La ira no toma vacaciones

Algunos no bajan un cambio ni estando de vacaciones y se vuelven seres peligrosos e impredecibles.

Viajar hasta San Martín de los Andes para pasar unos días de vacaciones, de descanso, configura en nuestro imaginario la idea de desconectarse del estrés cotidiano y la violencia social a la que se sobrevive y se sobrelleva de manera diaria en el vértigo de la ciudad.

Imaginarse una escena tipo Relatos salvajes en medio del imponente paisaje cordillerano no parece estar dentro de las expectativas lógicas, pero bueno, la realidad supera a la ficción en cualquier parte del mundo y la cordillera neuquina no está exenta de ello.

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Un turista a bordo de su auto y con los esquís en el techo circulaba por pleno centro de San Martín y casi choca con otro vehículo. Teniendo en cuenta que la localidad es netamente turística, la escena fue a muy baja velocidad, por lo que se hicieron unas señas de elocuente enojo.

Todo parecía haber quedado ahí, pero al turista se le saltó la chaveta y comenzó a seguir al hombre, que vive en San Martín y que no le dio demasiada trascendencia al hecho.

Lo cierto es que el poblador se estacionó, fue al banco y luego a un comercio. En medio de los trámites y las compras, vio al turista que lo merodeaba, pero como no quiso problemas fingió no verlo.

Cuando el hombre llegó a su casa descubrió rayones por todo el vehículo, incluso tenía cinco circulos en el capot donde le había reventado la pintura con un destornillador.

El hecho lo denunció, pero se quedó preocupado porque si el turista reaccionó así estando de vacaciones, no imagina lo que debe ser en medio del vértigo de una ciudad. Locos hay en todos lados, pero estos son los más peligrosos porque en su estallido son totalmente impredecibles.

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