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Las historias detrás de los cien mil recuperados en Neuquén

Aunque dos mil personas no pudieron contra el virus, la provincia alcanzó la cifra de cien mil pacientes que atravesaron con éxito el Covid-19. Los protagonistas de la recuperación.

En marzo de 2020 comenzaron los conteos. Desde que se supo de la llegada de una epidemia a la región, la salud de la población se plasmó en cifras que aumentaban día a día y que se leían con los ojos semicerrados de preocupación. Entre el temor por los nuevos contagiados y el dolor por la cantidad de fallecidos, había un solo dato que otorgaba algo de esperanza: el número de pacientes recuperados en Neuquén, que esta semana alcanzó los 100 mil casos.

Así, en cifras, la realidad se vuelve muy fría. Ese 100 mil es un número demasiado grande, pero detrás de él se esconden miles de historias muy diferentes, con protagonistas de carne y hueso que afrontaron -con puro empuje- una batalla contra una enfermedad que dejó a todos desarmados.

El COVID atravesó algunos cuerpos de forma imperceptible y dejó huellas profundas en otros. De manera caprichosa, se ensañó primero con las personas mayores y, después de otorgar un breve respiro, regresó con mayor virulencia para atacar a los más jóvenes, que daban su propia guerra conectados a un respirador artificial.

Cada historia de recuperación parece una huella digital: es única, compleja y exclusivamente humana. Y aunque cada batalla contra la muerte se merece un espacio propio en la historia del coronavirus, los diarios rescataron algunos ejemplos que aportan una doble función: al tiempo que dan testimonio de una época nueva, otorgan el combustible necesario para librar las batallas por venir.

El 9 de abril de 2020, Eduardo Sanz le puso un nombre y un rostro a la recuperación, cuando la pandemia dejaba de ser un miedo lejano para convertirse en una realidad tangible y difícil. Su ejemplo daba cuenta de los inicios de la enfermedad en la zona: había regresado desde España el 14 de marzo, antes de la declaración de la cuarentena, pero ya con el virus dentro del cuerpo. Unos días más tarde, se presentaron los primeros síntomas.

Después de su viaje, y atento a las recomendaciones que se repetían en los medios de comunicación, Eduardo se aisló por completo en su casa. Dos días después, y ya con síntomas de Covid-19, fue internado en el Policlínico Neuquén, donde atravesó su afección como una gripe fuerte.

Sin experiencias previas que le dieran lecciones, atravesó cada síntoma con sigilo: una tos seca que le estremecía el cuerpo, fiebre alta y un malestar físico que le recordaban solamente a una gripe más. Sin embargo, sus antecedentes de hipertensión arterial y los pocos conocimientos que había sobre la enfermedad lo mantuvieron siempre alerta.

https://twitter.com/OmarGutierrezOk/status/1248265782628409345

"No necesité respirador ni nada de eso, fue como una gripe grande y mi cuerpo lo pudo llevar adelante, lo pudo resolver. Quiero que, en los medios, la palabra mía sea clara. Quiero que esto sume, hay mucha gente que tiene miedo porque está sola, pero yo no estuve solo", sostuvo a LM Neuquén el hombre, quien agradeció a todo el personal del Policlínico Neuquén.

Su alta médica fue celebrada como el primer rayo de luz en la oscuridad de una pandemia que se cernía sobre la provincia. "Compartimos esta muy buena noticia y recordamos que es sumamente importante que todos y todas continuemos atendiendo a las medidas de prevención y de aislamiento social obligatorio para cuidarte a vos y a tus seres queridos", dijo el gobernador Omar Gutiérrez en sus redes sociales, luego de que Sanz recibiera el segundo resultado negativo que confirmaba su recuperación.

A 15 meses de su recuperación, Eduardo pasa sus días en Matute de la Sierra, una pequeña localidad de Soria, España, donde la pandemia se parece casi a un recuerdo lejano. "Ya no es obligatorio el uso de barbijo en el exterior y como es un pueblo chico, tampoco tenemos casos", contó desde su verano europeo.

Tanto su hija como su esposa se contagiaron de Covid-19 en España, por lo que ahora están esperando que pase un plazo de seis meses para aplicarse la vacuna contra el coronavirus. Eduardo, por su parte, ya tiene las dos dosis aplicadas y en estudios médicos recientes comprobó que aún mantiene un alto nivel de anticuerpos.

