La experiencia trans no es un trastorno psiquiátrico
Valeria Alessi
Psicóloga. Dirección Provincial de Diversidad Neuquén
La identidad siempre está en proceso constructivo, no es estática, es la conciencia de mismidad y no se corresponde necesariamente con los estereotipos. Sus transformaciones ocurren en procesos de crisis. Tales crisis pueden ser impuestas por el entorno o puede provocarlas el propio sujeto, con su crecimiento o con sus ciclos vitales.
El género es una construcción ideológica, cultural, política, psicológica, jurídica y moral. Ser hombre o ser mujer depende de cómo se organizan las costumbres, creencias, normas, prácticas, valores, que caracterizan en el tiempo a una sociedad determinada. Lo “masculino” y lo “femenino” son categorías dentro de una división que busca ordenar cabezas. Celeste y fútbol para unos; rosa, muñecas y vestidos para otras. Esas son las opciones que conocemos.
La experiencia trans no es un trastorno psiquiátrico ni una enfermedad orgánica, no es un problema, no es un error. Despatologizar las identidades trans no es solamente quitar la clasificación de los manuales de psiquiatría, sino admitir que las personas pueden decidir sobre sí mismas, que son autónomas respecto a su cuerpo y que es fundamental habilitar el espacio para el propio relato. Existen infinitas formas de construir subjetividad y las técnicas de psiquiatras, psicólogos, endocrinólogos y cirujanos no deben ser ‘soluciones’ para la conformación de un ‘género verdadero’, sino meras herramientas de apoyo. La función evaluadora de los profesionales debe ser reemplazada por la de acompañamiento.
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