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Las jaurías causan estragos en Nueva Esperanza

Los perros matan conejos y gallinas de productores de la meseta.

Ana Laura Calducci

calduccia@lmneuquen.com.ar

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Neuquén. En Colonia Nueva Esperanza hay más perros sueltos que personas. Las jaurías que recorren el barrio sin control ya son un problema grave para los productores porque están matando a sus gallinas, cerdos y conejos. Desde la comisión vecinal dijeron que la situación es cada vez peor y que necesitan con urgencia que intervenga el área de Zoonosis del Municipio.

Éver Urrutia, vicepresidente de la vecinal, contó que “una vez por mes o cada 45 días” reciben la denuncia de un criancero que perdió sus animales por los perros cimarrones. “Ellos nos llaman y nosotros vamos a observar el lugar, tenemos sus testimonios, pero ninguno hace la denuncia porque la comisaría está lejos, en Parque Industrial, y generalmente queda en la nada, no hay a quién culpar”, relató.

Dijo que, como el camión esterilizador del Municipio no va al barrio, la mayoría tiene más de 10 perros en su lote, que tienen crías sin control, a las que se suman los cachorros abandonados. Contó que muchos vecinos de otros sectores de la ciudad van allí a tirar basura y también cachorritos que no quieren tener en sus casas.

“Los dejan al final de la calle Casimiro Gómez junto con montones de residuos; esos perros se van criando ahí en la basura sin dueño y se vuelven cimarrones”, explicó.

Señaló: “Como tienen hambre y son salvajes, los perros salen a cazar de noche y a veces agarran las gallinas, conejos o cerdos y hacen desastres; pueden matar toda una producción en una noche”.

Recordó que el problema con los perros sueltos “es de vieja data, aunque se trabajó bastante bien en la época de Martín Farizano y después ese trabajo se abandonó”.

“Le pedimos a la Municipalidad varias veces el tráiler que viene a desparasitar y castrar, la última fue el año pasado, y todavía no nos dan respuesta”, añadió. Asimismo, indicó que no tienen datos de mordeduras a personas, pero la matanza de los animales causa alarma.

No tienen dinero para las esterilizaciones

A falta de un quirófano móvil, la única alternativa que tienen los vecinos de Nueva Esperanza es trasladarse varios kilómetros hasta una veterinaria para castrar a sus perros.

Pero rara vez ocurre, porque son pocos los que tienen los recursos para hacerlo.

Éver Urrutia, de la comisión barrial, explicó: “Hay vecinos que no tienen ni para la tarjeta de colectivos para ir a atenderse ellos al hospital, así que mucho menos con el perro”. También relató: “En mi caso, tengo dos perras que las llevé a operar abajo, que se necesita una camioneta, y me salió 600 pesos, además de que después la tenés que ir a buscar y llevarla unos días más tarde a que le saquen los puntos, o sea, todo un protocolo que los vecinos no hacen”.

El quirófano móvil del Municipio brilla por su ausencia en el lugar.

En un ataque, uno de los productores perdió todo

Héctor Betancur es productor desde hace 10 años en el barrio Colonia Nueva Esperanza. Cría cerdos, gallinas y distintas aves. Hace poco más de un mes, una jauría de perros le mató 50 animales y todavía intenta recuperarse.

Relató: “Fue de madrugada, como a las 5 de la mañana, que sentí muchos ladridos de perros y me levanté, pero ya había ocurrido lo peor”.

Agregó que “una jauría de perros entró y se comieron a varios patos, con todos los huevos también, 10 pavos y 30 gallinas, que muchos los mataron sólo por matar y quedaron ahí”.

Además explicó: “El problema de los perros cimarrones es todo un tema acá arriba, porque la mayoría de la gente tiene perros que no están de mascota sino de apiñada, tienen 10 o 20 perros sueltos y pasan estas cosas”. “Y los que salen a buscar comida al basural están con todos sus perros, te llenan la calle y no podés pasar de tantos que hay. Lo mismo cuando se juntan 10 caballos para ir a cazar liebres, que se llevan 40 o 50 perros con ellos”, precisó.

Betancur explicó que no recibió ayuda tras la matanza “y me recupero como puedo, porque acá a veces viene el INTA pero te trae pollas, y hay que tener cuidado para que se críen acá, pero yo tenía patos criollos más caros, que los había comprado, y me dolió mucho porque perdí todo”.

Indicó que no hay forma de evitar a las jaurías. “La gente tiene las cercas que son todas de alambre, yo tengo una parte cerrada con pallets, pero con los perros no se puede porque escarban o saltan”, se lamentó.

El vecino de Nueva Esperanza observó que en el barrio “ya hay más perros que gente y eso se podría solucionar, pero por alguna cuestión no se hace”.

Hay más canes que personas

El vecinalista Éver Urrutia estimó que hay unas 2 mil personas viviendo en el sector de Colonia Nueva Esperanza, entre las que tienen su casa en el barrio y las que están en las tomas de la periferia.

Razonó: “Hay que pensar que por lo menos tenemos el doble o el triple de perros, repartidos en 750 hectáreas, así que desde la vecinal no podemos hacer nada, se necesita un trabajo cultural con el respaldo del Municipio”.

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