La ONU exigió más obras para resistir los desastres naturales

"Hablamos de emergencia climática y de crisis. Si no podemos abordar el tema, no sobreviviremos", aseguró el secretario general Mami Mizutori.

Las catástrofes naturales que aparecen por los medios causan conmoción internacional debido a los daños que producen. Así como se observan por la televisión, hay muchísimos más que no son transmitidos y de igual manera dejan severas consecuencias. Según advirtió la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sucede un desastre natural por semana, por lo que exigió, urgentemente, realizar las obras necesarias para preparar a los países en desarrollo.

Es muy probable que una persona no tenga conocimiento sobre los ciclones Idai y Kenneth que sacudieron a Mozambique, ni tampoco de la sequía que aqueja a India, pero un gran número de “acontecimientos de menor impacto” que causan muertes, desplazamientos y sufrimiento ocurren a menudo y mucho más rápido de lo pronosticado. “Adaptarse a la crisis climática ya no puede verse como un problema a largo plazo, sino como uno que necesita inversiones ya mismo”, aseguró Mami Mizutori, representante especial del secretario general de la ONU para la reducción del riesgo de desastres.

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Según los cálculos del organismo internacional, el costo de los desastres relacionados con el clima llega a 520.000 millones de dólares anuales, mientras que el costo adicional de construir infraestructura que sea resistente a los efectos del calentamiento global es de, aproximadamente, el 3%. “No es mucho dinero pero los inversores no han hecho lo suficiente. Hay que normalizar los estándares de la infraestructura nueva, como las viviendas, las redes viales y ferroviarias, las fábricas y las redes de energía y agua corriente, de modo que sean menos vulnerables a los efectos de las inundaciones, las sequías, las tormentas y los fenómenos meteorológicos extremos”, pidió Mizutori.

Hasta ahora, la mayor parte del trabajo relacionado con la crisis climática se centró en la mitigación, es decir, en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. La cuestión de la adaptación a sus efectos quedó en un segundo plano, en parte porque a los activistas y los científicos durante años les preocupó que la gente adoptara una actitud de complacencia pensando en que no era necesario reducir las emisiones si en cambio podíamos adaptarnos a los efectos, y también porque, si bien reducir las emisiones podía medirse claramente, la cuestión de adaptarse o aumentar la resiliencia era más difícil de dimensionar.

Por último, el representante internacional señaló que ya se agotó el tiempo para este tipo de discusiones: “Hablamos de emergencia climática y de crisis climática pero si no podemos abordar el tema de la adaptación a los efectos, no sobreviviremos. Tenemos que estudiar los riesgos de no invertir en resiliencia”.

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