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La Mañana

La historia del trasplante de médula de un hijo a su papá

Detalles de un hecho que conmueve al país. El nene donante tiene sólo 8 años.

Capital federal.- Cuando Rodolfo Ferrero se enfermó gravemente no imaginó que la posibilidad de abrazarse a la vida estaría ligada a su familia. El joven, a quien le diagnosticaron leucemia aguda en 2015 con apenas 25 años, fue noticia esta semana por protagonizar junto a Alejo, su hijo de 8 años, uno de los pocos trasplantes del país en los que un niño se convierte en donante de médula ósea para su papá. Así lo indican los registros del Incucai, la entidad que coordina los trasplantes de órganos y tejidos en la Argentina y autoriza a funcionar a los equipos médicos que realizan este tipo de intervenciones. “Es un caso excepcional. Cuando se trata de donante emparentado con el receptor lo usual es que sea una madre o padre quien se convierte en donante para su hijo, o una donación entre hermanos, pero de hijo a padre o madre es realmente muy pero muy infrecuente”, afirmaron desde el área de Comunicación Social del instituto.

Otro punto importante que mencionaron es que cuando hay un menor involucrado en un trasplante de médula ósea -como en este caso- no se necesita autorización de un juez, como sí sucede con las donaciones de órganos que se hacen entre personas no relacionadas familiarmente. “La Ley 24193 (de trasplantes de órganos y tejidos) lo indica en su Artículo 15º. Con la autorización de los padres y del propio menor se puede realizar el procedimiento que, obviamente, es detenidamente evaluado por el equipo profesional que lo llevará adelante”, explicaron desde Incucai.

Así sucedió en esta historia que hace algunos días llegó a uno de sus capítulos más intensos y más conmovedores. Le tocó escribir algunos de los párrafos más importantes al médico Miguel Sorrentino, jefe de la unidad de trasplantes de médula del sanatorio Sagrado Corazón, de Buenos Aires. El profesional recordó que el paciente “estuvo gravísimo y en terapia intensiva. Frente a la imposibilidad de contar con donantes adultos familiares y, al no tener el tiempo de iniciar una búsqueda en bancos de donantes, optamos por considerar al niño. Lo que hicimos es un trasplante haploidéntico, que así se llama cuando la compatibilidad no es del 100%. Este tipo de procedimientos es bastante nuevo, incluso en el mundo. Aunque los trasplantes de médula ósea llevan décadas, los que son mitad compatibles (como es el haploidéntico) tienen una historia reciente”, comentó. Ya se han hecho más de 100 en todo el país y unos 15 en el centro Sagrado Corazón.

El jefe del equipo médico que coordinó y está supervisando la evolución del paciente reconoció que uno de los frentes complicados en este caso es el tema del peso del chico. “A quienes van a donar voluntariamente médula ósea se les pide un peso mínimo de 50 kilos y que sean mayores de 18 años. Eso no es caprichoso, sino que tiene que ver con la cantidad del líquido que necesitamos extraer, y eso está relacionado con la contextura física del donante. Pero en situaciones extremas, complejas, se pueden hacer excepciones, lo que está científicamente avalado, y por eso pudimos contar con esta posibilidad”, aseguró Sorrentino.

De todos modos, se está pensando en que en algunas semanas más, el nene, que vive en Puerto General San Martín junto a su familia, vuelva a donar. “Lo mejor es que descanse algunos días mientras vemos la evolución de su papá, que por el momento está dentro de los parámetros esperados. De todos modos, hay que decirlo, es muy delicada su situación”.

Ejemplo: Alejo Ferrero desfiló por los medios contando su historia y su ejemplo de amor.

Aunque Alejo es pequeño, tiene un peso aceptable para esta intervención y los riesgos eran mínimos”. Miguel Sorrentino. Médico que intervino

Alejo tendrá que volver a donar

El responsable del trasplante, Miguel Sorrentino, explicó por qué en las próximas semanas seguramente el nene tendrá que someterse a otra intervención para volver a donar. “Si bien los riesgos eran mínimos, podía haber complicaciones. Por ejemplo, el peso corporal del chico en relación con el peso de su papá es muy bajo y no conseguimos extraer la cantidad de semillas -como les llamamos- que necesitamos”.

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