La pasión por cantar de nuevo "jaque al rey"

Después de 20 años, el ajedrecista Tato Navarro volvió a dar clases.

POR ANA LAURA CALDuCCI - calduccia@lmneuquen.com.ar

Raúl Navarro, más conocido como Tato, fue el primer ajedrecista neuquino en llevar el juego a los barrios. Formó a cientos de chicos, arbitró en campeonatos mundiales junto a gigantes como Garri Kasparov y hasta logró que se sancione una ley de fomento a este deporte. En 1999, cansado de remar contra la corriente, pateó el tablero y abandonó todo. Hoy, 20 años después, se entusiasmó con un proyecto comunitario y volvió a su primer amor con una escuelita que tiene un nombre más que elocuente: Jaque al Rey.

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Tato está convencido de que no hay celular ni pantalla 3D que les ganen en atractivo a las casillas negras y blancas en las que dos soberanos se juegan la vida. “Las competencias juveniles no han decaído y creo que tiene que ver con la creatividad, porque el ajedrez es más que nada imaginación”, afirmó.

Recordó que, en la década del 80, cuando enseñaba en los barrios neuquinos, “no hacía falta tablero, porque las columnas tienen letras y las filas números, así que podíamos jugar conversando y moviendo las piezas en nuestras cabezas; es lo lindo que tiene este deporte”.

Tato empezó a jugar a los 14 años en el club Unión Alem Progresista de Allen. Ahí se sumó a un grupo de curas tercermundistas y se fue a enseñar ajedrez en comunidades rurales del sur rionegrino.

En 1982, con 24 años, se vino a Neuquén con el tablero bajo el brazo y un sueño que aún busca cumplir: que haya instructores en cada colegio y cada club, como sucede con cualquier otro deporte.

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Apenas cruzó el puente, Tato se convirtió en el embajador del ajedrez en la ciudad. “Empecé con talleres comunitarios y me tocó dar clases en todas las comisiones vecinales, eran grupos de 50 hasta 300 chicos; por ahí teníamos más alumnos que básquet o fútbol, pero no nos tenían en cuenta”, relató.

En paralelo con las clases, impulsó la sanción de leyes y ordenanzas de fomento del ajedrez, que después no se cumplieron (ver aparte). También formó a otros instructores en cárceles y hogares, dirigió la federación provincial y llegó a ser árbitro internacional en cuatro torneos mundiales.

Tato Navarro arbitró a gigantes del mundo, como al ruso Garri Kasparov. Se retiró en 1999, cansado de la indiferencia, y ahora pide revancha.

Contó que le tocó arbitrar a jugadores legendarios “como Kasparov, Judit Polgar, Anatoli Kárpov, Viswanathan Anand y también el mundial juvenil donde salió campeón el argentino Pablo Zarnicki”.

Patear el tablero

Después de pasar la mitad de su vida bregando por este deporte, un día dijo basta. “Di clases en Villa El Chocón en 1999 y fue lo último. Me cansé porque todo era no y no, así que regalé los libros y todo lo demás y no volví a jugar por 20 años”, indicó.

Hace unas semanas, unos conocidos lo llamaron para invitarlo a terminar la tarea que dejó pendiente con el cambio de siglo. Le ofrecieron dar clases con la fundación Carashe, en un salón de la calle Basavilbaso, como puntapié para retomar el trabajo barrial. No les costó demasiado convencerlo.

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Para Tato, esta vuelta al deporte que lo apasiona es una revancha. “Significa un apoyo para volver a intentar mi viejo proyecto, una oportunidad para retomar de a poco, que hay que ver cómo progresa”, sostuvo.

Con 58 años, remar cuesta arriba otra vez es una jugada audaz, quizás por eso la escuelita se llama Jaque al Rey. Pero la partida aún no termina, puede que sea el momento de tumbar la última pieza del lado opuesto y hacer realidad su sueño.

--> Un pionero en el periodismo ajedrecista

En la Neuquén de los 90, cuando la ciudad estaba en plena ebullición, Tato Navarro era sinónimo de ajedrez. Entre los innumerables proyectos que impulsó, fue pionero en el periodismo especializado en este deporte.

Participó con una columna en el diario La Mañana del Sur y hasta pagó de su bolsillo un espacio radial que salía de lunes a viernes en la estación Ultravox. “Estuvimos cuatro años con media hora por día; pasábamos rock nacional y hablábamos de nuestras actividades”, relató.

Agregó que con el diario fue “una especie de corresponsal del ajedrez”. “Me decían que fulano estaba en Buenos Aires, llamaba a la federación argentina y ellos nos decían dónde ubicarlo”, comentó.

Contó que un día consiguió una entrevista telefónica con Artur Yusupov, quien por entonces era el tercer jugador más importante del mundo. “Solo hablaba en inglés, así que estuvimos como locos dando vueltas hasta encontrar alguien que supiera el idioma”, recordó.

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