Las 25 vidas que salvó Francisco en la dictadura

Aldo Duzdevich investigó el accionar de Jorge Bergoglio durante los años 70.

Pablo Montanaro / montanarop@lmneuquen.com.ar

“Los argentinos tenemos una deuda con el papa Francisco en relación a no haber investigado, en no haber puesto blanco sobre negro su actitud frente a la dictadura. Hubo una campaña en su contra porque se lo acusó de haber entregado a los militares a dos sacerdotes jesuitas”, explicó a LM Neuquén el ex diputado neuquino Aldo Duzdevich, autor del libro Salvados por Francisco, donde narra 25 casos de personas que fueron ayudadas por Jorge Bergoglio a escapar del país durante esos años oscuros.

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Duzdevich aclaró que su libro no es una biografía del actual jefe de la Iglesia católica sino una descripción del contexto de esa época en la cual a Bergoglio “le tocó desenvolverse cuando se desempeñaba como provincial de los jesuitas y cuál fue su actitud”. A través de testimonios directos y de terceras personas y documentos, el autor reunió 25 casos de personas que Francisco escondió, protegió y ayudó a salir del país. “

“No solo eran personas vinculadas a la Iglesia sino también militantes de distintas ideologías. Francisco hizo todo eso por gente que ni siquiera conocía, con la cual no compartía ideológicamente, eso está claro porque nunca fue un hombre de izquierda”, sostuvo Duzdevich, quien en 2015 publicó La lealtad: los Montoneros que se quedaron con Perón.

En relación con el secuestro de os sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics en marzo de 1976, Duzdevich aseguró que Bergoglio “no tuvo nada que ver, por el contrario, los protegió, como ellos mismos reconocieron pese a la falsa acusación que se difundió cuando fue nombrado Papa”. Y agregó que estos dos jesuitas pertenecían a Cristianos para la Liberación, una estructura de superficie que había sido creada por Montoneros a mediados de 1975. “Ellos caen en una secuencia de caídas, de detenciones ilegales. En cuatro o cinco meses hubo más de cuarenta secuestrados del grupo Cristianos por la Liberación. Los únicos dos sobrevivientes fueron Yorio y Jalics, liberados cinco meses después”.

“Bergoglio no estaba obligado a salvar a nadie. Arriesgó su vida y lo hizo. Hizo todo lo posible para recuperar a los dos sacerdotes jesuitas de los campos de concentración”, dijo Aldo Duzdevich.

Duzdevich señaló que en marzo de 2013, el padre Jalics declaró al diario La Nación que “Yorio y él no fueron entregados por Bergoglio y que habían sido detenidos por una catequista, quien primero había trabajado con ellos y luego se unió a la guerrilla”. Otro de los casos que incluyó el autor en el libro es un episodio que relató el propio Bergoglio a un periodista. El sacerdote le dio a un joven su cédula de identidad, su ropa de sacerdote y el clergyman (el cuellito) para que pudiera salir del país.

“De todos los casos, este fue uno de los de mayor exposición que asumió Bergoglio, darle su cédula de identidad y ropa de cura a un militante prófugo era muy peligroso. No solo porque si el joven era descubierto quedaba en complicidad directa, lo iban a buscar directamente a él, sino que en el libro de migraciones se registraba una salida de Jorge del país, sin su ingreso. No en vano, el padre Miguel La Civita repite al recordar aquella época que Bergoglio sabía que si hacía una mala jugada, perdía”.

Duzdevich consideró que estas acciones de Bergoglio en los años de la dictadura “las hizo por buen samaritano. No es que estaba vinculado a alguna organización, sino que le llegaron estos casos y eso es lo que generó confusión”.

Cara a cara con Massera y Videla

“Mire, Massera, yo quiero que aparezcan”, cuenta Aldo Duzdevich que le dijo Jorge Bergoglio al almirante que integraba la Junta Militar durante un encuentro dos meses después del secuestro de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics. “Esta vez la reunión fue muy fea”, comentó el sacerdote que se desempeñaba como provincial de los jesuitas. Duzdevich cuenta que Bergoglio mantuvo dos entrevistas con el general Videla. La primera, en Casa de Gobierno, donde recibió una respuesta escueta: “Tomo nota y averiguo”. La segunda fue en una misa en Campo de Mayo donde Bergoglio pudo meterse. “Le pidió al capellán militar Martín González, que iba a dar misa a la residencia del jefe del Ejército en Campo de Mayo, que simulara estar enfermo para ir él en su reemplazo y hablar cara a cara con Videla. Así lo hizo. Videla le volvió a manifestar su promesa de averiguar. Mientras tanto, los sacerdotes permanecían detenidos ilegalmente en una quinta de Don Torcuato perteneciente a la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA)”, escribió Duzdevich.

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