La historia de las aguas sanadoras de Bajada del Agrio

Los turistas llegan con bidones y botellas para llevarse el agua.

POR FABIAN CARES / regionales@lmneuquen.com.ar

A 5 kilómetros del ingreso a Bajada del Agrio, antes del Monumento al Agricultor, se puede observar un espejo de agua de color negro. El lugar es conocido como Laguna del Agua Hedionda, por el olor que despide, y todos le adjudican propiedades curativas.

Si bien era conocida su existencia, las caminatas y cabalgatas de fe a la Virgen de Luján de Bajada del Agrio a partir de 1996 dejaron al descubierto el encanto de estas aguas que “hacen muy bien y curan varias dolencias”, como dicen los antiguos pobladores de los campos de este rincón neuquino.

Según los memoriosos del lugar, el agua proviene de una vertiente volcánica que era utilizada por los antiguos pobladores allá por la década del 30. Con los años, todo cambiaría. “Antes las aguas eran claras y era potable. Después vinieron los petroleros y pincharon muy cerca de aquí, y las aguas comenzaron a salir con más fuerza y cambiaron su olor y color, pero siguieron teniendo sus virtudes sanadoras”, dijo el campesino Matías Miranda. “Nací y me crié al pie de la vertiente donde manan estas aguas, en el puesto de doña Mercedes Lepian, mi bisabuela”, contó el hombre de 81 años.

Explicó que convivió con el conocimiento de que estas aguas traen alivio a muchas personas que portan algunas enfermedades, entre ellas dolores en los huesos. “Dicen que es muy buena para el estómago. Todos los que la van a buscar es para tomar”, señaló.

Aseguró que vio gente de Zapala llevarse bidones con el agua de la laguna. Actualmente, con el resurgir de la localidad a través del turismo y las fiestas populares, la historia de las aguas sanadoras va creciendo y la postal de gente cargando agua en distintos recipientes ya es habitual.

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