La posibilidad de arrojar residuos a la cava del Complejo Ambiental de Neuquén (CAN) no es infinita. Según estimaron desde la Municipalidad, el relleno sanitario de la meseta tiene una vida útil de 7 años, por lo que podrá recibir los desechos de los vecinos hasta 2028. Si se incentiva el plan de separación, se podría extender su utilidad por cuatro año más.
Cristian Haspert, subsecretario de Limpieza Urbana de la Municipalidad de Neuquén, explicó que el CAN es un espacio único en su tipo dentro de la región, ya que cuenta con una planta de separación y reciclaje y con un espacio productor de biogas, que transforma los residuos en descomposición de la cava en energía que abastece al propio complejo.
En el relleno sanitario de la meseta se arrojan todos los residuos húmedos domiciliarios que arrojan los vecinos y también todos aquellos sin clasificar, que llegan mezclados dentro de las bolsas. Esta cava cuenta con una avanzada tecnología de hermeticidad, que permite la producción de biogas y evita filtraciones que podrían ser dañinas para el ambiente.
"No somos una región húmeda, pero con las grandes lluvias, los líquidos que arrojas los residuos podrían filtrarse y contaminar las napas", expresó Haspert y destacó la importancia de contar con estas capas aislantes para evitar un impacto mayor en el medio ambiente.
Según aclaró, esta cava que funciona en el CAN tiene una vida útil de 7 años, en caso de que se sostenga el volumen de residuos que actualmente arrojan los neuquinos. Sin embargo, la separación en origen se planta como la principal alternativa para extender la vida útil de este relleno y postergar el traslado hacia otro punto de la ciudad.
En ese sentido, Haspert aclaró que los propios vecinos pueden separar los residuos en sus domicilios para arrojar en bolsas separados aquellos materiales que tienen valor comercial y que pueden ser parte de la economía circular; es decir, que pueden volver al mercado reconvertidos en otro productos. "Por ejemplo, las botellas de plásticos que tiramos pueden ser un banco de plaza, o tachas para las calles", detalló.
Así, la Municipalidad sostiene un programa de separación en origen. Los vecinos deben tener dos cestos en casa: en uno se arrojan los residuos húmedos (cáscaras de frutas, yerba, restos de comida, papeles sucios) y en el otro se colocan los elementos secos y reciclables (papel limpio, cartón, plástico, nylon, vidrio, aluminio). Así se facilita la tarea de la cooperativa Las Emprendedoras, que se ocupa de clasificar, enfardar y vender los productos reciclables.
Haspert detalló que se realizó un estudio junto a la Universidad Nacional del Comahue (UNComa), que demostró que cada día son más los neuquinos que separan en origen. Si toda la población se suma a esta iniciativa, la vida útil de la cava que funciona en el CAN se podría incrementar en al menos cuatro años.
"Un indicador que demuestra que más gente está separando es la cantidad de empleados de la cooperativa; ellos empezaron como 4 o 5 personas que clasificaban y hoy la cooperativa ya tiene más de 35 o 40 empleados", dijo el funcionario y recordó que este personal no recibe pagos por parte del Municipio.
"Todos sus sueldos salen de lo que separan y venden, y eso demuestra que tienen más para vender", dijo y agregó: "Lo que nosotros pensamos que es basura sin valor, si la separamos, le puede pagar el sueldo a una persona".
Para fomentar aún más la separación entre los vecinos, desde la Municipalidad se lanzó la campaña SepaRAP y también se implementó el mismo esquema de separación en los dispositivos puerta a puerta y en los centros de transferencia de los residuos voluminosos. Así, durante el primer día de las recorridas por los barrios se levantan sólo bidones de plástico o grandes cartones, mientras que en los centros hay contenedores separados para los residuos reciclables, que se distinguen de los restos de poda o los escombros.
Te puede interesar...












