La educación estresada

Parecería que hablar de una educación (la neuquina) en crisis sería caer en un lugar común. Puede ser. Pero sería un error pensar que se trata sólo de un problema que afecta al mundo de la educación pública.

El Gobierno (y buena parte de las gestiones anteriores, de las que los actuales funcionarios del poder también formaron parte) viene exhibiendo una cierta dificultad en el manejo de las relaciones laborales con los trabajadores del sector educativo, con los cuales se enrosca en unos ya crónicos conflictos en cada inicio de año lectivo.

La pelea con el gremio ATEN no beneficia a nadie y menos aún a los más débiles, los pibes que no tienen otra alternativa que acudir a una institución pública. Claro, eso también le incumbe al sindicato y a quienes lo integran.

Las dos partes aseguran ser conscientes del enorme perjuicio que ocasiona un conflicto como el actual; sin embargo, no logran ponerse de acuerdo en una salida que convenga a todos.

La continuidad del conflicto no hace más que sumar más estrés a un sector ya estresado: los pibes, los padres de los pibes, los educadores y también los propios funcionarios.

A ninguno de esos actores les conviene el conflicto y seguramente no lo quieren. Y eso no genera otra cosa que una situación estresante.

No se podría decir que vivir con estrés es cómodo para nadie. No lo es para el que termina el mes holgadamente con los recursos financieros necesarios, ni tampoco para los que no les alcanza la plata. Ese estrés, lamentablemente, se manifiesta con toda crudeza en las aulas y así es difícil que se consiga una educación como la que todos quieren. Y ojalá el problema fuera sólo estrés por un conflicto salarial.

Parece una costumbre que cada año las clases arranquen con un conflicto del que nadie se beneficia.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario



Lo Más Leído