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La Mañana fiscal

Las intrigas y las tres muertes que padeció un tal Lucas

Su cuerpo apareció tirado en pleno centro neuquino en una posición sumamente extraña. La Policía aventuró una primera hipótesis y luego los forenses y los criminalistas, en conjunto con el fiscal, terminaron construyendo dos nuevas teorías. La tercera fue la vencida, pero dejó una duda latente.

A Lucas lo encontraron muerto en pleno centro neuquino. Su cuerpo hasta la cintura yacía sobre la vereda y el torso, los brazos y la cabeza estaban debajo de un auto estacionado. La Policía tejió una teoría inicial que, sobre la marcha y por un trabajo en simultáneo entre el fiscal y el médico forense, pudo abrir nuevas hipótesis hasta que los peritos de criminalística dieron con rastros clave que terminaron por darle forma y esclarecer el caso.

Hoy, las tres muertes de Lucas se utilizan en la academia como caso testigo de una buena práctica, pero la madrugada del 14 de abril de 2016 todo era desconcierto.

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La escena del crimen era incomprensible y encima todo ocurría en el centro de la ciudad, Matheu al 200, por lo que los medios de comunicación acudieron de inmediato pidiendo explicaciones en un momento en que a los investigadores les sobraban interrogantes y trataban de comprender cómo el cuerpo había terminado en esa posición.

Ultimátum

Lucas, a quien le preservaremos la identidad, era un hombre de 30 años que tenía un hijo y estaba en pareja con una joven que estaba embarazada.

“El hombre era adicto, tenía amigos en la movida nocturna y le gustaba andar de juerga”, confió una fuente de la investigación a LMN, a la vez que otro informante contó que “integraba la peña de Independiente de Avellaneda en Neuquén y lo querían mucho”.

No eran pocas las noches en que Lucas regresaba pasado de alcohol y drogas al departamento. Todo eso había desembocado en problemas de fondo, muy serios, con su pareja. La joven, que esperaba con ansias su primer hijo, le había hecho el aguante a Lucas e incluso creía en sus promesas, repetidas, de que iba a salir de las drogas.

La noche del 13 de abril de 2016, ella le dio un ultimátum. “Vamos a tener un hijo juntos y yo no quiero que vea cómo su papá se falopea. Si no cambiás, yo me vuelvo a Córdoba”, le dijo la joven, a lo que Lucas respondió dándole la espalda, tomó su campera y salió por la puerta del departamento, ubicado en el primer piso.

Ni bien pisó la vereda, Lucas llamó a uno de sus amigos y nada cambió. Se fueron al casino, consumieron alcohol y drogas y luego siguieron su recorrido con otras actividades vinculadas a la noche y a la clandestinidad.

Su amigo lo dejó a dos cuadras del edificio. Lucas estaba pasado y no quería entrar así al departamento para que no le tiraran la bronca, por eso eligió caminar esos 200 metros.

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Para el fiscal Breide Obeid, fue vital trabajar en simultáneo con el forense y los criminalistas para resolver el caso.

Madrugada mortal

El 14 de abril de 2016, un llamado telefónico advirtió a la Policía de que había un hombre tirado en la vereda del edificio de calle Matheu.

Las piernas de Lucas estaban tendidas sobre la vereda y el torso, los brazos y la cabeza sobre el asfalto debajo de un auto estacionado.

Las primeras luces del día permitían ver con claridad la escena y los policías de la Comisaría Primera avisaron de inmediato al fiscal Maximiliano Breide Obeid.

Sin desayunar pero abrigado, el fiscal acudió de inmediato al lugar. “Recuerdo perfectamente la escena y todo ese caso, de hecho, en la academia se da como un caso testigo. La escena del crimen era incomprensible por la posición en la que había quedado el cuerpo”, explicó Breide Obeid, que esa mañana fumaba y caminaba de un lado al otro tratando de encontrar un explicación.

Por esas horas, al fiscal le quemaba el celular en las manos de la cantidad de radios que a primera hora quería sacarlo al aire para que explicara lo ocurrido. Pero no atendió y se concentró primero en el trabajo con la Policía y luego con los forenses y criminalistas para avanzar en el esclarecimiento.

La hipótesis del crimen en robo

La Policía, por su parte, sí aventuró una primera hipótesis de lo que le había ocurrido a Lucas. Con los datos que aportados por la pareja y el amigo, que mucho no podía hablar porque estaba complicado por lo consumido durante la noche, creyeron que estaban frente a un intento de robo que terminó en un homicidio.

La teoría no parecía descabellada. Lucas caminó dos cuadras y cuando estaba por entrar al edificio lo intentaron asaltar, se resistió y lo mataron.

Pero ¿cómo lo asesinaron? Acá entró en escena el médico policial que revisó el cuerpo y corrió las prendas hasta que encontró una lesión arriba de la pelvis del lado izquierdo y escoriaciones en el costado de la mano izquierda. Todo parecía cerrar: había marcas de resistencia en la mano izquierda y una supuesta puñalada en la cintura.

