Le dio pelea al párkinson y alcanzó la cumbre del Lanín

Armando Rosas. Tiene 54 años, trabajó en la Policía y desde que le diagnosticaron la enfermedad no para de practicar deportes.

Hace tres años le diagnosticaron la enfermedad, pero en vez de lamentarse duplicó sus esfuerzos y el deporte lo salvó.

Hoy lleva una vida normal y asegura que aunque el párkinson no se cura, logró convivir con la enfermedad de buena manera.

Georgina Gonzales
gonzalesg@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Tiene 54 años y como ingresó a la Policía desde muy joven, a los 39 se retiró y desde entonces decidió llevar una vida tranquila junto a su mujer y sus tres hijos. Pero un día todo cambió, un temblor en la mano izquierda le despertó la inquietud y fue a ver al médico. Le diagnosticaron párkinson y ya nada sería igual.

Salió de esa visita y fue directo a su casa a contar lo que su médico de confianza le había dicho, aunque no le creyó. Es que Armando, entre todos los deportes que practica, hace motocross y poco tiempo antes había tenido una caída en la que se quebró cinco costillas. "Para mí era algo relacionado con esa caída, un músculo o un tendón que había quedado mal. Yo le echaba la culpa al golpe y no al párkinson", recordó.

Entonces se dirigió a otro centro neurológico en Neuquén y también le confirmaron el diagnóstico anterior. Fue al Instituto Fleming en Buenos Aires y al Hospital Italiano, y en todos lados le dieron el mismo diagnóstico.

A pesar del derrotero por hospitales y médicos, Armando imaginó una posibilidad de solución con curanderos y sanadores. Visitó varios de ellos, hasta Chile se fue buscando la cura que nunca llegó.
La bofetada que la vida le tenía preparada a Armando fue muy fuerte, le cayó como un balde de agua fría.

Enfrentó muchos problemas emocionales y temores que trató con psicólogos y psiquiatras, hasta que los mismos temblores en el brazo y la mano izquierda lo hicieron caer en la realidad.

Y se dio de cuenta de que la única salvación estaba precisamente en sus manos. Durante sus años en la Policía, Armando trabajaba como instructor de educación física, siempre hizo natación y bicicleta, y también escaló y remó. Y fue justamente en el deporte donde encontró la fuerza y la tranquilidad que le permiten controlar la enfermedad.

"Por más que busques una solución al párkinson, no la hay. El actor de la película Volver al futuro, Michael Fox, puso una fortuna para que lo curen y no lo logró", relató Armando, y agregó: "Pero yo le encontré una vuelta a esta enfermedad, no la estoy controlando, pero estoy conviviendo con ella".
El primer desafío para este hombre fue aceptar que tenía párkinson y luego incentivar lo que siempre hizo, el deporte.

"Todo lo logré gracias a la actividad física", aseguró. Armando hace natación, atletismo, remo en el río Limay y también en su casa porque se hizo un simulador de canotaje y aunque llueva o haga mucho frío, practica en la comodidad y el calor de su hogar.

Antes de que le descubrieran esta enfermedad siempre fue a la montaña. Había hecho cumbre en el Lanín 21 veces.

"Cuando estoy bien físicamente, me encuentro bien de la cabeza y hasta puedo subir el Lanín. El mes pasado logré mi cumbre número 22, aunque para mí esa fue la primera. Es que fue la primera con párkinson", describió.

Aunque su estado físico era bueno, desde que se había enterado de la enfermedad no se animaba a volver a intentar escalar una montaña. Temía por cómo sería su comportamiento arriba. Tenía miedo de llegar a la cima y empezar a temblar. Pero su fuerza de voluntad y la compañía de su familia hicieron que todo salga bien.

"Fue un gran desafío porque no sabía cómo me iba a comportar en la montaña con el párkinson. Al estar tranquilo, relajado, no hay temblor. Los temblores aparecen cuando tengo problemas nerviosos, ahí aparece un temblor que no me deja controlar el brazo ni la mano", contó.

Igualmente este luchador incansable sabe que su salida a flote no fue sólo por el deporte, sino que el apoyo familiar fue "importantísimo". "Si no tenés contención de tu familia, solo no podés. Mi médico me contó que tiene muchos pacientes que llegan al consultorio llorando pero no por la enfermedad, sino porque los dejó la mujer o los hijos no lo acompañan", relató.

Su mujer, Graciela Soto, y sus hijos Juan Manuel, Diego Nicolás y María Celeste son quienes lo acompañan a andar en moto, bicicleta o subir montañas. "Mi pilar más fuerte es el respaldo familiar", confesó.

"Es una enfermedad que no mata, pero destruye, te va comiendo. Como esos jueguitos de computadora de los nenes. Igualmente hay que seguir dando batalla, y yo lo hago todos los días", consideró Armando.

Es una enfermedad que no mata pero destruye, te va comiendo como esos jueguitos de computadora. Hay que darle batalla todos los días".

"Uno no tiene que entregarse"

En su casa del barrio Pisicultura de Plottier, Armando Rosas confiesa que el párkinson es una enfermedad que "pasa mucho por el estado anímico y mental de cada persona".
Para argumentar esta afirmación, esboza el siguiente ejemplo: "Una persona que tiene párkinson, si se entrega, en menos de cuatro años está en una silla de ruedas".
Rosas agrega que es una enfermedad "rápida, que empieza a tomar tu cuerpo, por eso hay que enfrentarla. Yo creo mucho en la autocuración de esta enfermedad".

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