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La incansable joven que recuperó la triste historia de su papá

Daniela Plaza. Logró encontrar a su familia paterna y se enteró de que su padre había muerto cuando ella era una nena.

Nunca conoció a su padre, salvo por lo poco que le había contado su mamá. Pero finalmente encontró una parte de la historia que le faltaba.

El libro La lágrima que derrite la nieve cuenta la triste historia de Daniela y Teodoro Plaza.

Mario Cippitelli

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Daniela siempre conoció la historia de su papá. Desde que era una nena, su madre le contó todo. O casi todo. Le dijo que ella lo había conocido cuando ambos eran adolescentes y que, aunque eran más amigos que novios, un día quedó embarazada. Le contó que su papá se llamaba Teodoro y que como era muy joven, no quiso hacerse cargo de su paternidad porque tenía que estudiar en la universidad. Eso fue lo que Daniela supo y toda la información que tuvo durante su infancia. Conforme o no, la nena aprendió a vivir sin aquel hombre que era su padre y al que nunca había conocido.

Ya de adolescente, Daniela comenzó a hacerse más preguntas sobre el tema. Y volvió a consultarle a su mamá. Quería saber más detalles de él y hasta pensaba que sería una buena oportunidad conocerlo personalmente. ¿Pero cómo buscarlo?

Con lo poco que tenía y gracias a la ayuda de internet, empezó a rastrear el nombre completo de su papá: Teodoro Plaza. Teo para sus amigos. Y después de mucho buscar encontró una dirección donde supuestamente vivía una persona con el mismo nombre.

El 24 de abril de 2009, con 19 años, Daniela fue hasta el edificio de departamentos donde vivía ese tal Teodoro. Lo hizo acompañada de su mejor amiga porque estaba muy ansiosa y nerviosa por saber si la persona que allí vivía era su padre. Aprovechando que la puerta de ingreso estaba abierta, las jóvenes llegaron hasta el piso en cuestión y golpearon la puerta del departamento. Un hombre mayor las atendió y Daniela supo que, por la edad, ese no era su papá.

“¿Usted tiene un hijo que se llama Teodoro Plaza?”, le preguntó. “Tenía… -dijo el hombre-, porque murió hace muchos años”.

Impactada por la noticia, Daniela supo que esa persona que la atendió y que se llamaba igual era el padre de Teodoro, es decir, su supuesto abuelo.

“Yo soy hija de Teo”, le contestó. El impacto esta vez lo recibió el hombre, ya que nunca se había enterado de que su hijo había sido padre.

La charla en el departamento fue intensa y Daniela escuchó atentamente los detalles de la trágica historia que había protagonizado su papá.

En 1994, Teo y nueve personas más realizaban un curso de hielo en el cerro Tronador, en Bariloche, cuando los sorprendió una avalancha. El alud de nieve empujó violentamente a los andinistas y tres de ellos, entre quienes se encontraba Teo, desaparecieron en una grieta profunda e interminable. Sus cuerpos nunca aparecieron.

Daniela aprovechó para contarle la historia de su vida. El noviazgo de su madre con Teo cuando eran dos adolescentes y la necesidad que ella tenía ahora de conocer detalles de la vida de su papá, por más que hubiera fallecido.

Un examen de ADN confirmó las sospechas que tenía Daniela y que la magia de los genes había anticipado, puesto que la joven es idéntica a su papá.

“Mi mamá nunca me había contado la historia, pero yo quería saber todo lo que estuviera vinculado a mi papá. Quería fotos de él, quería conocer a su familia, a sus amigos, conocer cómo era”, asegura Daniela.

Superada la noticia, la joven conoció a los hermanos de Teo (sus tíos) y también a su abuela, quien falleció dos años después y profundizó el vínculo con su “nueva” familia, la que nunca había conocido.

La triste historia impactó tanto al entorno de los Plaza, que María Isabel Fraire, una integrante del grupo Madres del Dolor, al que concurrían a modo de contención, decidió volcar todo el relato en el libro La lágrima que derritió la nieve, que será presentado en septiembre en la ciudad de Neuquén.

Daniela asegura que está muy feliz de haber encontrado a la familia de su papá, que es una parte de su historia que no tenía.

Hoy sigue recopilando fotos de Teo, que muestra con mucho orgullo. En la inmensa mayoría se lo ve al intrépido aventurero en un entorno de paisajes nevados, escalando montañas, acariciando nubes y descendiendo por paredes verticales de roca, la gran pasión que siempre tuvo.

Daniela lo siente presente. Como si aquel final triste nunca hubiese ocurrido. Como si el amor que hoy recibe y entrega fuera capaz de derretir cualquier barrera de hielo del pasado.

Mi mamá nunca me dijo que mi papá había muerto, aunque me habló mucho de él”. Daniela Plaza

Ya tiene el apellido Plaza en el DNI

Daniela está muy contenta porque desde hace una semana tiene el documento nacional de identidad con el apellido Plaza, un motivo de orgullo. Dice que tardó bastante después de haber iniciado el trámite, pero que finalmente llegó.

"Mi abuelo me dijo que estaba en todo mi derecho de usar el apellido de mi papá", dice la joven que está por cumplir 27 años.

Daniela tiene el título de técnica administrativa contable y en la actualidad trabaja en la Universidad Nacional del Comahue.

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