Las localías ya no gravitan
Canchas llenas con hinchas de un solo equipo, tribunas desbordadas de público que son un hervidero, color y fervor popular. Bombos, banderas y serpentinas, recibimientos ensordecedores y memorables a los locales, clima super hostil y silbatina intimidante para los visitantes. De repente, silencio atroz, alocados festejos de gol y de triunfos de 20 solitarios tipos -entre titulares, suplentes y cuerpo técnico- que se agigantan en la adversidad y logran acallar a las multitudes de los eternos rivales. En otros tiempos se tildaban de hazaña, de éxitos épicos, pero todo cambia en el fútbol argentino y hoy ya es más natural: las localías no pesan ni gravitan como antes.
Una certeza que dejó la apasionante fecha de los clásicos. A las pruebas y datos nos remitimos: Boca ganó el superclásico, 1 a 0, en el Monumental, Racing venció 2 a 1 a Independiente en el Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini, Newell’s dejó a Central sin técnico al superlarlo 1 a 0 en el Gigante de Arroyito, Banfield dio el golpe, 1 a 0, en La Fortaleza Granate... A la lista, a punto estuvo de sumarse Estudiantes, que se imponía por la mínima tras una gran asistencia del cipoleño Del Prete, pero Gimnasia lo empató en la última. Los otros dos grandes efrentamientos tradicionales culminaron igualados: San Lorenzo 0-Huracán 0 en el Bajo Flores y Colón-Unión tampoco abrieron el marcador en el estadio del Sabalero. Es decir, entre los clásicos históricos -no incluimos los emparejamientos ocasionales de los que tienen a la contra en otra categoría-, no se registró ni una sola victoria de los dueños de casa. “Somos locales otra vez”, cantan esos 20 visitantes dentro del campo, mientras las masas se retiran masticando bronca.
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