Las familias solidarias abren las puertas de su casa y su corazón

La historia de María Julia y Diego. Se dieron la oportunidad de ayudar a un menor recibiéndolo en su hogar.

Por Mariel Retegui

reteguim@lmneuquen.com.ar

María Julia y Diego se dieron la oportunidad de ayudar a un menor recibiéndolo en su hogar por un tiempo determinado, mientras se trata de recomponer los vínculos con su familia de origen. La generosidad de las familias solidarias es inconmensurable. Los albergan brindándoles cariño, respeto y un techo en el momento más difícil de sus vidas porque, por diversas razones, no pueden permanecer junto a sus padres.

Como María Julia y Diego, hay muchos que se acercan a las oficinas de Familias Solidarias, en Intendente Carro 37, dispuestos a abrir las puertas de su casa para recibir a estos niños y adolescentes mientras se resuelve su situación legal.

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Ellos fueron madurando la idea de a poco. Se preguntaron por qué no hacerlo y con el tiempo todo confluyó. “No solamente preparás tu organización familiar, tu mente, tu corazón y tu disposición personal, sino una casa”, contó María Julia. Diego coincidió en que la intención es ayudar a las familias que en ese momento no pueden tener a ese chico.

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Un tema central al momento de inscribirse como familia solidaria es tomar consciencia de que el niño o adolescente permanecerá por nueve meses en el hogar, tal como lo estipula la ley, y que no podrá ser adoptado posteriormente por la familia que lo acoja.

“Más allá del deseo, las ganas y la necesidad, nuestra preocupación era si éramos una buena opción”, señalaron María Julia y Diego, quienes se inscribieron como familia solidaria.

“La transitoriedad es un concepto bastante fuerte pero es celebrada, porque si recibís a un niño y ese tiempo es breve, significa que la situación conflictiva se resolvió favorablemente. En algún sentido, que sea transitorio es una situación ideal”, sostuvo María Julia.

“No siempre tienen los mismos plazos. A veces, por circunstancias judiciales, son más extensos, pero el objetivo del programa es justamente la transitoriedad. Lo bueno es que cuando sale del seno del acogimiento de la familia es porque vuelve o va hacia un estado que es el interés superior del niño. Vos lo tomás como positivo, brindás tu casa, tu tiempo, tu disponibilidad para acompañar una crianza en el tiempo que ese niño lo vaya a necesitar”, añadió la mujer.

Como familia de acogimiento, recomendaron la experiencia. “Es altamente recomendable. Tiene un montón de satisfacciones y desafíos”, afirmaron.

“Las familias interesadas tienen que saber que es algo más que dar tu casa, alimento y acompañamiento, es poder abrirse como familia para poder acompañar la infancia”, sostuvo María Julia mientras Diego, su marido, agregó: “Les decimos que se animen. Nosotros, después de esta experiencia, vamos por más”.

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