La solidaridad, el mejor partido de los Gigantes

El equipo de vóley no sólo juega, también participa de acciones para ayudar a quienes más lo necesitan.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

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Neuquén. El lunes pasado, Liliana llegó a una librería de la calle Alcorta para comprar los útiles escolares para sus cuatro hijos. Un ladrón aprovechó un descuido de la mujer y le robó los 10 mil pesos que tenía en la mochila.

Era la única plata que tenía para comprar los elementos que necesitaban sus hijos para comenzar el ciclo lectivo. Enterados de la situación, los jugadores de Gigantes del Sur, el equipo neuquino de vóley que juega la Liga Argentina, decidieron ayudar a la mujer que vive en el oeste de la ciudad y le llevaron los útiles escolares que sus hijos necesitaban.

Este es uno de los tantos actos solidarios y benéficos que este grupo de deportistas lleva adelante desde hace algunos años a partir de las donaciones monetarias y de alimentos no perecederos que se solicitan como entrada a los partidos que el equipo disputa en el estadio Ruca Che

“Estas acciones solidarias son un pilar fundamental y han identificado mucho el proyecto de Gigantes. La gente sabe que los elementos que dona como entrada a los partidos tiene un fin solidario, les va a llegar a los que realmente lo necesitan”, explicó el entrenador del Dino, Camilo Soto

Ayuda: Los jugadores colaboran con comedores y barrios pobres de la ciudad.

El capitán Javier “Mono” Sánchez confesó que cuando se incorporó al equipo en 2004 le costó entender que el proyecto de Gigantes no sólo apuntaba a lo deportivo. “En aquel momento era muy joven y me explicaron que el proyecto además de lo deportivo tenía una cuestión social. Quizás como jugador me resultaba molesto que, además del entrenamiento, que de por sí era bastante cargado, teníamos que hacer visitas a comedores, merenderos, hospitales y colegios”, expresó.

Sin embargo, con el correr del tiempo Sánchez y el resto de los jugadores se fueron convenciendo de que con estas acciones “nos retroalimentábamos con la alegría de la gente llevándole algún alimento o algún juguete a los chicos internados en un hospital o compartiendo una tarde en un hogar de ancianos”, señaló el capitán.

Y agregó: “Yo defiendo mucho este tipo de iniciativas porque el deporte tiene que ver con esto justamente, no solo con la práctica, sino también con el crecimiento y desarrollo de la juventud y entender que no es lo individual sino lo grupal, y eso extenderlo a toda la sociedad”.

Sánchez sostuvo que estas acciones solidarias “es una de las cosas que me hizo que yo me enamorara de Neuquén y de Gigantes”.

Comedor

Antes de ayudar a Liliana con los útiles escolares, los gigantes se acercaron hasta el comedor Quimey, ubicado en el barrio San Lorenzo del oeste de la ciudad, que le da de comer a más de 50 adultos mayores que están en situación de calle o no tienen familiares.

El reto de la madre del entrenador

El entrenador nacido en Picún Leufú, que en 2017 logró con la selección de vóleibol argentino sub-23 el título mundial en el Cairo, Egipto, contó que una vez su madre lo retó porque no le había avisado de la convocatoria de llevar un juguete como entrada para uno de los partidos de Gigantes en el Ruca Che. “Mi madre me protestó porque no le había avisado que tenía que donar un juguete. Al otro día compró unos juguetes y me hizo llevarlos al entrenamiento y entregárselos a los dirigentes encargados de llevarlos al lugar donde iban a ser destinados”.

La necesidad de la gente vista desde la óptica del capitán

El capitán de Gigantes, Javier Sánchez, consideró que cada una de las acciones solidarias que realizan son distintas “porque todas están marcadas por la necesidad de la gente”. Entre las numerosas acciones que han llevado adelante, recuerda el mediodía que compartieron con los abuelos que asisten a un comedor en el oeste y cuando entregaron 100 kilos de alimentos no perecederos al refugio nocturno Gabriel Brochero, que ofrece un lugar para comer y dormir a aquellas personas que se encuentran en situación de calle.

“Esos contactos nos nutren porque nos permiten entender que el trabajo y el sacrificio es lo que trae rédito, y esta gente nos enseña más a nosotros que la mano que nosotros les podamos dar a ellos”, consideró el Mono, apodo con el que se lo conoce.

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