Aunque admitió que sería buena que Neuquén estuviera en la misma situación que el pueblo donde habita ahora, aclara que es imposible hacer pronósticos. "El deseo está pero esto es algo que hay que afrontar día a día, puede que en el invierno se complique y el Reino Unido no la está pasando tan bien con la cepa india", aseguró.

A diferencia del momento en que le tocó atravesar la enfermedad, Eduardo reconoció que hoy hay más conocimiento acerca del virus. "No sé si hay menos miedo pero definitivamente tenemos más rodaje sobre la pandemia, hay más información pero también hay un poco saturación", aclaró.

La historia de Eduardo fue la primera de cien mil. Y como él, otras cien mil personas atravesaron los temores, las recaídas y la soledad en medio de su batalla contra el coronavirus. Algunos salieron adelante rápido y casi sin sobresaltos, mientras que otros tuvieron luchas más aguerridas para torcer el brazo de la enfermedad.

Los profesionales de la salud, en la primera línea de batalla, fueron los primeros afectados por la pandemia. El 16 de marzo de 2021, Marcelo Heimlich, médico del Servicio Integrado de Emergencias de Neuquén (SIEN) fue dado de alta con una emotiva despedida por parte de los trabajadores del hospital Castro Rendón.

Marcelo Heimlich pasó dos meses en terapia intensiva y otros dos en rehabilitación. Ayer le dieron el alta definitiva.
Marcelo Heimlich pasó dos meses en terapia intensiva y otros dos en rehabilitación. Ayer le dieron el alta definitiva.
Marcelo Heimlich pasó dos meses en terapia intensiva y otros dos en rehabilitación. Ayer le dieron el alta definitiva.

Con globos y carteles, y a bordo de una ambulancia conducida por uno de sus compañeros, Marcelo regresó a abrazarse con su esposa y sus dos hijos después de 61 días de internación y un cuadro tan grave de la enfermedad que aún cuesta explicar cómo pudo salir airoso.

Tras el contagio, el médico desarrolló una trombosis pulmonar y una neumonía que lo tuvieron en cama más de dos meses. A fines de febrero, sufrió un paro cardiorrespiratorio y pasó casi media hora muerto. Pero los profesionales del Castro lograron reanimarlo y desde entonces inició un camino lento hacia la recuperación total.

Luego de recibir el alta, Marcelo comenzó un tratamiento de rehabilitación para recuperar la movilidad perdida por haber pasado tantos días en cama. Y así como alentó a muchos de sus pacientes a combatir el Covid-19 durante su trabajo como médico, su asombrosa recuperación se plasmó como un nuevo ejemplo de esa fuerza intrínseca que todos llevan dentro y que permitió que haya cien mil recuperados en Neuquén.

Detrás de cada historia se esconden los vínculos humanos que, a la distancia, sostuvieron a muchos de los recuperados mientras atravesaban su enfermedad. La alta transmisibilidad del virus hacía imposibles los encuentros, las visitas a los hospitales, las manos apretadas para luchar aferrados contra el COVID. Y aún así, sin contacto, esos lazos otorgaban las fuerzas necesarias para conseguir la tan ansiada recuperación.

Santiago Hasdeu es médico clínico y trabaja en el Hospital de Centenario. Expuesto más que nadie a la enfermedad, cumplió los protocolos a rajatablas para cuidarse del virus, pero no logró impedir que sus padres, que atravesaban la pandemia encerrados en casa, presentaran síntomas de Covid-19.

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Lo primero que hicieron ellos fue llamar a su hijo, que les hiso un hisopado en casa y confirmó las malas noticias. A Pedro, el papá de Santiago, le tocó la peor parte, y sólo pudo engrosar la lista de cien mil recuperados después de casi dos meses de internación. Durante los primeros 30 días, no pudieron verse, y el profesional de la salud mezclaba los pronósticos duros y realistas que hacía como médico con esa esperanza a prueba de todo que sólo pueden tener los familiares de los internados.

La angustia y el miedo del principio se disuelven con el alivio de los finales felices. Cien mil es un número muy grande, aunque por momentos se opaca por un número más pequeño pero más cruel: el de los casi dos mil neuquinos que no corrieron con la misma suerte y perdieron su batalla contra la enfermedad.

Mientras la cifra de fallecidos se mantiene como una herida abierta que todavía escuece a la provincia de Neuquén, hay otro conteo que comenzó en los últimos meses y que trae esperanzas nuevas: son los casi 400 mil pinchazos que prometen escudar a la población de la inusitada virulencia de la pandemia y abrir otros caminos. Y detrás de ese número tan grande también hay historias y sonrisas humanas que se ilusionan con otro porvenir.

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