La historia de un logo que cambió para siempre a una ciudad

Sólo tres letras fueron suficientes para mejorar la imagen de una ciudad afectada por la pobreza y el crimen. Hoy, Nueva York es una de las más visitadas del mundo.

Se estima que Nueva York es hoy una de las diez ciudades más seguras del mundo. Cuna de la industria cultural, el arte y las finanzas en Estados Unidos, fetiche de los cineastas y meca del turismo mundial, la ciudad se convirtió en una marca registrada para el mundo. Y todo fue gracias a uno de los planes de marketing más exitosos de todos los tiempos.

En los años 70, Nueva York era muy diferente a la urbe de la actualidad. Aunque en los últimos años se registraron las tasas más bajas de homicidios desde los años 40, en las últimas décadas del siglo XX el panorama era muy desalentador. Azotada por el crimen, las adicciones y las pandillas, la Gran Manzana proyectaba una imagen lúgubre que no atraía a los viajeros del mundo.

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Con el incremento de los homicidios y los delitos violentos, las empresas afincadas en Mahattan optaron por trasladarse a otros estados con mayores márgenes de seguridad. Nadie quería visitar la isla y las autoridades resolvieron desarrollar una campaña para lavar la imagen neoyorquina y convertirla en un faro para el mundo.

En 1977, el departamento de Comercio de Nueva York contrató a la agencia de publicidad Wells Rich Greene para pensar en una estrategia de marketing que vendiera los mejores atributos de la ciudad. El puesto de diseñador lo ocupó Milton Gleaser, que ya tenía renombre en el mundo del diseño gráfico.

¿Quién era? Un ilustrador y diseñador nacido en Nueva York en 1929, formado en la Cooper Union Art School y en la Academia de Bellas Artes de Bolonia, en Italia. Gleaser no era ningún novato: se había ocupado de los rediseños de diarios de todo el mundo, como ABC, La Vanguardia, O Globo y Washington Post.

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En su curriculum podía ostentar uno de sus trabajos más logrados: el psicodélico poster de Bob Dylan del año 66 que vendió nada menos que 6 millones de copias y se convirtió en un sello de la cultura popular.

Cuando le encargaron este nuevo trabajo, Gleaser pensó de inmediato en el estado de Virginia. EN 1959, allí había desarrollado una campaña para promover el turismo, con el lema “Virginia is for lovers”, en la que la V fue remplazada por un corazón.

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Aunque en un principio decidió optar por un lema similar y sólo cambiar a Virginia por Nueva York, su perspectiva cambió durante un viaje en uno de los tantos taxis amarillos que pululan por la Gran Manzana. Todos conocían Nueva York, por lo que no era necesario decir tantas palabras. Así, podía reducir su expresión al mínimo y crear un logo simple y poderoso al mismo tiempo, uno fácil de reproducir a mano alzada y que pudiera desprenderse de sus autores para perdurar en el tiempo.

Tomó un lápiz rojo y un papel. Desde el asiento trasero del taxi salió una idea que cambiaría a la ciudad para siempre. “I <3 NY”, garabateó. Más tarde llegaría el diseño oficial, con un corazón rojo y las tres letras elegidas diseñadas en la tipografía American Typewriter.

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Así, Gleaser creó uno de los logos más falsificados del mundo. Uno que se imprime en millones de remeras, en gorras, imanes, llaveros y tazas que se convierten en souvenirs para algunos de los 13 millones de viajeros que cada año visitan esa gran ciudad.

Se suponía que la campaña neoyorquina duraría sólo dos meses. Sin embargo, el éxito fue tan rotundo que el logo se convirtió en una especie de marca registrada de la ciudad. Pronto se reprodujeron canciones, publicidades con estrellas de Broadway y un sinnúmero de estrategias que buscaban cambiar la cara de la urbanización.

Desde 1991, el delito comenzó a decaer, hasta que la ciudad llegó a convertirse en una de las más seguras del país y en uno de los destinos turísticos más populares del mundo occidental, después de Londres y París.

Aunque Gleaser parecía convertir en oro todo lo que se le cruzaba, le confesó a su mano derecha que la recepción del público era siempre impredecible. Era imposible determinar cuándo iban a rechazar una idea y cuándo iban a abrazarla y transformarla en una parte de su identidad.

Eso último ocurrió con el logo del corazón, un diseño simple pero efectivo, que se estampó en el interior de cada neoyorquino y de todos los ciudadanos del mundo que se enamoran de esa ciudad. Su diseño es una verdadera leyenda, a tal punto que aquel garabato del taxi, ese dibujo desprolijo de letras rojas, fue enmarcado y se conserva como un tesoro en el MoMA, uno de los museos más prestigiosos de Manhattan.

For decades New York City has remained a beacon of creativity and diversity. The artists of this city are the lifeblood of our community. We will forever ❤️ NY and recognize the memory and contributions of the late Milton Glaser.

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