LMNeuquen Soledad Bonet

La cultura musical y el encuentro de amigos, en el corazón de la ciudad

La periodista Soledad Bonet contó cómo fue la llegada de su familia a Neuquén y la trayectoria que construyeron con sus emprendimientos, entre ellos, los icónicos TodoMúsica y Juanito.

Soledad dice que quizás la entrevista debería ser con su padre y con su tío. Lo dice con un poco de nervios, tratando de cuidar la trayectoria que lograron construir con TodoMúsica y el célebre bar Juanito, dos íconos de la historia reciente de la ciudad que marcaron a su familia y a otros neuquinos. Pese a eso, no puede evitar compartir con emoción numerosas anécdotas y descripciones pormenorizadas que recrean los climas de época de una historia de la que también ella fue protagonista y que, de alguna manera, la inspiró para abrirse paso en la radiofonía local como divulgadora de la cultura de la zona.

Los Bonet decidieron echar raíces en Neuquén a fines de los años 70. En uno de sus viajes por la Patagonia para abrir sucursales de Casa Verdi, una cadena dedicada a la venta de órganos y pianos, Agustín Bonet - tío de Soledad-, llegó a la ciudad y se enamoró de inmediato. El flechazo fue tal, que no dudó en dejar Buenos Aires para venir a instalarse junto a su pareja. Fue así como en diciembre de 1977 nació TodoMúsica, un clásico del comercio capitalino que contribuyó al desarrollo de escena musical en la región. “El local al principio estaba ubicado en la calle Diagonal 25 de Mayo 33, era muy chiquitito y se dedicaba a vender discos y cassettes. Cuando Casa Verdi cierra, recién ahí, mi tío empieza a vender pianos y órganos”, contó Soledad tras remarcar el amor de Agustín por el rubro, dado que es pianista y profesor recibido en el Conservatorio de Buenos Aires.

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“La historia de TodoMúsica tiene que ver con el crecimiento que tuvo la provincia. A medida que fueron apareciendo escuelas de música y gente que se fue dedicando a eso, se extendió el universo de las cosas que traía mi tío para vender. La filosofía del negocio siempre fue ‘estar a disposición de los artistas de la región’”, subrayó. Tras mencionar la mudanza del local a Avenida Argentina 261, Soledad recordó con cariño su paso como vendedora por el negocio -allá por 2001- y sostuvo que el éxito y la vigencia de TodoMúsica tiene que ver “con el trato con la gente”.

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Hacedores de un punto de encuentro que marcó generaciones

Diez años después de la llegada de su tío Agustin, los padres de Soledad eligieron Neuquén como su hogar. Lo que no se imaginaba en ese momento Luis -el papá de Sole- era que esa ciudad, de la que tan buenos comentarios escuchó y a la que arribó en busca de una mejor calidad de vida y oportunidades, le permitiría también cumplir su sueño de toda la vida: el de tener su propio bar.

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Luis, quien por un buen tiempo ofició de viajante con base en Buenos Aires, llegó a Neuquén en 1986. Lo hizo junto a su pequeña hija de 5 años y su esposa Alicia Borri, que además de ser parte del negocio familiar, es profesora de historia y de piano. “En ese momento, llegaban muchísimas familias de afuera, así que nos costó bastante conseguir una casa para alquilar. Como mis abuelos también iban a venir para acá, se necesitaba que tuviera por lo menos tres habitaciones”, comentó Soledad.

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Al principio, los Bonet probaron suerte con “Luces”, el mismo negocio de iluminación que tenían en Capital Federal. “Era un local chiquitito que estaba sobre Ministro Gonzalez, entre Avenida Argentina y Buenos Aires. La gente todavía debe tener algún artefacto porque tenía la particularidad de que hacían pantallas a medida. Después fueron anexando ferretería, se mudaron a Diagonal 25 de Mayo 53 y abrieron ‘La ferretería del Alto’ en la calle Ministro González 42. Era una casa vieja con pisos de madera que crujían cuando entraba alguien. Ahí trabajaba mi abuelo. Después la trasladaron cuando pusieron los cines ‘Quimey’”, recordó antes de hablar de Juanito, el capítulo de oro en su álbum familiar que nació el 10 de marzo de 2001 en en la galería Española sobre Diagonal 25 de Mayo.

“Le pusieron Juanito porque mi papá y mi mamá son fanáticos de Joan Manuel Serrat. Empezó como algo muy pequeño y colaboramos todos, hasta amigos. Mi papá empezó a abrir cuando había partidos, también a la mañana para los que hacían bancos y a la noche para los más jóvenes. Y de a poco empezó a ir más gente a punto tal, que mis amigos y yo dejamos de salir para ir ahí. Era un bar de previa que no tenía lógica ni estética pensada. Fueron varias generaciones entre los 18 y los 25 años. La lógica de Juanito se la puso la gente, por eso creo que se recuerda con mucho cariño. Era muy ecléctico, tocaban bandas, la música era muy variada y no era caro. A muchos les gustaba porque no tenían que preocuparse por cómo ir vestidos, podías ir como para ir al boliche o más tranqui y estaba todo bien. Y no había horario, mi papá cerraba cuando se iba el último”, recordó Soledad con entusiasmo.

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Tras ocho años, Juanito se mudó a Hipólito Yrigoyen 350. “Aunque todo fue distinto, la impronta ecléctica seguía desde los colores de las paredes: amarillo, rojo”, comentó Soledad antes de destacar las noches de zapadas en esta etapa del bar, que llegó con un curioso espacio a la radio y que incluso tuvo sentados en sus mesas a músicos como Iván Noble. “A.N.I.M.A.L hizo una conferencia de prensa ahí y también tocó Palo Pandolfo. Mi papá también habilitó el bar para muestras de arte que era raro en ese momento. Además, cada tanto hacía colectas para comedores y hasta llegó a sorprender a todos con tortas fritas, tipo 3 de la mañana, en las fechas patrias. Cuando cerramos fue triste, y lindo a la vez, mucha gente escribió en el Facebook compartiendo recuerdos. Otros pasaban caminando y nos decían ‘yo acá conocí a mi pareja’. Fue una etapa que terminó con mucho agradecimiento y anécdotas”, agregó para luego señalar que el sueño de su padre continuó paralelamente con el pub Sherlock y más tarde con Olmedo donde finalmente pudo replicar la experiencia del cafetín y el encuentro con amigos que había vivido de joven en Buenos Aires.

Crecer en el Neuquén de los 80’ y 90’

Con los negocios de su padre y su tío instalados en el corazón de la ciudad, para Soledad “el centro se transformó en una familia”. “De chica armé un grupo de amigos, hijos de comerciantes o de gente que vivía por ahí. Era jugar en la diagonal, quizás nos tiraban unos mangos e íbamos a la calesita que estaba donde está la parte nueva de la Escuela de Música. Todos nos conocían, y nos cuidaban. En Navidad me acuerdo de ver al Papá Noel que salía a saludar desde la terraza del castillo de Flipper”, relató con mucha nostalgia, y agregó que en ocasiones llegó a colaborar con la atención de la emblemática juguetería neuquina que instalaron Horacio y Andrea Aragón, primos hermanos de su padre y su tío.

Soledad también recordó divertida el mito del “fantasma del Parque Industrial” que generaba intriga en los chicos en esa época. “Todos estábamos aterrados con eso y un día el papá de uno de mis vecinos se le ocurrió agarrar el Renault 12 que tenía, subirnos a todos al auto para ir a buscarlo. Y nos llevó para comprobar que no existía”, comentó entre risas.

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