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La lucha de Luz y Fuerza, y la desaparición de Oscar Smith

El Buenos Aires Herald, en su editorial del 18 de octubre de 1976, decía: "El resultado de la  huelga de los trabajadores de Luz y Fuerza, será el que decida quién está gobernando el país..."

“El resultado de la huelga de los trabajadores de Luz y Fuerza, será el que decida quién está gobernando el país: las Fuerzas Armadas o los sindicatos peronistas. Un importante principio está en juego: ¿es el gobierno militar lo suficientemente fuerte como para imponer su voluntad al poderoso sindicato?”

El editorial de octubre de 1976 del Buenos Aires Herald (que se editaba en ingles) era revelador del pensamiento del establishment de la época. Luz y Fuerza fue y sigue siendo uno de los gremios mas poderosos de la Argentina. En esos años tenia 60 mil afiliados en todo el país, varios hoteles de turismo social, red de centros de salud, cooperativas de vivienda y consumo. Se suele decir “tienen el poder de bajar la palanca”, y dejar sin luz a una ciudad o el país entero. Su convenio colectivo mantiene condiciones de trabajo que no tienen otros sectores, y sus salarios siempre están muy por encima de la media.

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En los años de la dictadura de Onganía (66-73), Luz y Fuerza estaba dentro del grupo de los “participacionistas”, es decir, cercanos al gobierno militar. Esa cercanía de tipo corporativa, servía para acrecentar su poder y mantener la mejores condiciones para sus afiliados.

Por lo tanto, el choque de Luz y Fuerza con la dictadura de Videla-Massera en los primeros meses de su gobierno, no era un tema menor. Como bien lo describía el Buenos Aires Herald, ponía en juego todo el poder dictatorial. No era la guerrilla la que ponía en peligro el poder de los militares, era justamente el movimiento obrero organizado, y a través de un sindicato que no era de izquierda, sino que estaba dirigido por la lista Azul y Blanca de larga tradición peronista. Esto explica porque, finalmente Luz y Fuerza, pagó la afrenta con el secuestro y asesinato del principal dirigente del conflicto el “Gato” Oscar Smith.

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Una de las mejores investigaciones sobre el tema corresponde al libro “Oscar Smith. El sindicalismo peronista ante sus limites” de Mario Baizan y Silvia Mercado, del cual procede gran parte de la información de esta nota.

Oscar Smith había ingresado a SEGBA en 1958, se afilio al sindicato y participaba como un militante mas. En 1963 fue elegido delegado y luego fue escalando posiciones. En 1974 fue electo secretario general del Sindicato Capital, llevando de mano derecha a Oscar Lescano. Construyó una modesta casa en Villa Dominico donde vivió hasta el día que fue secuestrado. Quienes lo conocieron lo describen un hombre de gran inteligencia y simpatía, un luchador incansable que estaba en permanente contacto con sus bases. Un hombre humilde que le disgustaba rodearse de custodios o pesados, en momentos en que la “burocracia sindical” era blanco de ataques de la guerrilla.

264 despidos en SEGBA

La empresa estatal SEGBA, era quien brindaba el servicio eléctrico, en el área de lo que hoy es Edenor y Edesur. En los planes de Martinez de Hoz estaba la racionalización de empresas publicas, que incluía el despido de trabajadores. En el reparto interno del gobierno el área de empresas eléctricas, había quedado para la Marina, el interventor de SEGBA era el Contraalmirante Héctor Imposti.

Luz y Fuerza era uno de los gremios intervenidos por los militares. En una negociación con Liendo (Ministro de Trabajo), el gremio logró que la intervención de Luz y Fuerza, quedara a cargo del coronel de Ejército, Héctor Saumell, cercano al general Viola, catalogado como el sector blando de la dictadura, evitando así un interventor pedido por Massera.

Smith había vuelto a su puesto en el Centro de Cómputos de SEGBA un día después que se concretará la intervención. Todas las mañanas llegaba a las oficinas de Alsina al 600 a las 7 y cumplía horario hasta las 13.

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El lunes 4 de octubre, llegaron los telegramas de despido de 264 trabajadores, de la empresa SEGBA, entre los que se contaban todos los miembros de la conducción sindical, delegados y activistas, incluido Oscar Smith. Reunido el Consejo Directivo de Luz y Fuerza en clandestinidad resuelve convocar un paro con movilización para el día siguiente frente al local sindical en Defensa y Belgrano. Mas de mil trabajadores se movilizaron pacíficamente, ante un amenazante despliegue de la Policía Federal.

Los trabajadores iniciaron una mecánica de lucha de trabajo a reglamento, o trabajo a tristeza, es decir el incumplimiento de habituales ritmo laborales. A veces, irrumpían tropas militares en los sectores de trabajo, y a los gritos, intentaban acelerar las tareas. Los trabajadores no ofrecían resistencia, pero se movían con una lentitud que exasperaba a los oficiales al mando, hasta que se cansaban y se retiraban. En simultaneo, aparecían pequeños desperfectos en maquinas y lineas, que no se podía distinguir, si eran accidentes normales o sabotajes.

“Acá nos jugamos la vida, sobre todo nosotros, que somos la conducción. Tenemos que estar dispuestos a ir hasta el final. Porque para un sector del gobierno, es tan importante atropellar a los sindicatos cómo atacar a la subversión. Y el primer sindicato que está en la mira es el nuestro” dijo Smith en la reunión del Concejo Directivo.

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El viernes 8 de octubre fueron secuestrados tres trabajadores de Luz y Fuerza: Vicente Francisco Seijo, Oscar Mere y Óscar Polizzo. El sindicato reaccionó rápidamente y mas de diez mil trabajadores se concentraron frente a diferentes espacios de la empresa. A los dos días, aparecieron con marcas de golpes y torturas. Pudieron inferir que fueron detenidos por la Marina y que habían sido torturados en la ESMA.

