Liliana Urbina observó la necesidad que padecía Picún Leufú durante la pandemia y abrió las puertas de su casa para formar el Merendero corazoncitos felices. El espacio no solamente alimenta a 20 chicos, sino que también funciona como contención para los problemas sociales y violencia de género que padecen las mujeres.
La idea surgió a partir de las “falencias” que observaron en la localidad, pero “por sobre todo” por la falta de trabajo de muchas mujeres del barrio Club Hípico. “La realidad es que la pandemia quitó el poco empleo que había y vi la necesidad en muchos hogares. Así que empezamos en diciembre en mi casa a hacer una leche con tortafritas o pizzas, o lo que haya para darle a los chicos”, aseguró Liliana.
Con un patio grande y desempeñándose como personal de maestranza en la intendencia, abrió su casa y su cocina a pesar de su “difícil economía”. “No teníamos nada para arrancar con un comedor. Entonces, decidimos empezar de a poco con un merendero porque es lo más realizable. Hacemos un té y unas tortafritas y ya. Podemos generar estos puntos de encuentro y dar comida, algo que está faltando acá”, explicó.
Liliana observó que en un grupo de Facebook cada día más gente que estaba aislada pedía ayuda. “El principal detonante fue que mis vecinas me comentaban que estaban sin trabajo y que tenían un gran problema porque no tenían nada para darle de comer a sus hijos”, narró.
Entonces, la primera semana de diciembre se lanzó. “Me junté con mis nueve compañeras y arrancamos. Empezamos de boca en boca y vinieron los chicos del barrio”, aseguró Liliana, quien es la única del grupo que logró conservar el empleo durante la pandemia.
Gran parte del barrio no tiene conexión a la red de gas y la cocina de este merendero no es la excepción. “La garrafa es un bien preciado porque te sale 600 pesos una de 10 kilos. La uso para cocinar en casa y también la uso para las cosas de merenderos”, dijo, después de aclarar que solo le funciona una de las cuatro hornallas.
A su vez, los alimentos llegan a partir de las donaciones de los comercios de la ciudad y se dan los martes y viernes a las 17. “Más allá de darle a los 20 chicos, también nos organizamos para llevar en bicicleta, porque no tenemos auto, a las personas que están aisladas y necesitan una buena merienda”, aseguró.
Por su parte, Liliana plantea que el espacio del merendero es, también, para escuchar y ayudar. “Muchas madres tienen experiencia de ser golpeadas y hay chicas que vienen acá y comentan lo que le pasa o la mala experiencia y se descargan. Nos juntamos en la mañana a cocinar algo de la tarde y por ahí salta la charla y se trata de contenerla y ayudarla”, dijo tras exponer la violencia de género que se generan a diario y la contención que se hace entre mujeres.
“En el caso de que veamos necesario, recurrimos a las autoridades pertinentes, pero lo importante que hacemos es prestar el oído para escuchar y contener”, aclaró.
Al aproximarse los primeros fríos del año, este merendero está buscando poder armar un “estilo quincho” para soportar las bajas temperaturas. “Queremos armar un techo o algo para el invierno. La idea es hacer algo de madera u otro material para que los chicos estén más cómodos”, aseguró y expuso que lo que tienen ahora es solo una mesada en medio del patio.
Para eso, a las donaciones de alimentos que llevan a cabo, se suma todo “elemento de construcción”. “Desde el durlock, hasta madera o chapa. La idea es resguardar y que este espacio no se pierda por la falta de condiciones”, aseguró.
La política, ¿la única solución?
“Hace unos días, vinieron del Municipio a darnos dos cajas de mercadería y se fueron. Al parecer, se enteraron que había un merendero abierto y quisieron aportar lo suyo, pero jamás nos preguntaron qué necesitábamos ni nada. Llegaron, bajaron y chau”, narró.
Lo negativo que observó Liliana es que al no ser un “merendero oficial”, los comerciantes “no confían”. “Por ahí vas a pedir a ver si tiene algo para donar y te responden que si no está avalado por la muni no te da nada”, describió y aseguró que eso le “cae mal” porque parece “qué tenés que ser político para pedir algo”.
Con la esperanza y la solidaridad neuquina, Liliana confía que el merendero seguirá creciendo porque “la necesidades aún no están cubiertas”. Dejó su celular: 2942 66-3480 y concluyó: “Ojalá que alguien escuche y nos de una mano. Esto está creado con amor y es el sostén de más de 20 familias”.
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