El lugar es absolutamente agreste. A lo largo de su extensión sólo funcionan dos paradores, y no hay servicios de guardavidas.

De todos modos, es uno de los puntos más visitados porque aún conserva la calma y la serenidad, ideal para aquellos que buscan intimidad.

Quienes conocen la zona saben que deben concurrir bien equipados, con víveres suficientes para una jornada o varias, e instrumentos para soportar el sol, pues salvo algunos bosquecitos dispersos de tamariscos, no hay sombra. Estructuras con toldos y carpas se vuelven indispensables para pasar las horas. Por eso la playa es preferida por quienes poseen casillas o motorhomes. En temporada aparecen cientos de estos vehículos, algunos simples, con comodidades básicas y otros suntuosos, como grandes colectivos convertidos en casilla, con aire acondicionado, TV digital y generadores de energía, entre otros elementos de confort.

Para los amantes del mar, este es el sitio. En bajamar se retira cientos de metros y queda una playa enorme, de arenas finísimas. La amplitud es tal que posibilita ubicarse a decenas de metros de distancia del vecino más próximo.

Otro atractivo es el trabajo de los pescadores artesanales, pues hay decenas de lanchas que se hacen a la mar en busca de pescados y mariscos, y que luego al regresar dejan sus redes extendidas hasta la próxima zarpada.

Silencio: Es total, sólo interrumpido por el chillido de alguna gaviota.

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