Las pokeparadas neuquinas coparon los monumentos

Fueron los elegidos por los creadores del juego Pokémon Go.

Georgina Gonzáles

gonzalesg@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Los monumentos de la ciudad se convirtieron en los últimos días en los lugares más visitados por cientos de jóvenes, y no tan jóvenes. Es que allí están ubicadas las tan codiciadas pokeparadas, lugares donde todos los jugadores de Pokémon Go buscan las pokebolas, herramienta para poder seguir capturando pokemones a través de este juego de realidad aumentada.

El Monumento a San Martín, el Monumento a Julio Argentino Roca, el Monumento a La Madre, el Monumento del Centenario, el Cenotafio a los Caídos de Malvinas, el busto de Rodolfo Walsh y el de Faustino Sarmiento se convirtieron en puntos de encuentro para los jugadores neuquinos.

En la Avenida Argentina, frente al Cine Teatro Español, hay tres pokeparadas, por lo que todo el día es un desfile de personas recargando sus pokebolas. Por la tarde se pueden juntar hasta más de 100 personas jugando.

La explicación del porqué se eligió a esos lugares como pokeparadas es que los creadores del juego tomaron la base de datos de Ingress, otro juego cuyo objetivo era plantar portales en las distintas ciudades donde se podía jugar. Los jugadores sacaban fotos de los lugares más emblemáticos de sus ciudades y esos lugares fueron los elegidos por este nuevo juego al que día a día se suman miles de adeptos en todo el mundo.

Los fanáticos están contentos con los sitios donde pusieron las pokeparadas porque, aseguran, los hicieron reconocer los lugares más emblemáticos de la ciudad.

“Además de jugar, aprendimos quiénes son los que están en los monumentos, que quizás antes pasabas sin mirar”, manifestó Juan, un joven de 14 años conquistado por el Pokémon Go, mientras jugaba al lado del busto de Faustino Sarmiento.

Además, otra de las ventajas que sus jugadores aseguraron que tiene el juego es la de que los hace caminar. Es que los “animales” que buscan cazar se mueven por todos lados.

Hay quienes consideran que este juego obligó a muchos chicos a terminar con el ostracismo.

De eso dieron confirmación Candela y sus dos amigas, quienes aseguraron que por día caminan hasta 15 kilómetros buscando pokemones. “Llegué a tener 176 y lo hice en dos días. Ahora tengo unos 70, pero porque los vas cambiando por los que son mejores”, comentó la adolescente de 16 años, quien desde que salió el juego le dedica unas tres horas por día.

“Aproveché que tenía un tiempo libre y me vine al monumento porque acá recargamos las pokebolas y además tenés un gimnasio donde hacés pelear a tus pokemones”.Pablo. 20 años

“Me vengo desde Cipolletti porque acá hay muchas más pokeparadas para recargar. Voy a la escuela casi en el puente y desde allá me vengo caminando”.Juan. 20 años

“El juego es como el sueño que tenías de la infancia: ser el protagonista. Pokémon Go es lo más parecido a poder ser parte de la historia”. Coky. 29 años.

Y como la primera serie de Pokémon salió en 1996, no son sólo adolescentes los que se ven jugando en las plazas de la ciudad. “Es que es el sueño de todos nosotros, lo que veíamos en la tele ahora lo podés hacer vos mismo en la calle, capturar a los pokemones”, explicó Coky Flores, de 29 años, quien consideró que “hay mucha discriminación” sobre las personas que juegan y que en las redes se ven todo el tiempo comentarios agresivos hacia ellos.

“No se dan cuenta de que este juego fomenta la amistad, el compañerismo, estar al aire libre. Soy padre y caso pokemones con mi nene de 2 años. Hay mucho tabú en la sociedad, pero este es un juego muy lindo y tranquilo”, afirmó.

Una historia de amor que no termina

Hernán Gil. Editor

Estaban enamorados. Casi no podían despegarse. Apenas lo hacían en momentos muy puntuales. Y justo llegó Pokémon Go. Si acaso la relación ya era indisoluble, la aplicación la hizo crecer a niveles utópicos. Ahora ya nada podrá separarlos.

El mito del amor a primera vista se convirtió en una teoría confirmada con un caso de éxito: la relación entre el hombre y el teléfono inteligente. Fue un flechazo. Una historia que no para de crecer, que no tiene baches. El ser humano incluso le pidió que dejara ese lugar marginal en la oreja y lo llevó a su mano para consolidar una anunciada e ineludible simbiosis.

Al principio, tenían códigos para no asfixiarse. Se daban un descanso obligado en los bancos a la hora de dormir y algún pequeño impasse ético en las comidas y al cruzar la calle. La propia relación las fue eliminando. Ahora, justo cuando parecía que se había llegado a un punto insuperable, llegó Pikachu.

Tras un impasse, antes se volvían a encontrar por una vibración o sonido que alertara de la emocionante novedad que alguien había catalogado como “me gusta” a una foto de un plato de fideos. Ahora, ya no hay pausas. El ojo no tiene otro destinatario que el smartphone. Es que Charmander podría estar en cualquier lugar en cualquier momento. La propia esencia del juego apunta a esto: si la vista se despega por un instante, el riesgo es altísimo: perder la posibilidad de obtener a uno de los más codiciados.

El phubbing parecía incontrolable. Pikachu lo convirtió en invencible.

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