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La peligrosa rutina de ser piloto de un avión hidrante

Lorenzo Greco es uno de los de pilotos de los aviones hidrantes que trabajan en el incendio de Quillén. Cuenta a LMN su día a día desde que se desató el fuego.

Lorenzo Greco vive en estado de alerta. Es consciente que pudo haber sido una de las dos víctimas que fallecieron este miércoles en Quillén, pero continúa. Dialoga con LM Neuquén al lado de su aeronave, listo para cumplir con el oficio con el que “nació”: piloto de aviones hidrantes.

“Para hacer estas cosas uno nace con estas tripas, con estas ganas. No es un trabajo común o para cualquier persona”, aseguró, al aclarar que son días de luto los que se viven. Más allá del dolor por la pérdida de un colega, ya que “las emergencias siempre suceden”, está en la pista del Aeropuerto de Chapelco a la espera de que el teléfono suene y les indiquen las instrucciones.

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Es que Lorenzo trabaja en un mundo al revés. Los incendios los observa desde arriba y las emergencias son parte de su rutina. Es un nómade, y su objetivo es salvar bosques y vida. Este verano, la empresa cordobesa de aviones privados para la que trabaja lo mandó a trabajar a la Patagonia en la temporada más calurosa del año.

Se instaló desde fines de noviembre de este año en San Martín de los Andes. Allí, hasta marzo del 2022, está listo para volar y apagar incendios. “El año pasado también me tocó en el sur y trabajé en el incendio de Cuesta de Ternero”, aseguró, en un oficio poco reconocido, que las tragedias y los grandes incendios lo revaloriza.

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Apagar el incendio de Quillén desde arriba, la rutina de Lorenzo.

Apagar el incendio de Quillén desde arriba, la rutina de Lorenzo.

De la guardia a la emergencia

Lorenzo es empleado de una empresa privada. Su labor es por temporada y si no hay emergencias, tiene que hacer guardia. “Si no hay ningún incendio, desde las 12 a las 20 estoy en el aeropuerto con el avión listo para recibir órdenes”, aseguró a LMN.

Hace más de diez días, esa rutina cambió. Desde que se inició el incendio en Quillén, su jornada laboral comienza a las 6 de la mañana y finaliza cuando el sol cae, entre las 7 y 8 de la noche. Durante esas horas, hace constantemente viajes entre el Aeropuerto de Chapelco y la zona del fuego que le marquen.

Puede hacer cuatro viajes por hora, en las que la rutina se repite: despega, descarga los 3 mil litros de agua que su aeronave le permite por el peso, retorna para volver a cargar y vuelve a la zona de los incendios a tirar . Todo el tiempo, hasta que se agote el combustible, que esa parada técnica lleva varios minutos. “Ahí tenemos que llenar el tanque y esperar que se enfríe todo el equipo por una cuestión técnica”, agregó.

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Rutina. La aeronave con la que intenta apagar el incendio de Quillén.

Rutina. La aeronave con la que intenta apagar el incendio de Quillén.

En este incendio en particular, el aeropuerto que utiliza de cabecera es el de San Martín de los Andes por cercanía. Dentro de la pista, hay un equipo de bomberos especializados que tienen el agua lista para llenar el avión hidrante y así disminuir el tiempo entre la carga y la descarga.

Además, el lugar en donde caerá el agua es diagramado por el jefe de operaciones que buscará llevar adelante la estrategia. “Si la cabeza del incendio no es muy grande, hacés línea e intentas que el fuego no avance. Cuando el foco es chico, le tirás a la llama. Y si es grande, ni le tirás a la cabeza porque no le hace ni cosquillas”, aseguró.

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La rutina de Lorenzo, que consiste en apagar el incendio de Quillén.

La rutina de Lorenzo, que consiste en apagar el incendio de Quillén.

En referencia a lo que se vive en Quillén, comentó que este incendio fue de “gran magnitud” y desde el aire se veían grandes columnas de humo que complicaron la labor desde el aire. “Siempre es importante esquivarlas o si te metés en una, lo importante es saber cómo salir. Es decir, salir del humo sin chocarte contra un árbol o algún monte”, expuso. Además, si no se organiza bien el equipo, es muy factible que haya “colisiones entre medios aéreos".

Las complicaciones de la labor

Más allá de poner en riesgo la vida, Lorenzo está convencido de que nació para eso. Desde la pasión de su oficio aseguró que es “complicada la vida del piloto hidrante”. “Nos alejamos de nuestra familia durante largos períodos de tiempo, aunque siempre intentamos estar en zonas cerca de casa”, aseguró.

Arriba del avión, los avances tecnológicos le permitieron tener seguridad y comodidades. “Cuando estoy arriba del incendio, no siento calor. Tengo el aire acondicionado y los radares alerta. Eso nos da tranquilidad”, describió.

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Cuando ya no pueden seguir operando por las condiciones climáticas o del incendio, Lorenzo utiliza la lectura para bajar la tensión del trabajo y el estrés luego de sobrevolar áreas tan peligrosas. “Pero cuando son días difíciles y uno está lejos de su familia, todo malestar se agudiza”, expuso.

Este miércoles todos los brigadistas y trabajadores que intentan contener el incendio de Aluminé estuvieron de luto. “Obviamente consternados por lo que pasó, pero listos para seguir trabajando. Suena frío o lo parece, pero estamos en estado de emergencia y alerta, y si me decían que vuelva a salir, lo iba a hacer”, planteó.

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La rutina por intentar apagar el fuego que terminó en tragedia. Quillén.

La rutina por intentar apagar el fuego que terminó en tragedia. Quillén.

La noticia del accidente, que luego se confirmó en la muerte de dos personas, se enteró en la pista a punto de salir para el incendio. “Antes de despegar, me cambiaron la directiva y fui a cuidar la zona para que el fuego no ingresara al lugar en donde habían caído el helicóptero”, recordó.

Lorenzo cree que será un año complicado en toda la Patagonia. “Los pronósticos lo dicen, va a ser un período complicado. No hay humedad y las tormentas son eléctricas y no de agua, y eso dificulta aún más todo”, dijo, al aclarar que él seguirá firme, en estado de alerta, esperando que el teléfono suene y cumplir con el oficio con el que nació.

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