La reforma que eleva la edad jubilatoria impulsada por el presidente francés, Emmanuel Macron, pasó de forma automática al Senado: el viernes, la Asamblea Nacional (Cámara baja) no pudo llegar a un acuerdo en medio del conflicto que el oficialismo mantiene con los sindicatos, que convocaron nuevas huelgas para resistir su implementación.
Pasada la medianoche, y tras casi 15 días de debate, la presidenta de la Asamblea Nacional Yael Braun-Pivet puso fin al análisis del texto, que no llegó a votarse. Posteriormente, se trató una moción de censura presentada por la ultraderecha, que fue ampliamente rechazada.
La primera lectura del texto concluyó sin que pudieran analizar gran parte del contenido debido a las numerosas enmiendas presentadas por la formación de izquierda La Francia Insumisa (LFI), en un contexto de tiempo limitado por el polémico procedimiento escogido por el gobierno nacional. En principio, el modus operandi le permite aplicar la reforma a fines de marzo, si las dos cámaras del Parlamento no se pronuncian.
Entre los puntos que no se pudieron abordar, el principal es el artículo 7, que establece el aumento de la edad mínima de jubilación de 62 a los 64 años y que causó hasta ahora cinco manifestaciones en todo el territorio francés.
“Hay indignación, obstrucción e invectivas. Y desde este punto de vista, el debate no ha prosperado”, admitió el diputado Mathieu Lefevre, del bloque oficialista Renacimiento.
Desde la agrupación LFI culpan al Ejecutivo de “la responsabilidad de esta falta de tiempo” al “limitar el plazo del debate a 12 días”.
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