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La diseñadora que viste a las novias más allá de los talles

Apasionada por la alta costura, Valeria Flores anima a sus clientas a soñar los vestidos perfectos y los adapta a todo tipo de cuerpos. Con el regreso de las bodas, las novias optan por diseños más simples pero a medida.

Desde que lo puede recordar, Valeria Flores se dedica a hacer vestidos. Primero, a los cinco años, desarmaba sus propias prendas infantiles para fabricar ropa para sus muñecas. Y después se animó a más: aprendió las primeras mañas de la costura de la mano de su mamá Susana, y sumó nuevas habilidades a través de talleres municipales. Pero fueron sus estudios en el instituto de Roberto Piazza los que la animaron a generar un cambio positivo en la moda de la región.

Con conocimientos ya probados en la costura, Valeria se repartía entre su trabajo como recepcionista y su rol de ama de casa y mamá de tres hijos. “A veces cosía algunas cosas para juntar unos pesos”, recuerda y admite que el corte y confección se parecían más a un sueño pendiente que a una realidad laboral.

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El tiempo pasó y la mujer de 44 años abandonó su trabajo para dedicarse de lleno a sus hijos y a la costura, sólo como hobby. Hasta 2016, cuando se decidió a concretar ese viejo anhelo que había guardado por años. Se anotó en la carrera de Diseño de Indumentaria y dio rienda suelta a su pasión por hacer vestidos.

En 2019, ya con el título en mano, creó su propia marca de diseño: VY.MORE. Las primeras letras resumen su nombre artístico: Valery. Y el nombre completo de la marca emula el sonido de “Be More”, que significa ser más en inglés.

“Siempre busco que mis clientas sean ellas mismas, que sean más, que nunca se limiten”, dice Valeria sobre su marca, que conjuga la alta costura con prendas cotidianas. Sin embargo, hay un eje común que une a todas sus producciones: las prendas se adaptan al cuerpo de cada clienta y no al revés.

“Siempre me pasó, y sobre todo de más joven, que era muy delgada y la gente me trataba como si estuviera enferma”, recuerda. Aunque su delgadez era sólo producto de un rasgo genético y no a causa de una enfermedad, las prendas más bonitas parecían vedadas para las mujeres sin curvas, y Valeria nunca encontraba artículos de su talle que se adaptaran a su cuerpo esbelto.

Con ese recuerdo aún latente, Valeria decidió darle otro cariz a sus propios diseños. En lugar de crear talles estandarizados que parecen tomar medidas promedio del cuerpo de una mujer, la diseñadora se propone siempre tomar medidas y adaptar su propia imaginación y moldería al cuerpo único de cada mujer.

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Admite que el mercado muchas veces le juega en contra. Coser a medida implica que las clientas hagan una verdadera inversión. Como Valeria elige telas de calidad en el mercado local, muchas veces no puede competir contra los productos estandarizados que se venden en los locales. Sin embargo, ella propone géneros más nobles y cortes sentadores, pensados para vestir cada cuerpo de acuerdo a cada necesidad.

“Muchas veces las marcas producen hasta el talle L o el XL, y no hay más opciones”, dice y agrega que las mujeres con más curvas tienen que resignarse a usar sólo ciertos modelos de ropa que se adaptan a sus cuerpos, pero no las prendas que realmente quieren. Por eso, Valeria les propone crear juntas prendas actuales que no ajusten demás.

Con su marca, la diseñadora se propuso destacar la belleza inherente a cada mujer, sin importar los talles. Por eso, combate los discursos que establecen ciertos rangos de medidas como los estándares de belleza. “Todas pueden sentirse lindas y usar transparencias, es mentira que esas prendas son sólo para las personas más delgadas”, asegura.

Su propuesta le permitió vestir a novias y quinceañeras de todas las medidas, hasta que la pandemia de coronavirus se interpuso en sus planes. Desde marzo de 2020, todos los eventos se suspendieron y ya no quedaban opciones para dedicarse a la alta costura.

En ese contexto, Valeria interpretó las necesidades nuevas y reinventó su marca para crear diseños exclusivos de tapabocas, prendas urbanas que hacían foco en la comodidad y hasta chaquetas de diseño para esteticistas, enfermeras o médicas, que querían darle un toque de distinción a la indumentaria de salud en un escenario de trabajo abrumador.

“Siempre me enfoqué en las mujeres, y cuando me recibí pensé que iba a coser sólo alta costura, pero después surgieron opciones para coser prendas más cotidianas”, aclara ella, que impone su premisa por abarcar todos los talles posibles tanto en los vestidos de fiesta como en la ropa de diario.

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El vestido correcto

Desde fines del año pasado, y a partir de la reapertura de los salones de eventos, el trabajo en alta costura volvió a recuperar parte de su demanda. Y así, Valeria pudo concretar el sueño de una novia que se había sentido rechazada en todas las casas que venden vestidos de boda.

“Vino a verme bastante desilusionada, porque ella había elegido un vestido con bordados y transparencias, pero en todos los negocios le ofrecían modelos más anticuados, con corsets, y le decían que esa era su única opción”, recuerda la diseñadora y aclara que, incluso en ese contexto, querían ampliar modelos ya existentes para adaptarse a un cuerpo por fuera del promedio.

Valeria y su clienta comenzaron con la toma de medidas a fin de año. Y ya en las primeras pruebas, la novia expresó su alegría por poder vestirse con el vestido que había soñado, en lugar de resignarse a modelos que no eran su primera opción.

Aún restan otras dos semanas para la boda, por lo que la diseñadora y su clienta mantienen el vestido en secreto. Sin embargo, Valeria quedó conforme con el resultado y anima a más novias y quinceañeras a desafiar los modelos estandarizados para proponer un estilo que se adapte a sus gustos y a cualquier tamaño.

“Con esta clienta íbamos a hacer dos vestidos, íbamos a sumar uno más tranquilo, pero la boda se suspendió y se volvió a organizar tan de golpe, que no tuvimos el tiempo para confeccionar dos”, detalla la emprendedora y aclara que muchas novias decidieron bajar el perfil de las celebraciones con vestidos más discretos.

“Ahora las fiestas son con menos invitados, o sin la posibilidad de bailar, entonces las novias ya proponen diseños más sencillos”, dice, siempre predispuesta a adaptarse a los gustos nuevos y aplicar todos sus conocimientos al arte de hacer vestidos.

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