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La Mañana hazaña

La docente que llegó al techo de América

Alejandra Parada, de Chos Malal, trepó el Aconcagua.

Pablo Montanaro

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Neuquén. “Cuando hice cumbre fue como llegar a la torre más alta de un castillo”, afirmó emocionada a LM Neuquén Alejandra Parada para simbolizar lo que significó alcanzar a los 44 años los 6962 metros de altura del Aconcagua, la montaña más alta de América, ubicada en la provincia de Mendoza.

A esta mujer, que vive en Chos Malal, donde trabaja como docente en la Escuela Primaria 345 del barrio Cordillera del Viento, desde chica le atrajo andar por cerros y montañas, pero desde hace algo más de cinco años la idea de escalarlas comenzó a calar más fuerte en ella. Contó que su primera experiencia “fuerte” fue a fines de 2015 con la escalada al volcán Domuyo con un grupo de amigas, también docentes.

Tras esa exitosa y apasionante experiencia, un día aceptaron la propuesta que les hizo el guía de montaña Horacio “Beto” Fuentes de escalar el Aconcagua, conocido como el Coloso de América. Aceptaron el desafío y en febrero de 2016 empezaron a entrenar. “Beto Fuentes nos contó cómo era el itinerario y nos propuso un entrenamiento intensivo”, contó.

Con semejante objetivo, Alejandra dividió su actividad diaria dando clases en la escuela, el entrenamiento en un gimnasio, las clases de yoga y excursiones a los cerros de la zona. “El entrenamiento fue superexigente, con bastante conducta, una buena alimentación y vida sana”, describió. Fueron diez meses de entrenamiento para lograr hacer cumbre en el techo de América.

El 30 de enero pasado, junto con Fuentes, sus compañeras en esta aventura –Vacha Bosque y Danila Gercek– y Roberto Pincu, emprendieron viaje hacia Mendoza capital para iniciar al otro día la expedición desde el Parque Nacional Aconcagua y llegar al primer campamento a los 3300 metros en Confluencia y seguir hasta Plaza de Mulas, a 4300. “Aparte de las climáticas, neviscas y bajas temperaturas, sufrimos dificultades en lo anímico. Hubo momentos en que no queríamos seguir más hasta llorar”, describió.

Agregó que el reiki, disciplina que practica desde hace un tiempo, la salvó para no dejarse vencer por las adversidades. “Un día me encontré haciéndole reiki a una compañera en el hito Berlín a 5800 metros de altura”, precisó.

Sin embargo, confesó que hasta ella misma un día revoleó con furia su mochila. “Hay mucho de lo psicológico en juego. Lo mental empieza a pesar mucho cuando estás arriba. Es importante que el grupo humano te contenga, eso ayuda para revertir esos momentos de crisis”, puntualizó.

Tras doce días de ascenso, el 12 de febrero Alejandra alcanzó los 6962 metros de altura. Detrás de ella quedaron sus compañeros de travesía, quienes por distintos motivos no pudieron compartir ese momento supremo. Antes de llegar a la cumbre, el guía la dejó adelantarse y en ese instante Alejandra recordó la canción de Ciro que dice: “Y lo mejor que me pudo pasar en el viaje/fue mirar el paisaje y seguir/fue mirar el paisaje y seguir”.

“El Aconcagua es un vigía que te observa, te deja o no te deja llegar. Al hacer cumbre sentí que era como llegar a la torre más alta de un castillo”, reflexionó.

Por estos días, Alejandra trata de recuperarse, de volver “a la vida normal”, a meterse de nuevo en su labor docente. Sabe que su logro puede convertirse “en un ejemplo sobre lo que significa el esfuerzo”.

Su emoción estalló una vez más durante la charla con LM Neuquén cuando recordó que al regresar a Chos Malal su hijo Enzo, de 19 años, la recibió con un abrazo y le dijo que alguna vez quisiera subir el Aconcagua para transitar por los lugares donde estuvo ella.

5000 personas por año inician la subida al cerro Aconcagua. El 4 por ciento son mujeres.

El esfuerzo, su mejor clase

Cuando llegó a los 6962 metros del Aconcagua, Alejandra Parada recordó que inició la travesía para concretar varios objetivos. El primero, demostrarle a su hijo Enzo que “con esfuerzo y tesón se pueden alcanzar los objetivos que uno se proponga”. El segundo representó un regalo para su madre, “para que sienta el orgullo de que su hija subió el Aconcagua”. Y, por último, agradecerle al guía de montaña Beto Fuentes, “que me abrió la puerta para este sueño”.

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