Lo que sembró dudas sobre esta primera muerte fue que a simple vista se podía observar que no tenía las prendas manchadas de sangre en la zona pélvica y tampoco había rasgaduras o rastros de corte alguno como los que deja un cuchillo al atravesar la ropa. Solo había un charco de sangre que rodeaba la cabeza y que se escurría a lo largo brazo izquierdo, que estaba extendido. La sangre seguía su denso recorrido hasta el cordón de la vereda.

Lo cierto es que esa primera muerte a Breide Obeid no le terminaba de cerrar. El cadáver ya estaba en el Cuerpo Médico Forense, que inició de inmediato la autopsia.

El forense, al realizar la autopsia, descubrió que no había ninguna puñalada y que parecía que había sufrido una fuerte desaceleración.

Cambia todo cambia

La primera impresión, en investigación criminal, no siempre es la que cuenta. Diego Marton, el médico forense a cargo de la autopsia, habló con el fiscal alrededor de cinco veces mientras trabajaba sobre el cuerpo.

“Se trabajó de manera muy coordinada con los forenses y eso nos permitió avanzar”, explicó Breide Obeid, mientras que Marton recordó: “Era muy raro todo lo que me contaron, por lo que cada uno de los detalles que iban apareciendo, mientras hacía la autopsia, se los comunicaba al fiscal”.

La primera muerte de Lucas quedo prácticamente desechada ni bien el cuerpo estuvo sobre la fría mesa de chapa donde se analiza el cadáver. Allí, los cuerpos siempre hablan, y el de Lucas lo hizo.

De acuerdo con el informe que relevó LMN, presentaba hematomas en las extremidades, tanto piernas como brazos, y lesiones y escoriaciones en el dorso de la mano izquierda, por eso supusieron que podría haber participado en una riña.

A nivel facial, tenía el denominado “signo del mapache”, que son hematomas en ambos ojos, con acumulación de sangre en los párpados, que se generan cuando hay una fractura en la base del cráneo, a lo que se suma la salida de sangre por los oídos. Y también presentaba dos lesiones cortantes, una en la zona ilíaca izquierda y la otra en la base del pie derecho.

“Ambas tenían los bordes hacia afuera, lo que indica que no ingresó ningún cuchillo sino que se fracturó un hueso y atravesó la piel al salir”, explicó Marton.

Además, el cuerpo tenía traumatismo en tórax y la zona abdominal con contusión en ambos pulmones y fractura del esternón.

“Tenía todos los órganos internos con lesiones propias de una desaceleración muy brusca”, contó Marton, a lo que Breide Obeid agregó: “El forense me dijo que tenía el cuerpo de una víctima similar a las que sufren una accidente de tránsito”.

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La segunda muerte

Entre el momento del hecho, que se estimó tipo 5 de la madrugada, y los datos que intercambiaban el forense y el fiscal, casi en tiempo real, solo habían pasado cuatro horas.

Con esa información de la desaceleración y el posible accidente, el fiscal mandó a la Policía a pedir el registro de todas las cámaras de seguridad de la zona, tanto públicas como privadas. Incluso, encontraron en la inmediaciones el espejo de un auto tirado en la calle.

Nuevamente estaban tras una pista que parecía lógica. Lucas, en las condiciones que estaba, decidió caminar un par de cuadras, pero al no estar en óptimo estado, lo atropellaron y se dieron a la fuga, de ahí que quedara tirado el espejo retrovisor.

“Esto nos generaba dudas porque no cerraba cómo había llegado a quedar la víctima así. Supusimos que después de que lo atropellaron se pudo haber parado y caminado hasta que se terminó desplomando en ese lugar. Todo era muy raro”, insistió Breide Obeid.

Hubo otra conversación entre el forense y el fiscal donde le explicaba que la causa de la muerte, tras unos minutos de agonía, era traumatismo de cráneo grave.

Nuevamente, la hipótesis de que había sido atropellado tomaba fuerza, pero no terminaba de ser contundente.

“Le dije al médico que no parecía un accidente de tránsito y ahí Marton me dijo ‘fijate si no se cayó de algún lado’”, reveló el fiscal.

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La terraza donde los criminalistas observaron rastros y colillas de cigarrillo. La altura es de unos 15 metros.

La terraza donde los criminalistas observaron rastros y colillas de cigarrillo. La altura es de unos 15 metros.

¡Eureka!

La frase del forense obligó a Breide Obeid a levantar la cabeza y mirar con detenimiento el edificio. Esa fue la primera vez que tanto el fiscal como los investigadores sacaron los ojos del suelo y prestaron atención a las alturas.

Lucas vivía en el primer piso del edificio y el departamento no daba hacia a la calle. Eso complicaba las cosas. De todas formas, la altura de un primer piso, unos tres o cuatro metros como mucho, tampoco provocarían todo el daño que había develado la autopsia.

