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Las monjas que cuidan a los abuelos en cuarentena

La congregación Hermanitas de los Pobres asiste a 29 ancianos.

Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar

“Lo que más extrañan son las visitas de sus familiares”. Es lo primero que señala a LM Neuquén sor María Beatriz, la madre superiora de la congregación de las Hermanitas de los Pobres, en relación con la imposibilidad que tienen los abuelos de recibir a sus familiares en la residencia ubicada en Chocón y Tronador como medida preventiva para evitar que los adultos mayores, que integran el grupo de riesgo, contraigan el coronavirus.

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Por ello, cuando los ancianos piden comunicarse con sus familiares, las propias religiosas o empleadas del lugar les ofrecen sus celulares. “Ellos están felices de poder conversar con sus familiares y contarles que se encuentran bien. Gracias a Dios el virus no ha entrado”, explica la religiosa de 68 años, quien hace cinco está a cargo de la residencia ubicada en el barrio Confluencia que congrega a 29 adultos mayores, de entre 68 y 99 años. “Durante el día les sacamos fotos y se las mandamos a sus familiares”, agrega.

Desde el comienzo de la pandemia se suspendieron las actividades recreativas y cognitivas que habitualmente desarrolla un grupo de voluntarios como gimnasia, cuentacuentos, entre otras. “Teníamos convenios con diversas instituciones pero evitamos de esta manera la entrada y salida de personas y así evitar el contagio”, expresó Adelaida Goldman, directora médica de la residencia.

Para distraerlos, las religiosas y las trabajadoras del lugar dedican un tiempo para llevar a cabo “juegos con pelota, tirar bolos y otros juegos sencillos que el Señor nos inspira para que los ancianos se distraigan y pasen un buen rato. Somos una gran familia y ellos se sienten seguros con nosotras”, comenta la religiosa.

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Señala que entre las disposiciones que se tomaron para cumplir con el aislamiento se dispuso que en las mesas del comedor pueden sentarse solo dos personas y en la capilla de la iglesia podrán sentarse dos personas, una en cada extremo del banco. “Les explicamos que era para prevenirlos, para ayudarlos en la salud, y ellos fueron muy comprensivos”, comenta.

Goldman destaca que desde el comienzo de la pandemia se puso en marcha un protocolo sanitario y de prevención para evitar posibles contagios a través de capacitación y entrega de folletería con instructivos. “Se realizó un simulacro de cómo proceder en caso de una sospecha de coronavirus, la colocación de barbijos, el lavado de manos, porque asegurando ciertas conductas reforzamos la seguridad”, agrega.

Además de las ocho religiosas, el hogar cuenta con 13 empleadas, entre cuidadoras, enfermeras, personal de limpieza y de cocina. “Las mismas hermanitas realizan el triage al personal cada vez que ingresan, se les toma la temperatura, se cambian la ropa y durante la jornada trabajan con barbijo, como si fuera un hospital”, describe Goldman.

A la hora de reflexionar sobre esta situación, María Beatriz señala: “Es el momento de descubrir qué es lo que pasa en el mundo para que nos haya llegado esta pandemia. Esto nos tiene que hacer más solidarios y más humanos, y no ser tan materialistas”.

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-> Entre obras, donaciones y desinfección

“Nuestro objetivo es mantener la dignidad de las personas hasta su último día. El Señor nos ha llamado a una vida religiosa para cuidarlos”, explica la madre superiora María Beatriz. Lamenta que debido a la cuarentena se suspendieron las obras de ampliación del hogar que estaba previsto inaugurar a mediados de año. “Recién la semana pasada pudieron retomar las tareas luego de solicitar a la municipalidad el permiso correspondiente”, señala. Por otra parte, también debieron prorrogar la colecta que realizan las hermanitas en la vía pública con la finalidad de hacer frente a los gastos para mantener el hogar. “Hemos tenido la colaboración de muchas personas que se han acercado a donar desde alimentos hasta artículos de limpieza y también donaciones de Desarrollo Social. Las donaciones se dejan en la entrada, se desinfectan y recién al otro día las ingresamos”, explica la religiosa

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