El conflicto siguió con la misma mecánica de trabajo a tristeza. En simultáneo, los dirigentes mantenían negociaciones permanentes con distintos funcionarios del gobierno militar. Dentro del gobierno, Massera era quien se mostraba mas intransigente, porque ademas las empresas eléctricas pertenecían a su área de incumbencia.

El 25 de octubre volvieron a llover los telegramas de suspensiones. Esta vez fueron 500 sancionados, haciendo foco en quienes habían participado en las protestas y medidas de fuerza. Volvieron las asambleas, las volanteadas y los “accidentes” de instalaciones.

El comunicado Nº6 de la Junta Militar precisaba que: “los delincuentes subversivos tratarán de alterar la paz en el territorio nacional aprovechando el conflicto existente en la empresa SEGBA y extendido a todo Luz y Fuerza.” Quién conociera la vida interna del sindicato sabía que el comunicado militar faltaba la verdad. El conflicto era llevado adelante por los militantes y delegados de la Lista Azul y Blanca peronista, históricamente ligada al participaciónismo, antes que a cualquier posición contestataria.

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El 28 de octubre, La Opinión titulaba en tapa: “El Poder Ejecutivo prevé la movilización del personal de SEGBA e Italo.” “Fue dispuesta la vigilancia y protección de los servicios eléctricos y la detención de saboteadores y activistas.” “El gobierno nacional resolvió establecer la vigilancia y protección de los objetivos del servicio eléctrico, y prever la detención de todo trabajador de las empresas, o personas, que actúan en acción de activista instigador o saboteador, y someterlo a la justicia ordinaria. La medida fue adoptada a raíz de la reiteración de las medidas de fuerza en las empresas SEGBA y Compañía Italo Argentina de Electricidad. En la víspera tendió recrudecer el trabajo a desgano en las empresas eléctricas. Según Fuentes sindicales estás medidas son una respuesta a la vez decisión empresaria de suspender a casi 500 trabajadores de agua y energía.”

La agencia de noticias clandestinas ANCLA, de Rodolfo Walsh, el 23 de octubre incluyo un despacho sobre el conflicto de Luz y Fuerza. “Un cronista de esta agencia entrevistó a uno de los 264 despedidos de SEGBA se trata de un ex delegado de Luz y Fuerza que lleva trabajando en la compañía más de 15 años. El reportado prefirió dejar su nombre en anonimato.”

“Pregunta: ¿qué piensa sobre la resolución de este enfrentamiento?. Respuesta: Creo que somos los protagonistas, de uno de los primeros grandes desafíos al gobierno de facto, junto con los obreros mecánicos, los trabajadores de Luz y Fuerza, hemos salido a decirle este gobierno, que todo estos años de experiencia sindical combativa no han sido en vano, que a pesar de la terrible represión los trabajadores le estamos perdiendo el miedo a los militares. Nuestro camino no puede ser otro que la lucha. Quizás a Luz y Fuerza hoy lo puedan derrotar. Puede ser, pero ¿qué van a hacer mañana con los telefónicos, con los de Gas del Estado, con los petroleros, con los bancarios, con los metalúrgicos, con los mecánicos.? ¿O es que acaso piensan decir que somos todos los trabajadores terroristas y asesinos?

Durante todos estos meses los dirigentes de Luz y Fuerza vivían prácticamente semi-clandestinos, cambiando de sitios donde dormir todas las noches. El periodista Enrique Llamas de Madariaga, amigo de Smith, le conseguía alojamiento con gente del espectáculo, incluso Lidia Satragno “Pinky” alojó en su casa varias veces a Smith.

El conflicto siguió noviembre y diciembre. A fin de diciembre de 1976, Smith logró la libertad de 60 sindicalistas presos, entre ellos Adalberto Wimer, que había sido encarcelado el mismo 24 de marzo de 1976.

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Entre asambleas y negociaciones, siguió la discusión por reponer el convenio colectivo, que había sido derogado de facto. Finalmente con la intervención de Martinez de Hoz , a través del funcionario de Economía Tiburcio Padilla, el 8 de febrero se llego un principio de acuerdo entre el gobierno y el sindicato. Oscar Lescano anunció un cese de hostilidades, y el grupo directivo bajo la guardia, volviendo a dormir en sus domicilios habituales.

En la mañana del 11 de febrero cuando salía de su casa de Villa Dominico para viajar ese mediodía Mar del Plata a reencontrase con su esposa e hija, dos Ford Falcon con individuos jóvenes que vestían jeans y zapatillas, bloquearon el auto de Oscar Smith y lo bajaron a golpes de culatazos. El, junto a doce delegados de Luz y Fuerza, también secuestrados, no aparecieron nunca mas.

Todas las conjeturas llevan a la responsabilidad de los marinos de Massera, pero todavía hoy, no existen evidencias, del paso por alguno de los centros de detención clandestina de Smith.

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Días después, el gobierno desconoció el principio de acuerdo por el convenio colectivo. Aplicando los medios más brutales, la Junta Militar finalmente respondía la pregunta del Buenos Aires Herald : “El resultado de la huelga de los trabajadores de Luz y Fuerza, será lo que decida quién está gobernando el país: las Fuerzas Armadas o los sindicatos peronistas. Un importante principio está en juego: ¿es el gobierno militar lo suficientemente fuerte como para imponer su voluntad al poderoso sindicato?”

(*) El columnista es autor de “Salvados por Francisco” y “La Lealtad- Los Montoneros que se quedaron con Peron”

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