La Argentina se ubicó, durante la semana que acaba de concluir, entre los 10 países con mayor cantidad de contagios de COVID en todo el mundo, según reportó la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
El Fondo Monetario Internacional, por su lado, viene calculando desde hace un tiempo el impacto de la peste en la economía de sus socios y ayer volvió a advertir que, sin medidas de alivio de parte de los organismos multilaterales con los servicios de las deudas, ninguna recuperación será viable una vez que la situación epidemiológica se torne manejable.
Sin embargo, el Fondo advirtió, además, que tanto como los servicios de la deuda hoy son muy importantes los acuerdos de cooperación para que los países miembros accedan a vacunas. Si esto ocurre, señaló, los costos de las dosis se amortizarían relativamente rápido con la reactivación de la economía.
Pero la visión de la OPS es diferente.
La titular del organismo, Carissa Etienne, dijo que “las vacunas aún no son el principal método para disminuir la propagación de la COVID-19, por lo que debemos mantener y ajustar las medidas sociales y de salud pública en todos los países”.
En esa línea, discrepó con las medidas de apertura y flexibilización de las actividades económicas, al sostener que la alta tasa de movilidad en los países, como Argentina, terminará por llevar a los sistemas de salud al colapso.
En resumen, la funcionaria, aunque no minimizó la importancia de las vacunas, relativizó las expectativas, a veces demasiado optimistas de los gobernantes, respecto de que el problema de la peste no se resuelve tan fácil como una ecuación financiera.


