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La rebeldía del rock, una fuerza imparable que ayudó a derribar el Muro de Berlín y a cambiar el mundo

El 9 de noviembre de 1989 el mundo cambió con la caída del Muro que dividía a Alemania. La música y los recitales, un motor que impulsó a la juventud alemana.

“¿Realmente tenemos que copiar toda la basura que nos llega del Occidente? Camaradas, yo creo que es hora de acabar con la monotonía del ye-ye-ye y como se llame lo demás”, expresaba elocuentemente en uno de sus discursos Walter Ulbricht, líder de la República Democrática Alemana (RDA). Era el año 1969. Y el Muro de Berlín dividía a Alemania en dos mundos.

En aquel entonces, Los Beatles musicalizaban al planeta entero. También lo hacían Los Rolling Stone. Sin embargo, Alemania estaba dividida por un muro y del lado oriental esos artistas estaban prohibidos, solo unas pocas canciones lograban atravesar la frontera sin censura. A los jóvenes, rebeldes por naturaleza, únicamente les era posible escucharlos comprando los álbumes en el mercado negro a precios exhorbitantes o pegando sus orejas en la radio, a la espera de poder sintonizar una frecuencia que viniese del mundo capitalista para oír los nuevos éxitos del momento.

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Por eso, no fue de extrañar que el comentario de un locutor occidental de la radio RIAS comenzara a difundirse del otro lado del muro, como solo los rumores saben hacerlo: “¿Se imaginan si en el techo de la editorial de Axel Springer se organizara un concierto de los Stone?”.

Springer era un magnate de los medios fervientemente anticomunista que, a propósito, había construido su edificio al lado del Muro de Berlín. La Stasi, la Policía secreta de la RDA, podía levantar sus armas, intimidar a los habitantes y construir un muro todavía más alto. Lo que no podía era evitar que Los Rolling Stone toquen en una azotea occidental y que su música se esparza a través del aire hacia el otro lado. Además, el supuesto recital se realizaría el 7 de octubre, día en que se cumpliría el vigésimo aniversario de la fundación de la RDA. Nada más catastrófico.

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Los Rolling Stones en un recital en Hyde Park en 1969. 

Los Rolling Stones en un recital en Hyde Park en 1969.

Los jóvenes berlineses del Este se convencieron de que los Stone darían un show ese día y no tardaron en difundirlo. Convocaron al evento escribiendo con tiza en las calles de la ciudad amurallada, aunque el Ministerio para la Seguridad del Estado se tomó el trabajo de perseguirlos y arrestar a los subversivos.

Se podía prohibir la música, pero no su popularidad. Llegada la fecha, cientos de fanáticos peregrinaron hacia el muro para presenciar el espectáculo. También lo hizo la Policía Secreta. Armada, la Stasi bloqueó el área fronteriza por la tarde para cortarles el paso. Muchos jóvenes recibieron algún que otro golpe, otros 430 fueron arrestados por ser considerados “elementos antisocialistas”. Finalmente, para desilusión de los admiradores y el alivio de las autoridades de la RDA, el concierto no ocurrió: nunca había sido más que eso, un rumor.

Con la llegada de una nueva década, también lo hizo un nuevo género musical. Entre finales de los 70 y comienzos de los 80, el Punk comenzó a sonar clandestinamente en la Alemania comunista. Quienes eran más osados, se animaban a desafiar al régimen a través de su vestimenta. Los pelos de colores, las camperas de cuero negro, las tachas relucientes, los parches con lemas que rezaban frases como “Destruye lo que te está destruyendo". Esa música anárquica no existía dentro de la discográfica oficial de la RDA, Amiga, por lo que los adolescentes se las ingeniaban compartiendo entre sí los casetes que lograban contrabandear.

El primer concierto de punk sucedió en marzo de 1981, dentro de la embajada de Yugoslavia. Como dos diplomáticos tenían a sus hijos en la banda, les liberaron el espacio para que se puedan expresar. Unos cien jóvenes asistieron y, a partir de ese momento, cada vez más bandas comenzaron a sonar en la República Democrática Alemana. A pesar de su ilegalidad, el ritmo de la música sonaba en los sótanos, en las salas de ensayo improvisadas. Y en las iglesias.

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El movimiento Punk mostraba su música de manera clandestinamente en la Alemania comunista.

El movimiento Punk mostraba su música de manera clandestinamente en la Alemania comunista.

La sacralidad de los templos de rezo les ofrecía a los jóvenes un espacio seguro para cantar. El régimen comunista no quería recibir la crítica internacional, por lo que las iglesias se convirtieron en una suerte de refugio. Entre salmos y oraciones, las bandas tocaban sus canciones. La congregación, mayormente conformada por un público anciano, miraba con cara desconcertada, incluso con rechazo. Mientras que algunos viejos se tapaban los oídos, los más chicos saltaban y celebraban el escuchar algo diferente.

Según un informe que realizó el Gobierno en 1981 para tener una radiografía de la situación, en la Alemania comunista había un total de 1.000 punks y unos 10.000 simpatizantes. A pesar de que el país tenía 15 millones de habitantes, a las autoridades no le gustaron los números y encomendaron especialmente a la Stasi la tarea de seguirlos de cerca, allanar sus casas y detenerlos arbitrariamente. Ajenos al significado de peligro, los jóvenes se convertían en una amenaza para el régimen.

