Por Fabián Cares
En el medio del Jardín del Neuquén, y con el Cerro La Corona como telón de fondo, se recorta una enorme pileta de natación que se ha transformado en un oasis para cientos de turistas que visitan esta aldea de montaña. La apuesta al turismo es la columna vertebral del desarrollo y crecimiento de este rincón del norte neuquino.
La pileta con aguas cristalinas se recuesta en un predio ubicado en la mitad de la Avenida Primeros Pobladores. Tiene una dimensión que supera ampliamente los 200 metros cuadrados y como fiel compañera la complementa una piscina más pequeña que permite los chapuzones de los más pequeños visitantes.
El complejo funciona todas las tardes, aunque en otros horarios profesores dependientes de la comuna local enseñan natación a niños y a adultos mayores.
Una empalizada con madera rústica delimita el sector pileta de aquellos que están orientados a la toma de sol, proveeduría, stands de artesanos y productores, locales recreativos de metegol y ping pong y gran cantidad de mesas y bancos diseminados a lo largo y a lo ancho el predio.
Ese espacio sirve para reunir a las familias y a los grupos de amigos para compartir algo fresco o los clásicos mates o los populares tererés.
Rosa Leiva aprovecha la afluencia de gente para ofrecer tortas fritas, que salen de la manera que llegan, muy rápido.
En el predio se respira naturaleza en todo momento y uno de los puntos característicos del lugar son las acequias que atraviesan toda la superficie.
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