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Las despedidas y los reencuentros se mudaron a la vereda del aeropuerto

Este viernes por la mañana se retomaron los vuelos entre Neuquén y Buenos Aires. Los pasajeros llevaron su emoción a la terminal aérea.

Nada es igual en el Aeropuerto Presidente Perón. Después de siete meses de clausura, se reanudaron los vuelos entre Neuquén y Buenos Aires. Pero el paisaje de la terminal aérea cambió. Como ya no se permite el acceso al área de mostradores, las emociones sólo se viven al aire libre. Puertas afuera sí hay lágrimas, aplausos, despedidas y reencuentros. Pero tampoco son iguales. Cargan con una emoción más intensa, magnificada por la pandemia de coronavirus.

Con barbijos negros y pantallas faciales, los miembros de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) franquean la entrada. Nadie puede ingresar al aeropuerto a menos que posea una tarjeta de embarque a su nombre, su DNI y el certificado de circulación o el que emite la aplicación CUIDAR. Así, el edificio sólo puede ser transitado por los pasajeros, sin acompañantes.

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En una mañana cálida, el aeropuerto retomó parte de su antigua actividad. Los pasajeros que viajan a Buenos Aires al mediodía ya arrastran sus valijas con ruedas hasta la entrada y siguen los pasos para ingresar. Sus familiares, parejas y amigos se quedan del otro lado de la puerta.

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“Hace dos semanas que compramos el pasaje y fueron modificando las fechas”, dice Nelson, después de despedir a su esposa, Lorena, con un abrazo apretado. “Se va a Buenos Aires a encontrarse con su hermana, y de ahí salen juntan en auto para Chaco, para cuidar a su mamá que tiene cáncer”, relata.

En ese preembarque improvisado se mezclan trabajadores de empresas petroleras con familias que tuvieron que sacar un permiso excepcional para poder subirse a un avión. Aunque todos coinciden en que los trámites fueron sencillos, muchos acumulaban una alta dosis de ansiedad por reencontrarse con los suyos o asistir a familiares enfermos.

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“Mi mamá vino desde Tierra del Fuego por una urgencia familiar, pensaba quedarse unas semanas pero tardó más de dos meses en poder volver”, dice Nadia tras despedir a su mamá. “Nos dieron un número de Whatsapp de Aerolíneas Argentinas pero nadie nos respondía, vinimos el 19 de octubre y no había nadie en el aeropuerto”, explica. Tras el anuncio oficial de la reanudación de los vuelos, la empresa se contactó a través de Facebook para explicar los pasos a seguir.

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A las 10,55, la hora exacta prevista para el aterrizaje, las ruedas de un Airbus tocaron la pista neuquina. A los pasos habituales del retiro de equipaje se sumaron nuevos protocolos: se comprobaba la temperatura de los pasajeros y se exigía que mantengan la distancia. Por eso, los viajeros salían de a uno de la terminal para llegar a esa sala de arribos improvisada sobre la vereda.

Susana y Jorge llevan años de casados, y esta vez se besaron por primera vez en siete meses. “Te traje las cámaras”, bromeaba él ante la presencia de los fotógrafos. La mujer viajó a ver a sus padres en San Pablo, Brasil, el pasado 10 de marzo. “El 12 cerraron los aeropuertos y me tuve que quedar, allá está todo más relajado que acá pero tardé mucho en volver”, explica.

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Aunque tuvo que pagar dos veces la penalización por el exceso de equipaje, aclara que los trámites fueron sencillos y el viaje fue muy similar a otros vuelos del pasado. “Viajamos asiento por medio y fila por medio, y no te sirven nada para tomar”, dijo.

Romina sostiene globos verdes y rosados. Vino junto a su familia a recibir a su sobrina Cala, que nació en un parto complicado en Buenos Aires una semana atrás. Su hermana Mariángeles tuvo que ser trasladada en estado grave y a bordo de un vuelo sanitario para tener a la beba de forma prematura. La reactivación de los vuelos le sirvió para poder regresar más pronto a su casa en Neuquén.

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“El resto de la familia viene en vehículo, pero ella no quería hacer un viaje tan largo con la césarea y la beba tan chiquita”, dijo Romina y aclaró que Cala ya ofrece 3 kilos 200 de puro amor. La conocían por fotos pero, ni bien se abrieron las puertas y el cochecito apareció, lanzaron un grito de emoción.

“¡Calita! ¡Calita!”, le gritaban a la beba, que llegó acompañada de su abuela y su mamá. “Viajamos las tres juntas y los otros pasajeros iban en filas de por medio”, dijo Mariángeles y aclaró que la emoción por llegar a casa superó cualquier posible miedo a los contagios. Ya estaban sanas y juntas, las dos.

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En el abrazo, el pelo rubio de Ana le cubrió el rostro a Tobías. Las lágrimas de ella llegaron a mojar su barbijo verde, mientras el joven se las ingeniaba para sostener su equipaje sin soltarla. “Era el primer año que se iba a estudiar a Buenos Aires; nunca pensé que íbamos a estar tanto tiempo separados”, afirma la mujer.

Aunque las videollamadas y mensajes constantes ayudaron a sobrellevar la larga espera, nada podía remplazar al abrazo que se debían, y que se dieron en la vereda del Aeropuerto Presidente Perón. Ana asegura que los planes, ahora, son malcriarlo un poco más. Tobías quiere, antes que nada, volver a saborear sus ñoquis.

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