Anduvo al tranco varias cuadras por el barrio El Manzanar de Cipolletti a la hora que en las calles estaban desiertas por el confinamiento ordenado para frenar el COVID.
Su aparición asombró a los vecinos y a la vez generó inquietud por el riesgo que supone para el tránsito vehicular un animal de este tipo deambulando en libertad por la zona urbana. De donde salió era una incógnita, pero se esclareció algunas horas después que este medio informara acerca de su presencia, como otros que se observaron por el 12 de Septiembre.
Se llama Gringa, y es una yegua alazana malacara (con una franja blanca en la frente) muy valiosa para varios hermanitos que le tienen un cariño especial, sobro todo para uno de los más pequeños que la necesita para ejercicios terapéuticos. Por eso es mansa y obediente.
Como la familia no la puede tener donde viven, en un barrio de la isla Jordán, les permiten dejarla en una chacra cercana al Manzanar, donde hay buena pastura.
Yanina, la mamá de los nenes, destacó que no entienden como se liberó de la soga con que estaba atada, pues la aseguran para que no escape. Pidió disculpas si causó algún inconveniente, y agradeció a los policías de la Brigada Rural que la encontraron en una plazoleta del barrio y la retuvieron hasta que la fueron a buscar.
Gringa, contó la vecina, fue madre hace algunos meses y tiene un potrillo zaino al que bautizaron Gringo. Ambos fueron domados por ellos mismos, sin necesidad de aplicar técnicas rigurosas, sino con métodos pacíficos, destacó.
En el predio donde residen en la isla tienen otros animales domésticos, como chanchos, chivos y gallinas, entre otras especies.
Proyectan en algún momento poder recibir al público que desee compartir un momento en contacto con la naturaleza en un ambiente rural, sobre todo nenes con capacidades diferentes. Será cuando lo permita la nueva realidad pandémica
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