La Ruta 7 y sus cambios de piel

La Ruta 7 cambió de piel y de tiempos de viaje en más de 25 años. En la década de los 80 era de dos manos, como un antiguo camino rural que ya estaba colapsado por el tránsito de esa época, muy lejana a Vaca Muerta. Había accidentes y en el viaje de Centenario a Neuquén se tardaba más de media hora. Los vehículos quedaban estancados detrás de un camión con rollizos de madera o con peras y manzanas que iban a los galpones de empaque. Ese escenario cambió drásticamente en 1994 cuando se inauguró la multitrocha, un proyecto colosal que vino a inaugurar el ex presidente Carlos Menem. En ese momento, la Ruta 7 era una verdadera autopista sin luces donde los “pisteros” iban a más de 160 kilómetros por hora con un asfalto impecable y con las tachas de los guardarrailes que parecían iluminar la noche, como un cinturón de fuego. Se hacían picadas y careras con pocos controles. Después instalaron el peaje, las protestas, el cobro desmedido y el retiro de las cabinas en 2011. Con el tiempo, la ruta empezó a romperse de manera acelerada y la ex concesionaria, Caminos del Comahue SA, hizo poco y nada para dejarla sin baches, ondulaciones y banquinas descalzadas. Ya no se podía viajar a 160 sin un buen auto, por los pozos y deformaciones. Hace unos años, y con el auge del petróleo, el gobierno provincial decidió semaforizar los cruces y rotondas. Después vino la repavimentación de la calzada, pero sólo de un carril. Hubo críticas, los accidentes no bajaron y el tráfico empezó a estancarse. Ahora pusieron los radares que intentan disuadir a los automovilistas de que pasen los límites de velocidad en el acceso a Neuquén. No se sabe si la velocidad tendrá un tope de 60, 70 u 80 kilómetros por hora. Se sabe que los accidentes no cesan.

En 25 años se pasó de una autopista donde los autos iban a 160 km/h a una avenida lenta en las horas pico.

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