"La situación familiar de los Jara era de extremo riesgo"
La violencia a la que eran sometidos Hilda y sus hijos por Orlando Jara fue calificada como de "extremo" riesgo, pero aún así salir del círculo no era fácil y la única intervención de la Oficina de Violencia en 2015, no prosperó. Fue ese el contexto en el que, cinco años más tarde y tras ser amenazado, Fernando Jara dio muerte a su padre, por lo que hoy se lo juzga.
Este jueves pasó por el estrado una funcionaria de la Oficina de Violencia de Zapala, Vanesa Bascuñan, quien atendió a la viuda de la víctima de parricidio en mayo de 2015, por una ratificación de denuncia.
"Dijo que era la primera vez que se animaba a denunciar, pese a haber sufrido violencia por muchos años. Relató que la situación inició la noche anterior alrededor de las 23, que había tenido una discusión con Orlando que llegó borracho a la casa, le exigió que se pusiera a limpiar y, de un momento a otro, le arrojó un vaso a la cabeza. Y también hizo referencia a algunas agresiones verbales", recordó la testigo.
En esa oportunidad, el agresor también amenazó con quemar a la familia, y la mujer incluso indicó que roció con nafta y prendió fuego un acordeón y una guitarra, por lo que estaba atemorizada de que su pareja cumpliera su palabra.
Siguiendo el procedimiento habitual, desde la Oficina se dio intervención a la Justicia, se realizaron entrevistas a las partes y se ordenó una medida cautelar básica. Sin embargo, un llamado en las horas posteriores aportó una visión más concreta del peligro en el que se encontraban las víctimas.
Según indicó la funcionaria, uno de los hermanos, Diego, se había descompensado en la escuela, aparentemente por el estrés sufrido la noche anterior durante el episodio denunciado por su madre, y ello lo había hecho terminar en el hospital. La médica que se lo comunicó, le informó que la situación familiar era de "extremo" riesgo. Por ello, finalmente se decidió excluir al violento del hogar e imponer una restricción de acercamiento. La familia incluso contó con una custodia policial permanente por una semana, y luego con rondines.
La mujer no pudo saber cómo progresó la causa posterior a eso y ya no volvió a ver a Hilda. Aún así, ha quedado establecido ya que la violencia continuó presente en el hogar hasta el asesinato del hombre.
Edgardo Bosolasco, un médico que tuvo la oportunidad de evaluar a Orlando Jara a raíz de lo dispuesto por la Oficina de Violencia, por presunto consumo problemático, declaró también ante los jueces y sostuvo que su consumo "no era adictivo, sino un consumo episódico problemático". "Usaba el alcohol para desinhibir sus frenos sociales", aseguró y agregó que sus propios rasgos de personalidad lo hacían violento.
El hombre concurrió a unas cinco entrevistas para tratar su consumo, y según se conoció el lunes, a no más de dos encuentros del dispositivo para Varones Violentos.
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