Zeinab, que viene de una familia pobre y conservadora, se casó a los 15 años para escapar de sus padres. Sin embargo, pronto comenzó a ser víctima de abusos físicos y psicológicos por parte de su marido. Cuando fue arrestada tenía 17 años y confesó tras sufrir torturas de policías durante 20 días. En el juicio, Zeinab se retractó de su “confesión” y alegó que había sido “forzada a confesarlo”, explicó la ONG. Y acusó a su cuñado de haberla violado varias veces y de ser el asesino. A pesar de esto, el juez se negó a ordenar una nueva investigación y la sentenció a muerte.

Según explicó AI, poco después de casarse, Zeinab “solicitó muchas veces la ayuda de las autoridades porque su marido era violento”. Pero “las autoridades sistemáticamente la ignoraron y no le brindaron ningún apoyo como víctima de violencia doméstica y sexual”. La condena a muerte se suspendió en 2016 cuando la joven, en la cárcel, se volvió a casar con un detenido y quedó embarazada, pero el bebé nació muerto. Según los médicos, el deceso del bebé fue por el shock sufrido por la madre tras la ejecución de su compañera de celda.

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