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La Mañana Inglaterra

La neuquina "récord" que busca conquistar el cielo de Inglaterra

A punto de competir en el Mundial Femenino de Vuelo a Vela, Paula Drazul reflexionó sobre las renuncias y escollos que afrontó al apostar por su pasión.

No es la primera vez -ni será la última- que Paula Drazul protagoniza el título de un medio de prensa. En 2020 fue celebrada en varios titulares, luego de que la Federación Argentina de Vuelo a Vela le reconocieron el “Récord Nacional” de altura, por su marca de 3.263 metros en Cutral Co.

Hoy, dos años y medio más tarde, esta cazadora y domadora de las corrientes térmicas sigue volando alto, más allá de cualquier dificultad.

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A punto de comenzar a medirse en el Mundial de Vuelo a Vela Femenino (11th FAI Women’s World Gliding Championship), la neuquina recordó los pasos que la llevaron a estar hoy representando a la Argentina y a las mujeres, nada menos que en territorio inglés. Una verdadero desafío cargado de épica.

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La suya es una historia de pasión, coraje y pura adrenalina en la que no faltaron los sabores amargos, los prejuicios, los esfuerzos, las decisiones dolorosas pero necesarias; la fuerza y la convicción de querer conquistar el cielo más allá de las excusas, los escollos y los mandatos que rodean la maternidad.

Instalada desde hace días en la localidad de Husbands Bosworth con su hijo de ocho años, Paula se concentra en familiarizarse con el planeador que le fue asignado y descifrar el cielo inglés, que ofrece una complejidad diferente a la que está habituada en Cutral Có (donde además de entrenarse y hacer vuelos recreativos, trabaja como instructora en el Club de Planeadores).

"Este Mundial se hace cada dos años. Somos casi 50 mujeres de doce países -la mayoría europeos-, repartidas en tres clases. De Argentina soy la única", dijo Paula - en diálogo con LMNeuquen - acostumbrada al vértigo de esa singularidad ligada a las cuestiones de género.

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"Ahora estamos en los días de práctica y el domingo arranca la competencia. Son catorce días corridos. Todos los días corremos carreras. Según la meteorología, haremos 200, 300 o 500 kilómetros. La que logre hacer esa cantidad de kilómetros más rápido, obtiene el mayor puntaje. La clave es subir por las mejores términas y planear por los lugares donde hay menos descenso", explicó, al tiempo que agregó que la ganadora se define a partir del la suma de los resultados diarios.

"Yo estoy me estoy adaptando al planeador y a la zona. Es bastante complicado volar acá porque hay mucha actividad en el aire, muchas reglas que seguir; así que vamos a hacer lo mejor que podamos", esgrimió, antes de mencionar la desventaja que -de entrada- tiene al pertenecer a un país con la economía desbarajustada y una moneda depreciada.

"En general los planeadores se alquilan, pero por como está todo hoy en Argentina apliqué para que me presten uno y bueno, los que te dan no son de lo mejor. Así que no me puedo equivocar tanto como mis competidoras. Tengo que tomar decisiones acertadas para quedar bien posicionada", postuló sin perder la confianza en si misma y con el respaldo de contar con otras experiencias a nivel internacional: el mundial de República Checa en 2017, tres pre mundiales y un Panamericano en Canadá.

"En Argentina estamos muy lejos de lo que sucede en Europa. Los integrantes del equipo francés vuelan, trabajan de eso y no precisan ganarse la vida de otra manera como nosotros. Para nosotros es un logro ya poder poner el pie en el campeonato. Tenemos que trabajar muchísimo para eso. Tenemos que conseguir absolutamente todo y es muy costoso. Yo para venir para acá, pedí por todos lados pero no tuve más ayuda que la de unos amigos", comentó.

Atreverse a seguir los pálpitos

Tras años de estudio para lograr su título en ingeniería mecánica, Paula puso en juego todo ese esfuerzo y un futuro promisorio en el mundo del petróleo, después de que su primera travesía en planeador le volara la cabeza.

"Yo empecé de casualidad. Siempre me gustaron los aviones y hasta quise hacer la carrera de piloto comercial, pero nunca tuve la posibilidad de concretarlo. Y cuando terminé de cursar ingeniería, un tío me invitó a hacer un vuelo a vela. Me llevó y quedé enamorada de la actividad. Al fin de semana siguiente me presenté para hacer el curso en el aeropuerto de Neuquén. No lo pensé dos veces", remató, dando muestra de su personalidad intrépida que no da lugar a las vueltas ni a las dudas.

