La pasión por el riesgo de salvar vidas

Sandra Saso. Tiene 28 años y es bombera de la Policía de la provincia. El año pasado se convirtió en la primera mujer buzo de rescate de Neuquén.

Estudió la carrera de Seguridad e Higiene y hace cuatro años se colocó por primera vez el traje y el casco.

Actuó en el derrumbe de la Cooperativa Obrera, hecho que le causó un fuerte impacto. Allí tuvo que "marcar los cuerpos".

NEUQUÉN
A los 24 años, su oficio de bombera llegó por casualidad. No fue una elección, sino un destino que se le asignó a los tres meses de recibir su diploma de policía. No lo esperaba y tampoco sabía que podía suceder cuando decidió seguir los pasos de su papá, también integrante de la fuerza policial.

Después comprendió que su futuro estaba en el cuartel central de Bomberos de la calle Libertad 50 de esta ciudad. Fue cuando comenzó a trabajar, y muchas cosas que había estudiado en la carrera de Seguridad e Higiene se aplicaban a su tarea diaria.

Su hablar pausado y una tranquilidad que sorprende no parecen indicar que detrás de esa imagen de cautela hay una mujer que se sube a la autobomba cada vez que el timbre llama, que es la única buzo de rescate mujer en toda la provincia, y que en el verano es la encargada de conducir un semirrígido y patrullar las aguas del Limay custodiando a los bañistas y palistas.

No la asusta su tarea aunque el riesgo está latente muchas veces. Sabe que su trabajo es solidario: "Donde vas, la gente siempre está agradecida por más que hayan perdido todo. Esa es la satisfacción que tenemos", cuenta la mujer mientras se dispone para las fotos.

En su memoria tiene algunos recuerdos que la movilizan. Hace tres años, cuando estaba por terminar su turno, el timbre sonó y junto a sus compañeros de cuartel tuvieron que salir de urgencia.
Se prepararon en segundos y subieron a la autobomba. Cuando llegaron se encontraron con una imagen inesperada: el derrumbe de la Cooperativa Obrera.

Primero apuntalaron para evitar más derrumbes y luego comenzó el trabajo. "Nunca había pasado por eso. Fue lo que más me impactó. Mi función cuando llegué fue marcar los cuerpos. Después me asignaron estar a cargo de los combustibles, para que funcionen las herramientas", recuerda Sandra con tristeza, quien también estuvo sacando escombros del lugar.

También estuvo presente la noche del 7 de abril, cuando la ciudad sufrió una de las peores inundaciones de su historia. "No paramos un segundo", menciona, y cuenta que al día siguiente tuvo franco y al volver, la jornada siguiente fue intensa: "Se empezaron a caer los árboles y nos llamaban. Ese día hubo como 300 llamados".

Muchas veces cuando se piensa en el trabajo de un bombero, se asocia rápidamente a los incendios, pero Sandra aclara que su tarea es mucho más que eso. "Rescaté gatos en las alturas, perros atrapados y niños atascados en juegos de plazas", describe. También estuvo en muchos accidentes de autos cortando hierros para rescatar personas.

Donde vas, la gente siempre está agradecida por más que hayan perdido todo en un incendio. Esa es nuestra satisfacción".

Su osadía la llevó a perfeccionarse y por eso decidió incursionar en un curso de buzo de rescate.

"Era algo distinto y quise hacerlo", cuenta la joven, quien vive con sus padres y sus hermanos, y todos los días llega al cuartel desde Vista Alegre Norte para cumplir con sus funciones.

Desde octubre del año pasado se convirtió en la primera buzo de rescate mujer de la provincia, y desde entonces se sumerge en las aguas frías de los ríos y lagos neuquinos en búsqueda de personas que desaparecieron. "Acá siempre me dijeron que no tenés que saber tanto de la persona", comenta.

Para convertirse en buzo tuvo que practicar y superar el miedo de encontrarse con un cuerpo en medio del agua.

El último verano, cuando se enteraron de la desaparición de un catamarqueño en el río Neuquén, fueron hasta el lugar y el río estaba turbio por las fuertes lluvias. Era la primera vez que buceaba sin ver nada, las manos eran sus ojos. Tocaba arena, piedras y tenía terror de encontrar el cuerpo del hombre, que finalmente apareció a 2 kilómetros del lugar donde lo habían visto por última vez.

Sandra considera que aún tiene mucho trabajo por delante, pero mientras tanto seguirá arriba de la autobomba ante cada llamada de auxilio.

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