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"Las mujeres trans siempre somos objeto de burla"

En el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, Paola Guerrero contó de qué se trata lo que sufren las mujeres trans. Desde los gritos obscenos en la calle, hasta los golpes e insultos.

Muchas mujeres trans conviven con la violencia desde muy pequeñas. Violencia desde su familia que no las entienden, en el colegio, en la calle. Más grandes sufren el dolor de no conseguir empleo, y hasta de no poder acceder a una vivienda. Esas circunstancias afectan su calidad de vida, aunque a veces aparecen lazos que se convierten en oportunidades para pegar un “volantazo”.

Paola Guerrero vivió siempre de alquiler en alquiler. Es que no le era fácil ingresar a una vivienda, no le querían alquilar por el “qué dirán”, o por si “tenía algo”. Por años vivió en condiciones que no cualquiera soportaría, paredes desechas, baño afuera, casitas como pañuelos.

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Ella sabía que “no podía” acceder a otra cosa, aunque la vida la sorprendió. Hace un tiempo conoció a la hermana Mónica Astorga y de su mano se convirtió en una de las 12 beneficiarias del programa habitacional, por el que tras años de angustias, accedió a su vivienda propia.

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“Es algo nuevo para nosotras, nunca tuvimos un departamento nuevo, cero kilómetro. Tenemos bidet, fijate las paredes qué lindas, estamos asombradas y aprendiendo a convivir entre nosotras”, describió Paola a LM Neuquén, al regresar del SUM donde comparte un rato con sus compañeras todas las mañanas.

Ella tiene 47 años, a los 15 dejó su Bahía Blanca natal para probar suerte en Neuquén. Subió a un tren vestida como hombre, y al poco tiempo, luego de conocer a su primer amor cambió su ropa masculina por femenina.

Sus primeros tres años en Neuquén fueron al lado de esa pareja, pero su juventud pudo más que aquel amor y quiso de nuevo salir a probar suerte. No tardó en conocer la calle y en ejercer la prostitución para mantenerse. Y una vez más la violencia le golpeó la cara.

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“Siempre nos verduguearon. Nos pegaron. En este día contra la violencia contra la mujer nos sentimos muy identificadas porque siempre sufrimos este flagelo por nuestra condición”, compartió, y siguió: "Cuando pasa una mujer trans se da vuelta toda una cuadra, siempre somos objeto de burla. Es muy fuerte".

A Paola le cuesta hablar en singular, es que como parte del colectivo trans encontró en sus pares una ayuda y apoyo que no pudo hallar en otro lado. Cuando se fue de la casa de su primera pareja se fue a vivir con una compañera trans. “Al principio no quería salir a trabajar a la calle, hasta que un día le dije a mi amiga ‘montame que quiero salir con vos’”, y así fue que se puso la mejor ropa que tenía, se pintó y se fue a parar a una esquina.

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La violencia la sintió de mano de sus clientes, que muchas veces no le querían pagar, de la Policía, quienes hacían frecuentes operativos y las perseguían, y hasta de los transeúntes, quienes le gritaban insultos mientras esperaba su próximo servicio.

Con el tiempo aprendió que debía defenderse. Y salía todos los días con una tijera o un cuchillo en su cartera. Nunca tuvo que usarlo, pero no porque no le hubiera hecho falta sino porque encontró en su astucia la manera de escapar de los “machos violentos”.

“Cuando los tipo te decían 'qué te voy a pagar a vos', o hasta te amenazaban con golpearte, yo siempre opté por hacerme la sumisa, decirle que sí y cuando se tranquilizaban aprovechaba para salir corriendo”, relató la mujer de sus años de prostitución. Años que no fueron pocos, casi 30 de trabajo en la calle. "A la calle salís pero no sabés si volvés", confesó.

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Paola es muy creyente, y con la ayuda de Dios y de la mano de la hermana Mónica, dejó ese trabajo para estudiar la carrera de auxiliar de cuidados gerontológicos y comenzó a cuidar adultos mayores. Además al tener su casa propia y dejar de alquilar se le abrió esa ventana de esperanza para poder desempeñarse de lo que le gusta: cuidar a las personas.

Aunque la pandemia del coronavirus le puso una pausa a su nueva profesión, ahora está muy entusiasmada porque le dijeron que hay una adolescente trans que tendría que cuidar.

“Voy a ser su dama de compañía, ayudarla en la etapa de hormonización, y en lo que necesite. Imaginate qué distinta será la vida para esa joven, de la que tuvimos muchas de nosotras”, expresó Paola llena de esperanza.

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