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La historia del perro playero que conquista a los turistas en Piedra del Águila

Trueno es el nombre. "Llegó como un turista y ahora ya es parte del staff de la estación de servicio", contó Santiago, el nexo entre el animal y la empresa. Conocé su historia.

La estación de servicio Axion de Piedra del Águila tiene un empleado especial. Usa chaleco de playero y vigila todo lo que sucede desde la oficina central. Se llama Trueno, es un perro que cumple jornada completa. Se presta para las caricias, no ladra y ya se convirtió en un clásico del lugar.

La contratación estuvo a cargo de Santiago. Un joven de 20 años que fue el nexo entre la empresa y Trueno, y es una pieza fundamental de esta historia. “Primero trabajé en la obra de esta estación y, tras unos meses de desempleo, me tomaron como playero”, comenzó el relato.

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En abril de 2019, esa estación de servicio comenzó su refacción. Al parecer, hicieron el comercio de nuevo, cambiaron los tanques y rehicieron el suelo del playón. Santiago se encargó de asfaltar y de los detalles finales de la obra.

En esos meses que duró el trabajo, el perro líder de la jauría era otro. A donde él iba, otros cinco o seis perros lo seguían y siempre paraban cerca de la estación. “Un día del 2019, ya hacía frío así que supongo que era junio o julio, este perrito intentó cruzar la ruta 237 y un auto se lo llevó puesto”, relató el joven.

Santiago con otro compañero intentaron llevarlo al veterinario de urgencia, pero ya era tarde. “No había mucho para hacer y murió. Pero esto es algo que suele pasar, ya que la gente ni aminora la velocidad y te puede llevar puesto”, aseguró.

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Santiago junto el perro playero en Piedra del Águila.

Santiago junto el perro playero en Piedra del Águila.

Al terminar la obra, estuvo algunos meses desempleado, hasta que desde la estación de servicio estaban buscando personal y él mandó su currículum vitae. Ya para agosto lo contrataron y de camino a su primer día de trabajo conoció a Trueno.

“Iba caminando, muy nervioso, porque era mi primer día. Nunca había trabajado de playero y estaba con ganas de arrancar, y no sabía de qué iba. Y en todo eso que me pasaba, lo veo en la esquina de la estación y me empieza a seguir. Lo saludé y a partir de ahí sentí que algo nos unió”, contó .

Durante las primeras semanas de trabajo, se lo cruzó cada vez que ingresaba a su puesto laboral. Pero, de un día para el otro, ya no lo vio más. Tenía miedo de que hubiera tenido el mismo final que el líder de la jauría. “Me lo imaginaba cruzando la ruta, cada vez que veía un perrito en la calle y me apenaba mucho”, recordó.

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Dentro de su jornada laboral, de poco movimiento, se le ocurrió chiflar cerca de la esquina donde siempre se lo cruzaba. Chifló dos veces, espero y nada. Y cuándo ya se estaba resignando a un trágico final, lo ve venir corriendo. “Vos no sabes lo que me alegré. Yo no tenía tanta conexión con los perros, no teníamos en casa, pero ver a Trueno que venga a toda velocidad fue una sensación de tranquilidad de que seguía vivo”, dijo.

A partir de ahí, cada vez que el movimiento en la estación bajaba, él chiflaba y Trueno aparecía. Con esa dinámica comenzó el 2020, que se profundizó en marzo, una vez que la pandemia arrancó. “Imagínate la compañía que fue durante la cuarentena”, planteó, al describir que el paso de autos, turistas y personas disminuyó drásticamente. El comercio de la estación había cerrado sus puertas y solo había un playero por turno para satisfacer a los esenciales que necesitaban movilizarse.

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Ahí, Trueno, se convirtió en el turista que más veces ingresó a la estación durante el 2020. Iba todos los días y se ponía junto a los playeros a pasar los fríos de la noche. “Más allá de que hizo que no me sienta solo, me daba seguridad. Ante cualquier cosa, estaba con alguien más”, apuntó.

Las bajas temperaturas comenzaron a ser insostenibles con la llegada del otoño y durante los turnos de noche que le tocaron a Santiago metía a Trueno dentro de la garita a escondidas. Es que no sabía si lo podía hacer, pero él no podía ver “sufrir al perro”.

Trueno pasaba la noche dentro y antes de que llegara el jefe a las 7 de la mañana salía disparando para fuera. “Es muy rápido, entiende todo. Yo ni le tenía que decir que salga y él me pedía salir de la garita. Tienen una intuición muy marcada”, describió.

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Al cumplir un año dentro de la empresa, Santiago le contó a su encargado la relación que tenía con Trueno y le preguntó si podía ponerle una cucha dentro. “Dijo que iba a preguntar a los dueños y a los días me dijo que sí”, recordó contento y expuso que ni bien tuvo la respuesta positiva, armó una cama con un colchón para el perro.

Desde ese momento, Trueno es parte de la estación. Vive y convive con todos los playeros, y hasta tiene su propia remera de la Axion. Los turistas o las personas que pasan, a veces, “se lo toman en joda”, pero "no entienden que ya es un clásico de la estación".

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Cuando intentaron secuestrar a Trueno

El perro siempre está sentado en la puerta de la oficina de los playeros. Justo pegado al ingreso a los baños de la estación. Observa a cada uno que entra y mira hacia el playón al asegurarse que "todo esté en orden”. “La gente siempre pasa y lo saluda y se pone a joder con él o se saca fotos”, contó Santiago, al describir que siempre lo mira. No solo por el resto de perros de la ciudad que a veces lo quiere atacar, sino por los mismos turistas que “a veces se hacen los graciosos”.

“Y un día, veo un grupo de chicos jugando con él. Terminé de atender un cliente y cuando vuelvo a mirar no estaba ni lo chicos ni Trueno”, dijo Santiago que se desesperó. Se acercó hasta la oficina en donde debería estar y ve cómo un auto arrancó con Trueno dentro. “Se lo estaban llevando”, contó.

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Le vio la cabeza en la ventana del copiloto. “Ahí chiflé y el no sé cómo hizo y saltó del auto que estaba en movimiento. Si bien estaba recién saliendo e iba a muy baja velocidad, re hábil fue”, describió.

El “intento de secuestro” pasó en enero de este año y desde ese momento ninguno de los playeros se saca un ojo de encima a Trueno. Dejan que se acerque, pero no dan tantas libertades. “Acá no tenemos que cuidar entre todos y él es uno de nosotros. Llegó como un turista y ahora ya es parte del staff”, concluyó Santiago.

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