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"Lo que me gustó de planear es que es volar pero con las condiciones que tenés: lo que te permita el día, tus posibilidades y la máquina que tenés. Por más que hagas cien o mil kilómetros, siempre te bajás asombrada de todo lo que hiciste con nada: con solo estar en el aire y tu habilidad", dijo, con un entusiasmo contagioso. "Ese es el secreto que tiene el vuelo a vela y el por qué tenemos que habituarnos a cada lugar para saber cómo se comportan las térmicas. Por lo general tenemos ciertas orientaciones teóricas para poder encontrarlas: atrás de un monte; si volamos sobre colinas, del lado que más da el sol. En una zona rocosa, sobre las rocas y así. Hay un montón de información que ayuda a tomar decisiones durante el vuelo", precisó compartiendo expertise en la materia.

Volviendo a sus inicios, Paula relató: "Yo en ese momento estaba haciendo una pasantía por la que me pagaban 400 pesos". "Yo tenía un alquiler de 200 pesos, cada vuelo me salía 25 pesos, así que me quedaban 200 pesos para volar", indicó con precisión y entre risas, al recordar los valores que se manejaban en el 2001.

De las clases pasó empezar a empaparse sobre el tema comprando revistas especializadas y animándose a incursionar en el universo de la competición. Eso la llevó a tomar la decisión de dejar su trabajo en la industria del petroleo.

"Hace como unos trece años abrí dos negocios de ropa interior - Lencería Patagonia - para tener la libertad y el tiempo para volar. No fue fácil tomar la decisión porque cuando tenés una carrera tenés - entre comillas - asegurado el futuro. Igualmente fue acertado porque cinco años después tuve a mi hijo y el tiempo para criarlo", sostuvo satisfecha.

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"Al día de hoy solamente paré para tener a mi hijito que ahora me está acompañando acá", dijo en alusión a Ciro, una ternurita que cada tanto lanzaba una ocurrente acotación del otro lado del teléfono.

La pregunta de cajón - ¿cómo hace con un niño para competir en un mundial en otro país? - la llevó a reflexionar sobre lo intrincado que se hace el camino para que las mujeres pueda llevar adelante - por caso - este tipo de actividad, en comparación con los hombres.

"Así como nos las rebuscamos los argentinos, tengo un amigo que es alemán y le pedí que fuera mi capitán, porque lo necesitás para participar del campeonato. Así que vino con su hijita y cuida de Ciro mientras yo vuelo", contó para luego reconocer: "La maternidad es muy difícil volando porque tenés un bebé o un niño que depende de vos y es muy dificil saltar la barrera de decir 'me quedo criándolo sin hacer esto hasta que sea mayor'. Muchas mujeres no la pueden pasar. Por lo general cuando te convertís en mamá, dejás de volar", lamentó. "Sin embargo, podés ver muchos papás, con tres o cuatro hijos, volando lo más bien", planteó.

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No obstante, Paula es partidaria de seguir luchando para que - con el tiempo - el panorama cambie. "Hoy soy la única mujer acá, pero estamos trabajando para que haya muchas mujeres volando. Hay que promocionar más para que las chicas se animen a hacerlo", expresó, antes de afilar el lápiz y enumerar de una serie de datos que dan cuenta de la brecha. "En el país somos 150 instructores, de los cuales tres somos mujeres. Nada más. Hay 1.300 pilotos, de los cuales, 80 son mujeres. Y de esas 80, solo una está representando al país", detalló.

"Por más que estamos en una nueva era, es muy difícil para la mujer poder salirse de las estructuras. Empezando con que a una mujer se le ocurra ir a un club a volar, pasando por la instrucción con hombres y sobrevivir", lanzó entre risas. "Es un ámbito muy machista. Conmigo siempre han sido muy buenos en general, pero también han llegado a decirme que el cerebro de la mujer es más lento y que tarda un segundo más en responder. Una persona también me dijo 'yo con vos no vuelo, espero al instructor'. Hay de todo igual, pero eso existe", agregó.

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Más allá de eso, Paula está agradecida de quienes fueron parte de su crecimiento; de haber tenido la claridad de tomar las decisiones correctas y de estar - por encima de cualquier obstáculo - viviendo su sueño y volando alto.

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