“Ahí le pedí al personal de Criminalística que me acompañara. Queríamos ir hasta la terraza, pero para acceder había una puerta que estaba con llave, así que vino el portero con el manojo de llaves”, explicó el fiscal.

Los de criminalística subieron las escaleras, pero no parecía haber nada raro en el trayecto. Al llegar a la puerta de la terraza, que tenía una pequeña ventana de unos 50 por 50 centímetros, se escuchó la orden de uno de los expertos para que no tocaran nada.

“Sobre la ventana de la puerta de la terraza había una huella de calzado que levantaron con mucho cuidado. Luego accedimos a la terraza y se encontraron varias colillas de cigarrillos, de la misma marca que fumaba la víctima, por lo que todas fueron recolectadas”, confió el fiscal.

Los criminalísticas observaron con detenimiento una zona donde había un pedazo de pared descascarado y la campana de un tiraje de color amarilla. Sobre esa parecita, de medio metro, dieron con una huella similar a la de la ventana.

Lo que en ese momento, a simple vista, era una corazonada terminó por ser confirmado en el laboratorio. Los especialistas establecieron que las huellas encontradas coincidían con el calzado de Lucas y el ADN de todas las colillas también eran de él.

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El edificio de calle Matheu al 200 donde vivía Lucas con su pareja.

El edificio de calle Matheu al 200 donde vivía Lucas con su pareja.

¿Y, al final, cómo murió?

Para responder a esa pregunta, los investigadores supieron esquivar la atrapante “visión de túnel”, que es cuando buscan elementos para justificar una teoría en vez de ampliar las alternativas.

Tras desechar las dos hipótesis iniciales, el crimen en robo y el accidente de tránsito, se construyó una tercera teoría a partir de todos los elementos que había aportado la tarea científica.

Lucas, como ya contamos, había consumido alcohol y drogas y no quería entrar en esas condiciones al departamento. Tras caminar dos cuadras, llegó al edificio y decidió irse a la terraza para tomar aire y esperar a que se le pasara un poco la resaca. Por la ventana de la puerta que da a la terraza se coló Lucas, de ahí que apareciera una de sus huellas.

Allí, se sentó en la parecita que da a la calle, fumó varios cigarrillos y luego, no se sabe y no se sabrá, si fue por el efecto de las drogas o qué, se paró en esa especie de cornisa desde donde apreció el abismo.

Se sospecha que sufrió lo que se denomina la “atracción del vacío”, que suele darse cuando una persona se queda mirando de manera fija hacia abajo.

Desde allí, su cuerpo se precipitó en caída libre a lo largo de 15 metros e impactó sobre la vereda a unos 90 kilómetros por hora, lo que generó un rebote, por lo que terminó en la extraña posición que tantas intrigas les había generado a los investigadores.

La causa fue cerrada como muerte en accidente por caída de altura, pero la duda del suicidio siempre quedó latente.

“La huella en la cornisa era firme, no había ningún tipo de desplazamiento”, reveló un especialista, esto es lo que abría la posibilidad de que Lucas se haya arrojado al vacío. Pero no hubo una autopsia psicológica como para descartar esa alternativa que quedó latente. Fue así que la teoría de la atracción del vacío se terminó imponiendo.

Diego Marton, el médico forense,

Un extraño encuentro

La novia de Lucas y futura mamá, convertida en viuda y madre soltera, decidió volver a su Córdoba natal para junto a su familia poder criar a su hijo, que antes de nacer ya había quedado huérfano de padre.

Dos años después de lo ocurrido, el médico forense Diego Marton viajó a Córdoba a visitar a su familia ya que él también es oriundo de dicha provincia.

Mientras disfrutaba de sus vacaciones, un amigo lo invitó junto a la familia a pasar el día en un campo. Allí se encontró con gente que desconocía que eran otros amigos de su amigo y de la esposa de su amigo.

Durante la larga jornada surgió el tema de su trabajo y especialidad que lleva adelante en Neuquén.

“Era una charla común y corriente donde te preguntan a qué te dedicás y vas charlando de distintos temas con distintas personas. Justo se me acercó una mujer y me contó que ella era la pareja de Lucas, me quedé helado por la coincidencia”, recordó Marton.

Apartados del grupo, tuvieron una breve charla. “Ella se quiso sacar algunas dudas, pero por el secreto profesional yo mucho no le puede decir. Lo que sí le confirmé es que había caído de la terraza y ella me contó que tuvo mucho miedo en ese entonces porque hasta temió que la tomaran como sospechosa, por la discusión que habían tenido esa noche, así que se terminó volviendo a Córdoba”, concluyó el forense, que en sus años de trabajo nunca había tenido un encuentro tan extraño.

Hoy en día, el caso de Lucas se relata tanto en la carrera de Abogacía como en la especialización forense y también en Criminalística como un ejemplo de un trabajo conjunto entre las distintas especialidades. “Es un buen ejemplo de buena práctica a la hora de investigar un crimen sin descartar absolutamente nada por descabellado que parezca”, concluyó Breide Obeid.

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