La triste historia del arquero sirio que murió tras alistarse en el Estado Islámico

Falleció este sábado en pleno campo de batalla.

El mítico arquero Abel Basset Al Sarut, uno de los símbolos de la revuelta antigubernamental de Siria y miembro de un grupo de insurgentes que juraron lealtad al grupo terrorista Estado Islámico, murió el sábado en una acción de guerra. La muerte del ex futbolista, que se desempeñó en el seleccionado sub-21 de Siria, fue anunciada por milicianos que combaten contra el ejército del presidente Bashar Al Assad a lo largo de la línea del frente entre Hama e Idlib.

Originario de Homs, en el centro de Siria, Sarut, de 27 años, dirigió los primeros meses de protestas pacíficas en la tercera ciudad de Siria y centro de las manifestaciones contra el régimen. Más tarde se unió a la lucha armada, pero fue tenazmente perseguido al norte de Homs en 2014, tras la caída de la ciudad en manos de las fuerzas del gobierno. Muchos lo llamaron “el arquero de la revuelta siria”. Al Sarut estuvo forzado a mudarse a Turquía el año pasado, pero luego regresó a la región de Idlib, donde terminó uniéndose a un grupo de combatientes locales. Murió luego de ser herido ayer en la región entre Hama e Idlib, según los reportes.

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Su prometedora carrera deportiva había finalizado en 2011, cuando cambió los guantes de arquero por las armas, símbolo de que el fútbol sirio no ha escapado tampoco a la peor imagen de una guerra que desangra al país. Al Sarut jugaba como arquero en el Al Karamah, el club de la ciudad de Homs, y llegó a debutar con las categorías inferiores sub-17 y sub-20 en el seleccionado de su país, incluso quedó segundo en la clasificación de mejor arquero asiático de esas divisiones. Considerado una celebridad en su país, el futbolista se unió a las protestas contra el régimen. Jugar al fútbol de manera profesional en Siria no significa ganar dinero, pero sí tener alta popularidad, así que muchos siguieron sus ideas.

Tomada por los rebeldes al comienzo del conflicto, su Homs natal era una de las ciudades más opositoras a Al Assad, por lo que fue el lugar perfecto para que un joven deportista descontento con sus gobernantes decidiera ir un paso más allá y pasara a la lucha armada. Incluso llegó a estar detenido por sus frecuentes manifestaciones sobre el Gobierno. Su trágico final parecía inevitable.

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