La policía secreta del Este recurrió al Zersetzung, una táctica de guerra psicológica que ya habían utilizado los nazis con sus opositores políticos. Con el objetivo de desmoralizarlos para “impedir preventivamente las actividades hostiles y negativas”, la Stasi debilitaba la salud mental de su enemigo. En este caso, al ser muchos de ellos menores de edad, no fue muy difícil. Negarles el ingreso a la universidad, quitarles el pasaporte, despedirlos de un trabajo o incluso echar a sus padres, eran razones suficientes para disuadirlos.

“Cuando entré en la escena punk, la idea de formar parte de la oposición política no me interesaba en lo absoluto, no me importaba la política. A los 16 años, simplemente no pensaba mucho en ese tipo de cosas. Se trataba más de la rebelión adolescente, era divertido y copado. Para mí, personalmente, solo comencé a pensar en ese tipo de cosas una vez que comenzó el acoso. La politización fue algo que generó la Stasi”, analizó años más tarde Dafty, el guitarrista de la banda de música Die Anderen.

Namenlos-Nazis wieder in Ostberlin

El 30 de abril de 1983 se llevó a cabo el primer festival punk de la Alemania oriental. Atraídos por el boca a boca, los grupos de varios pueblos de la RDA se reunieron en una iglesia de la ciudad de Halle para tocar, incluso bandas conocidas como Nameless, Haphzard y Unwanted. En julio, el evento se volvió a repetir en Berlín, pero la Policía no tardó en llegar para disuadir al público y condenar a entre 12 y 18 meses de prisión a los músicos de Nameless por sus letras cargadas de contenido político.

A pesar de los esfuerzos de la Stasi, la música disidente se popularizaba cada vez más. Ya para 1985, con Mijaíl Gorbachov en el poder, el régimen comunista comenzó gradualmente a permitir ciertas manifestaciones artísticas. Las autoridades culturales le dieron permiso a las bandas post-punk para que toquen en recitales autorizados y hasta la discográfica Amiga publicó las canciones más políticamente correctas.

Dos años más tarde, en 1987, se concretó la fantasía que muchos berlineses del Este habían deseado que ocurriera en el '69 con Los Rolling Stone. Del otro lado del Muro, David Bowie entonaba sus canciones cerca de la muralla que dividía realidades. Bowie, que había vivido en Berlín entre 1976-78 y conocía de cerca la situación, quería que su música atravesase fronteras para que lo escuchen tanto los alemanes de la República Federal como los de la Democrática.

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David Bowie tocó al pie del Muro de Berlín el 6 de junio de 1987. Cuando sonó “Héroes”, el público empezó a cantar "El muro debe caer".

David Bowie tocó al pie del Muro de Berlín el 6 de junio de 1987. Cuando sonó “Héroes”, el público empezó a cantar "El muro debe caer".

Sin miedo de las consecuencias, los jóvenes de la Alemania comunista se acercaron al Muro de Berlín a escucharlo tocar. Las autoridades de la RDA, con el miedo a una posible fuga masiva, intentaron despejar la zona, pero la música igual se escuchaba. Ya era imposible ir contra la corriente.

Era innegable que algo había comenzado a cambiar. Para el verano del '88, el Gobierno habilitó un espacio para conciertos, donde celebridades como Bob Dylan, Bryan Adams y Depeche Mode cantaron en territorio comunista. Finalmente, luego de estar siete años intentando conseguir una autorización para tocar sin tener éxito, Bruce Springsteen logró su cometido, asegurando que sería un concierto en conmemoración por el noveno aniversario de la Revolución Sandinista en Nicaragua.

Bruce Springsteen & The E Street Band - 07/19/1988 - East Berlin, Germany - full concert - pro-shot

Sin embargo, a mitad del recital, Springsteen leyó un discurso que se había garabateado en un papel. En un alemán rudimentario, expresó: "No he venido a cantar a favor o en contra de ningún Gobierno. Vine a tocarles Rock and Roll con la esperanza de que algún día todas las barreras puedan ser derribadas”. Las 300.000 personas presentes estallaron en gritos de euforia y aplausos estridentes.

Sí, definitivamente algo poderoso estaba ocurriendo. La banda alemana Scorpions sentía que los jóvenes comunistas vibraban en una energía diferente, lo que los llevó a componer la canción “Wind of Change” (“Vientos de cambios”, en español) dos meses antes de la caída del Muro de Berlín. “Llévame a la magia del momento / En una noche de gloria / Donde los niños del mañana sueñan / Con los vientos del cambio”, cantaba Klaus Meine para el mundo entero.

Wind of Change - Scorpions (lyrics) HD

Finalmente, el 9 de noviembre de 1989 el grupo de punk Die Anderen consiguió un permiso especial para ir a tocar del lado occidental del Muro. Mientras tocaban sus canciones por primera vez en otra tierra, el público saltaba, muchos de ellos levantando en alto sus pasaportes de la RDA. A Toster, el líder de la banda, no le llamó la atención. "Estábamos borrachos, y pensamos que ellos también estaban borrachos, burlándose de nosotros o lo que sea", explicó el músico años más tarde.

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Cuando Toster se encontró con caras conocidas de Berlín del Este, incluso aquellas con las que se había cruzado ese mismo día, quedó desconcertado. No había posibilidades de que hayan escapado, tampoco que hubiesen viajado hasta allá como ellos. Entonces, comprendió: el Muro de Berlín había sido derribado y miles de jóvenes ya celebraban, gritando las canciones a un viento que soplaba cambios, desgarrando sus voces al son de la libertad.

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