo tapadito”, aclara mientras señala la lona de nylon que protege sus preciados alimentos.

En un día muy movido, como lo fue la última fecha de la Fiesta de la Confluencia, llegó a vender hasta 90 docenas. Pero negado a revelar cuál es la receta mágica que mueve su mundo, confirmó con un dejo de tristeza que él no cocina los bollos: los manda a pedir a un fabricante. “Ojalá los pudiera hacer yo, sería otro cantar. Pero bueno, para eso necesitás mucha plata. Y no es tanto lo que se gana para tener tu propia fábrica”, asegura.

Calzado con su uniforme de trabajo (guardapolvo blanco y una gorra que lleva al revés), dice que no le alcanza sólo con las rosquitas, también sale a vender medias casa por casa para completar los ingresos. Compra paquetes al por mayor y reparte.

Si vende mucho, la familia se alegra y si no, en épocas en que cuesta como sucede actualmente, intenta hacer lo que puede para seguir adelante. Eso no le impide, sin embargo, ayudar a quienes recién empiezan, como hizo con una chica que vendía churros y a la que le regaló una de sus canastas.

Eludiendo los controles

“Al principio los de la Municipalidad no te dejan entrar, pero todo se arregla. Más con los vendedores que somos más antiguos”, aclaró Osvaldo, sobre un aspecto de su trabajo que siempre está presente: el esquivar a los inspectores.

Señaló que cada centavo cuenta a la hora de hacer el día y que no todos pueden pagar un puesto, como es su caso.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas