La huella humana o huella ecológica señala el impacto ambiental que genera la demanda humana sobre los recursos existentes en los ecosistemas del planeta. Este indicador está relacionado con la capacidad que posee la Tierra de regenerar sus recursos. El más reciente informe de la revista Nature llegó a la conclusión de que la huella humana está deteriorando la Antártida a un ritmo más acelerado de lo que se pensaba.
Un grupo de investigadores dirigido por la Universidad de Monash se centró en la afectación de la huella humana en la vida silvestre de la Antártida donde se han realizado actividades.
Hasta ahora no se cuantificado la huella humana en la Antártida. Aunque el continente no tiene ciudades, agricultura o industria, las actividades humanas han impactado áreas fundamentales para la protección de la biodiversidad.
Los investigadores subrayaron que la vida silvestre en la Antártida está disminuyendo debido a una huella humana que crece. Por lo que la biodiversidad de esta región se encuentra bajo presión porque las diferentes especies dependen precisamente de algunas de las áreas que están humanizadas.
Es decir, que a excepción de algunas grandes zonas, en sectores centrales de la Antártida, los humanos han marcado su presencia en casi todas partes. La revista Nature indica además que existen áreas de alto impacto humano, entre ellas las relacionadas a la construcción de estaciones de investigación o el turismo, que suelen superponerse con áreas importantes para la biodiversidad.
Rachel Leihy, autora principal, del informe indica que “si bien la situación no parece prometedora inicialmente, los resultados muestran que existe una gran oportunidad para tomar medidas rápidas para declarar nuevas áreas protegidas para la conservación de la vida silvestre y la biodiversidad” en la Antártida.
Lo cierto, es que la huella humana puede ser en muchos casos una herida sin retorno para la biodiversidad de la Tierra. Con cada especie animal o vegetal amenazada, con cada deterioro a los ecosistemas, los seres humanos se van quedando sin hogar. La huella humana ha llegado a la Antártida y parece que cada vez menos regiones del planeta se mantienen libres del impacto de las actividades humanas.
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