La adaptación de las uvas frente al cambio climático

Especialistas abordaron las soluciones posibles ante el aumento de temperatura: invención de uvas resistentes y búsqueda de un patrimonio genético adaptado.

POR JOAQUIN HIDALGO / Especial

Todos los pronósticos son agoreros. Mientras que el planeta se encamina hacia un aumento de temperatura del que no parece tener retorno, y cuyas consecuencias recién ahora los científicos comienzan a comprender, en el mundo del vino las preocupaciones no son menores: la temperatura de una región es la principal variable a la hora de obtener las uvas para excelentes vinos y es hoy, para muchas regiones, una zona oscura sin solución.

Si bien un problema frente al otro parece muy menor, la pregunta acerca de cómo será el futuro del vino es también una pregunta que atañe a casi todos los modelos de adaptación con los que la humanidad pueda contar.

Sobre este y otros tópicos, discurrió el viernes pasado en Logroño, España, una conferencia en el marco de 9º International Symposium of Masters Wine. Con el título “Futuro sabio: los roles en el vino y la responsabilidades en el cambio climático”, cuatro especialistas aportaron su visión sobre el tema. Jonathon Porriti –cofundador del Forum of The Future– hizo un diagnóstico oscuro de la situación; Ted Lemon, viticultor norteamericano de larga experiencia en borgoña, sostuvo que salvar el planeta es biodinamizar su agricultura; Mardi Longbottom, enóloga e investigadora australiana, abordó las soluciones prácticas en el mundo del vino para encarar el problema de las emisiones de gas carbono.

El cuarto especialista fue José Vouillemoz, quien lleva varios años trabajando sobre el genoma de la vid. Más que eso, estudiando las posibilidades genéticas de adaptación que ofrecen algunas variedades. Y aportó algunos datos fabulosos sobre el futuro de las uvas en el mundo, basados en estudios genéticos.

El tema preocupa a los expertos y se analizan propuestas para adaptar las uvas al clima.

Las uvas nuevas

Durante la década de 1950 se realizaron tanto en el sur de Francia como en Alemania, varios cruzamientos e hibridaciones buscando mejorar las variedades de vid. Entonces se buscaban uvas que fueran más productivas y que pudieran aportar resistencias a enfermedades de las plantas. De aquella camada, casi ninguna uva trascendió, porque el foco nunca estuvo puesto en el gusto.

Una nueva camada de híbridos, “ahora desarrollados bajo una técnica conocida como Gen-Editting –se explayó Vouillemoz–, permite desarrollar uvas de sabor conocido, modificándolas para su mejor adaptación en asuntos climáticos o de enfermedades”. A estas uvas se las conoce como poligénicas y ya hay variedades como la Artaban, que son resistentes a oídio.

En ese sentido, si bien el especialista no fue ingenuo sobre el debate ético acerca de la modificación de uno o más genes de, por ejemplo, un pinot noir, tampoco lo es en la medida en que sabe que ahí puede haber una solución posible a problemas de nueva envergadura.

Y aporta: “Hay cerca de 800 clones de pinot noir. De ellos la mayoría no está estudiado a fondo. En ese banco genético debería haber clones que, dadas las mutaciones causadas por fenómenos externos a la vid, seguramente aporten soluciones al cambio climático o mejores adaptaciones a temperaturas crecientes”, sostuvo.

Las uvas viejas

Asimismo, Vouillemoz apuntó en otra dirección. “En el mundo hay variedades que son autóctonas de regiones cuya adaptación climática es notable”. Por ejemplo, el caso de la variedad armenia Areni adaptada a temperaturas muy elevadas durante el verano y a los fríos glaciales del invierno en el Cáucaso. Como ella, otras podrían resultar igualmente adaptadas. ¿Cuáles?

Vouillemez cita algunas que son de su especial gusto: Tibouren (sur de Francia), Alfocheiro (Portugal), Nieddera (Córcega), Fekete Jardóvány (Bulgaria), entre otras, cuyo ADN está adaptado a lo largo de milenios a circunstancias extremas. Y cuyos vinos forman un nicho atractivo entre los conocedores.

Al cabo, el especialista se formuló una pregunta interesante, según el patrón de aumento de temperatura en el mundo. Estudiando una serie de años y temperaturas a lo largo del siglo que va entre 1970 y la proyección a 2070, la Borgoña, emblema del frío para pinot noir –dado que ninguna otra uva tinta madura– podría pasar a producir Nebbiolo, la más tardía de las tintas europeas. No sin amargura ni ironía, se imaginó que para ese año, La Romanée Contí –emblema de la Borgoña– será producido con Nebbiolo, clásica uva del Piamonte.

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