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La Mañana taller

La pintura la salvó y remodeló su casa para abrir su taller en plena pandemia

Con el afán de transmitir la pasión por el arte, su refugio en los momentos más duros, Marcela Pérez se animó a cumplir el sueño de dar clases a los neuquinos.

Si bien el confinamiento y las restricciones por la pandemia de coronavirus la pusieron en jaque, al igual que a muchísimas personas que se vieron obligadas a replantear varios aspectos de sus vidas, Marcela Pérez pudo encontrar en esa circunstancia la oportunidad de animarse a hacer realidad el anhelo de dar clases de pintura artística, proyecto que desde hacía tiempo giraba en su cabeza, pero que venía pateando "para más adelante". Sin embargo, el parate que implicó la primera etapa de la cuarentena, le hizo ver que ese futuro ya había llegado.

"Hace 28 años que pinto, siempre lo hice como un hobby. Fui a muchos talleres donde aprendí diferentes técnicas porque soy muy curiosa. Me gusta mucho la decoración. Y siempre tuve la idea de poner mi espacio para enseñar, pero por una cuestión de rutina, la escuela y las actividades de mis hijos, no se daba la posibilidad. El año pasado empecé a hacer muchos cursos online porque tenía más tiempo y ahí surgió la idea de acondicionar un espacio que tengo en casa para hacer el taller", contó Marcela, en diálogo con LMNeuquén, sobre el emprendimiento que inauguró en marzo en el barrio Canal V, tras refaccionar el galpón donde guardaba las herramientas su marido.

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"Literalmente lo desalojé", sentenció con humor la flamante profesora. "Y ahí empezó el reciclado del lugar. Desde hacer un baño, hasta colocar el piso, mudar todas mis cosas, los cuadros. Fue una movida importante. El que lo ve ahora no puede creer lo divino que quedó", dijo con orgullo.

Marcela Perez- Pinta y da talleres (3).JPG

"El taller es libre. Cada uno viene y elige hacer lo que quiera: pintura decorativa, hacer un cuadro, reciclar objetos o muebles, hacer algo implementando alguna técnica decoupage, pátinas, molduras. Por el tema de los protocolos sanitarios tengo grupos pequeños por la tarde. Yo voy tranqui, no estoy desesperada", explicó.

"Hasta ahora, las que vinieron son todas mujeres, de diferentes edades. Algunas me dicen que vienen porque quieren aprender de cero. Una señora que empezó hace poco me dijo que nunca había agarrado un pincel y se fue feliz porque pudo hacer unas florcitas. Me decía: 'nunca pensé que podía hacer esto, no creí que me fuera a salir'. Poder transmitir eso de 'vos también lo podés hacer' es gratificante y verlas a ellas contentas con lo que hicieron, también. Muchas me dicen que el taller les hace bien a la cabeza", aseguró.

"La pintura es mágica. En el momento en que estás pintando te olvidás de todos los problemas que tenés. Yo siempre les digo que es hermoso el proceso: desde elegir el trabajo que vas a hacer hasta salir a comprar algún material que precises y se te abre un mundo infinito. El arte sana, te pone en tu eje", subrayó Marcela quien, hace más de 17 años encontró en el pincel un aliado para afrontar el capítulo más doloroso de su vida: la pérdida de Rocío, su hija mayor.

La pequeña tenía solo 5 años cuando el destino se la arrebató en un accidente. En medio de la tragedia, Marcela decidió cerrar la ferretería que atendía para dedicarse de lleno a la crianza de Karin, su segundo hijo, que en ese entonces tenía seis meses, y más tarde disfrutar a pleno de la llegada de Zahira.

Marcela Perez- Pinta y da talleres (5).JPG

"Fue muy difícil, fue un hachazo. Es una mochila que te acompaña toda la vida y vos elegís cómo llevarla. A mi el arte me salvó, me ayudó a transitar ese momento de otra manera. Ese momento es para vos, vos estás conectada con la pintura, pensás solamente en eso, es terapéutico", postuló. "Además, ir a talleres, donde estás en contacto con otras personas, te ayuda a sobrellevar la carga. Compartir y escuchar otras realidades te ayuda, decís: 'no estoy tan sola'", remarcó.

"Yo hacía malabares para poder ir a las clases de pintura, a veces iba con ellos con el carrito o se los dejaba a mi mamá y salía corriendo para una clase. Quería ir porque me hacía bien. No hay que encerrarse, hay que ir a buscar otras cosas porque hay miles de cosas para hacer que te ayudan", insistió, antes de destacar que muchas veces ese aprendizaje viene de la mano una salida laboral.

"Si bien yo no tuve necesidad económica, he vendido mucho lo que fui haciendo. Hice cuadros a pedido. Ahora tengo menos tiempo, pero lo sigo haciendo. Las clases me llevan tiempo y además yo sigo tomando clases, así que no me queda mucho resto, pero estoy feliz", sostuvo Marcela.

Marcela Perez- Pinta y da talleres (6).JPG

"Estoy viendo el vaso medio lleno y sacándole provecho a la pandemia, viendo la parte positiva que es que pude concretar esto, cuando lo tenía como proyecto a futuro", enfatizó.

"Yo lo que quiero es que las personas que vengan se sientan cómodas y felices pintando. Sueño con poder transmitirles lo que yo siento al pintar, que vengan, lo comprueben, que se pongan contentas con lo que lograron y que se vayan felices", concluyó.

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