Gisèle Pelicot rompió el silencio tras una década de abusos en su propio hogar: el desgarrador testimonio
La mujer que fue drogada y violada durante una década decidió hablar públicamente tras el juicio que condenó a su ex marido y a otros 50 hombres en Francia.
Tras la sentencia que marcó un antes y un después en Francia, Gisèle Pelicot decidió brindar un testimonio público sobre los abusos que sufrió durante casi diez años en su propio hogar. Su palabra vuelve a colocar el caso en el centro del debate sobre violencia sexual.
Entre 2011 y 2020 fue drogada sin su consentimiento y violada de manera reiterada por hombres contactados por su entonces esposo, Dominique Pelicot, quien organizaba los encuentros y filmaba las agresiones mientras ella permanecía inconsciente por los sedantes que él mismo le suministraba.
La maniobra se descubrió en 2020, cuando el hombre fue detenido por grabar a mujeres por debajo de la falda en un supermercado. El análisis de sus dispositivos permitió hallar miles de fotos y videos que documentaban los abusos cometidos durante casi una década.
Durante años, Pelicot había sufrido desmayos, pérdidas de memoria y un progresivo deterioro físico que la llevó a consultar médicos e incluso a someterse a estudios neurológicos. Nunca sospechó que los síntomas estaban vinculados a la administración sistemática de fármacos por parte de su esposo.
El proceso judicial se desarrolló en el Tribunal Penal de Aviñón y fue considerado uno de los más impactantes en materia de violencia sexual en Francia. En diciembre de 2024, la justicia condenó a Dominique Pelicot a 20 años de prisión por violación agravada y por haber organizado los ataques. Además, otros 50 hombres fueron declarados culpables por su participación.
Un juicio sin precedentes
Durante las audiencias, varios acusados sostuvieron que creían que existía consentimiento. El tribunal descartó esos argumentos al considerar probado que la víctima se encontraba inconsciente y, por lo tanto, imposibilitada de consentir cualquier acto.
El caso expuso la utilización de foros en internet para contactar a los agresores y evidenció la magnitud de una trama que se extendió durante casi diez años en el ámbito privado del matrimonio.
El relato íntimo de una década de traición
Tras la sentencia, Gisèle Pelicot resolvió dar su testimonio en primera persona y no mantener el anonimato, un derecho habitual en casos de violación en Francia. Según explicó, su intención es que la vergüenza recaiga sobre los agresores y no sobre la víctima.
En una entrevista extensiva en París y en las memorias que publica este mes, Pelicot reconstruye el impacto emocional que significó conocer la verdad detrás de los abusos. Sobre el momento en que la policía le mostró las primeras imágenes, escribió: “Las mejillas estaban tan flácidas, la boca era tan blanda, que parecía una muñeca de trapo”, describiendo la incredulidad al verse en los videos incautados por los investigadores.
Recordó cómo su cerebro dejó de funcionar al ver aquello y cómo las fechas de los abusos la hicieron revivir escenas que creía parte de momentos felices de su vida. Pelicot también explicó por qué rechazó que el juicio fuera a puerta cerrada: “Si yo no me di cuenta de nada, forzosamente eso les ha debido pasar a otras”, argumentó, subrayando su intención de que su historia tuviera un impacto colectivo y no quedara relegada al silencio.
Su relato va más allá de la descripción de los hechos: busca mostrar cómo el trauma y la traición se entrelazaron con años de desconocimiento de su propio cuerpo y memoria. A pesar del dolor, Pelicot afirmó que compartir su experiencia puede ayudar a otras víctimas a reconocer señales de abuso y a no cargar con la vergüenza que históricamente se atribuye a las sobrevivientes de violencia sexual.
Con su decisión de hablar públicamente y publicar sus memorias —publicadas en 22 idiomas—, Pelicot no sólo reconstruye su pasado, sino que también intenta transformar su historia en una herramienta para que otras mujeres encuentren su propia voz después de experiencias traumáticas similares
Con su declaración pública, el caso vuelve a ocupar un lugar central en la agenda francesa, ahora desde la voz de quien atravesó una década de abusos sistemáticos y decidió contar lo ocurrido tras la condena judicial.
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