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"La pandemia permite que las madres se recuperen como mujeres"

La psicóloga Patricia Rodríguez analiza el transitar de las madres en este tiempo de cuarentena entre el equilibrio de las emociones, el teletrabajo y el cuidado de los hijos.

“En el imaginario popular está la madre omnipresente, que está en todo y todo lo puede, como si eso la convirtiera en mejor madre; y ahí está el error”, sostiene la psicóloga y psicoanalista Patricia Rodríguez.

En diálogo con LM Neuquén, analizó el rol de contención emocional con los otros miembros de la familia, las situaciones cotidianas que obligó la pandemia como el trabajo en la casa, la educación y el cuidado compartido de los hijos y la atención en las medidas de prevención.

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¿Cuál ha sido el impacto emocional y en la salud mental de las madres que provocó esta nueva realidad en el contexto de pandemia?

Esta pandemia nos sacudió a todos, cambió la realidad, la representación que teníamos de ella. Y eso nos dejó desorientados. Como si de pronto nos hubieran sacado las marcas del sentido de las calles, los señalamientos, y quedamos desorientados. Lo cotidiano ya no lo es y esta nueva realidad aparece como traumática, sorpresiva, desorganizadora, porque las certidumbres con que contábamos ya no están. El lugar de las madres en esta pandemia no está exento. El trabajo en la casa, las clases virtuales de los hijos, el encierro obligado han generado malestar, un malestar que escuchamos en las consultas.

Las madres y las familias en esta “vuelta” a la casa también se encuentran afectadas. El trabajo en la casa de muchas, la tarea de los chicos, el encierro obligatorio facilitan el desdibujamiento de los límites y discriminaciones, tan importantes para la singularidad de cada uno.

Un festejo con afecto y comunicación. La psicóloga recomendó a aquellas personas que no puedan celebrar junto a su madre, por las medidas que no permiten las reuniones, “hablarles mucho porque la palabra contiene y eso en este tiempo es muy importante”.

El rol de las madres en esta pandemia se ha vuelto más intenso, entre otras cosas, por el trabajo en la casa, las clases virtuales de los hijos y el encierro obligado.

Lo que se trata es de poder encontrar de qué manera sostener espacios propios. Volver a instalar o sostener algunos señalamientos, marcas, reglas que orienten, ordenen, sostengan propios y compartidos, privados y familiares, singulares y colectivos. No es fácil porque habitualmente, antes de esta situación que vivimos, se entraba y se salía de la casa, se iba y se volvía al trabajo, los chicos iban y venían de la escuela. Esta alternancia era sostenida o ayudada a instalar ritmos y espacios diferenciados para cada uno. Lograr cierto marco de diferenciación de espacios y tiempos, momentos y alternancias es necesario para toda la familia. Ser toda mamá es agotador y no deja lugar para vivencias satisfactorias. La madre, que es mujer, trabaja, es pareja, compañera, etcétera, y esto es difícil de sostener, pero es necesario.

Hay que poder marcar algo de esta alternancia, estos acotamientos, recuperarse como mujer porque estar todo el día en piyama en la casa no es bueno para nadie y mucho menos para las mujeres. Hay pacientes que afirman pasar todo el día en piyama, perderse en los horarios del día, afirmar que todos los niños y jóvenes duermen de día y se levantan por la tarde.

—Algunos especialistas advierten que en este contexto era importante que las madres no pretendieran un nivel de perfección que cubra todo.

En el imaginario popular está la madre que todo lo puede, como si eso la convirtiera en mejor madre. Es un error. Porque no lo puede todo, nadie lo puede, y porque es madre, y mujer, trabaja, le interesan algunas cosas, desea otras, y eso es bueno: hay espacio para el deseo propio y ajeno.

La madre no es la docente y me parece que estamos exigidos psíquicamente por esto que pasa que realmente es algo desorganizador. Me parece que sumar exigencias de tipo escolares tiene que ver con tapar la angustia. Madre toda no se puede, no se debe y no es bueno. Se es madre, se es mujer, se es hermana. Los momentos de cada una son importantes sostenerlos dentro de la familia, sostener el tiempo y el espacio dentro de la familia. En este confinamiento que tenemos actualmente, tratar de separar algo del sujeto individual y singular es beneficioso para las madres, pero también para los hijos y para la pareja.

¿Qué es ser una buena madre?

Una madre suficientemente buena, dijo el psicoanalista inglés Donald Winnicott. Se refería a cómo una madre se va retirando paulatinamente para permitir el desarrollo de la subjetividad de su hijo.

Creo que hay que alejarse de los ideales que siempre son mortificantes. Cada cual tiene que buscar su estilo, cada mujer es madre a su manera de acuerdo con su deseo, en el mejor de los casos. No hay un modelo. No sirven los modelos, siempre mortifican al sujeto y nunca se los puede alcanzar. Poder acotar ciertas presiones, de eficiencia laboral, de asistencia escolar es importante.

¿Qué recomendaría a aquellas personas que no pueden celebrar junto a su madre por las restricciones por la pandemia?

Extrañamos el contacto físico, los besos, los abrazos, los saludos, el estar reunidos, reírnos juntos. Pero la palabra consuela, significa e interpreta. La palabra hace marco a esta pandemia inconmensurable, mitiga la angustia. Hablar contiene y mucho en este tiempo.

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