La caída de Ortega: amor, azar y delito
La caída de Claudio Ariel Ortega, uno de los tres fugados de la Comisaría 44 el 4 de agosto pasado, es un combo de amor, azar y delito.
Hasta él, la Policía llegó por azar, ya que fueron en busca de dos mecheras y lo terminaron encontrando durmiendo en la casa de quien sería su pareja, en una casa del barrio Independencia.
La investigación arrancó cuando personal de la comisaría primera le llevó a Juan Pablo Encina, asistente letrado de la fiscalía de robos y hurtos, una denuncia por un hecho de mecheras.
El robo ocurrió el 27 de julio pasado en el local “Canta y no llores” donde se ofrece indumentaria tipo Hindú. El negocio se ubica en calle Buenos Aires al 400 en pleno centro neuquino.
Allí dos mujeres ingresaron con dos niños de 5 y 6 años. Ambas tomaron distintos caminos dentro del negocio para distraer a la empleada que cuando quiso acordar se habían ido las supuestas clientas sin comprar nada y dejando varias perchas vacías.
Tras revisar las cámaras de seguridad observó que le habían llevado cinco prendas por lo que radicó la denuncia y entregó los videos.
Encina a la cabeza de la investigación trabajó en conjunto con la Policía para dar con las mecheras y ni bien se determinó que eran conocidas en el ambiente, se estableció la dirección y hoy a primera hora se allanó.
Cuando irrumpe el personal del departamento de Delitos en la casa del barrio Independencia se sorprenden al ver, todavía acostado, a Ortega uno de los prófugos de la Comisaría 44.
El joven se enteró de cómo cayó y maldijo a su mala fortuna mientras lo llevaban detenidos. Con esta aprehensión ya son dos los prófugos recapturados, solo resta dar con Lucas Ezequiel Muñoz.
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