Apenas se abrió la puerta para salir del encierro, las personas decidimos si íbamos a continuar la vida sobre la tierra o sobre el agua. Algunas elegimos la bici para redescubrir Neuquén, transitar la barda y recorrer subidas y bajadas a fuerza de pedaleo. Pero otras quisieron experimentar la bendita sensación de sentir el agua salpicando la cara. Y aunque era julio y escarchaba, se lanzaron con su kayak al Limay buscando aire de río.
Es así como desde hace meses que el canotaje se ha instaurado como una actividad en auge en la ciudad. No importa si hace frío o calor, los aficionados, profesionales y nuevos practicantes de la actividad, la han elegido como una de las favoritas de la pandemia. Así lo ve Araceli Balboa, quien es profesora de canotaje en el Club Santafesino desde hace cinco años y actualmente en la Escuela Municipal. “Es una actividad súper segura porque, en su momento, era una de las poquitas que se podían hacer al aire libre cuando se levantaron las restricciones. Vos te subís a un kayak y navegás sola, con todo un ambiente al aire libre despejado”, afirma.
Ella vivió desde siempre en una casa situada frente a los clubes de Neuquén, y podía ver, por entre los árboles, el remanso poderoso y tenaz del río Limay. No se acuerda con precisión cuándo, pero cree que es de toda la vida en que sintió la necesidad de subirse a una canoa; al punto que hoy, ya con 29 años, pasa más tiempo sobre el agua que pisando el suelo firme. “Desde chiquita cualquier situación difícil la resolvía remanado, me subía a la canoa y me iba”, afirma Ara sobre una costumbre familiar encarnada en cada uno de los miembros. Es que su padre, es uno de los fabricantes de botes Ribal, y su hermano uno de los más destacados deportistas en la disciplina no solo a nivel provincial sino también mundial (hablamos de Franco Balboa). Incluso su madre, todos y cada uno de los integrantes de su familia nuclear, conocen el Limay como la palma de su mano. Y lo han hecho desplazándose sobre su corriente.
“En el invierno el grupo comenzó a crecer, tuvimos más anotados y también empecé a notar un creciente interés de la gente porque andaban remando en esa época; los veía pasar como en primavera que es cuando arranca el buen clima”, explica sobre la ampliación de los grupos en la escuela del santafesino y sobre los aficionados. “Nos calzábamos la ropa térmica abajo, el chaleco arriba, y bien abrigados salíamos por los brazos; no importaba ni la lluvia; ojo, sí el viento, es una condición climática que hay que evitar cuando se trata del canotaje”, aclara.
Lo cierto es que de unos cuatro o cinco remeros que había en inviernos anteriores, el año que pasó sumó unos 20; y esta temporada ya tiene cien aficionados que se dividen en grupos para poder lanzarse aguas adentro. “Es muy linda experiencia la de ver la evolución de una persona que llega sin saber cómo adentrarse por el río y después verla en las bajadas compitiendo; algunos de ellas llevan todos los años que yo tengo de profe acá compartiendo las clases”, comenta sobre su trabajo. “Pero lo que más me gusta es que yo he decidido que el canotaje sea mi manera de vivir y mi trabajo y enseñar lo que yo sé es una manera muy linda de compartir el río, y que la gente conozca lo que uno vive día a día al transitar la naturaleza. No puede tener un mejor trabajo”, dice feliz.
Con la vista puesta en la emoción de las personas por practicar este deporte, Ara y su hermano Franco armaron un proyecto de canotaje gratuito de la mano de la municipalidad de Neuquén. Así las cosas, cerca de 400 familias hicieron la fila para poder acceder a la práctica. “Para poder organizarnos los dividimos en grupos de 25; es muy lindo ver cómo familias enteras se animan a disfrutar de la naturaleza, sin duda una de las cosas más preciados que tenemos acá”, resalta la profe.
Fuerza natural
Las horas abajo del sol le han vuelto la tez tostada y los dientes blancos le brillan tras la sonrisa. “Remar río arriba es una de las cosas que más me gusta en la vida”, dice Roberto Coló, mientras atraca la canoa en la costa. Él se convirtió en aficionado hace unos ocho años, cuando una mala noticia sobre su salud lo paralizó en el medio de la vida. “Pero me recuperé y avancé; ahora disfruto cada instante como estos; cazo el mate, me subo al bote y transito por la cantidad de bracitos que tiene nuestro adorado río”, cuenta el hombre de 36 años. “También me encanta redescubrir lugares por los que ya había pasado o bajarme en alguna islita; es como si la naturaleza te diera una oportunidad de conquista en cada remada”, afirma orgulloso, y agrega que desde que se preparó en una escuela de canotaje y se lanzó al río, disfruta mucho de compartir con algún amigo los trayectos.
Además de ser una práctica saludable y que invita a la recreación, remar en una canoa trae muchos beneficios para el cuerpo. De hecho, es una actividad integral en donde no sólo se estimulan los brazos, sino también el torso por fomentar una adecuada respiración y la elongación de todas las extremidades. De hecho, ciertas veces es recomendada por profesionales de la salud para mujeres sobrevivientes de cáncer de mama al igual que lo es la práctica del remo, cuyo movimiento de brazada con los remos es hacia atrás.
Precauciones y protocolos
El Limay es un río muy caudaloso, con pozones y remolinos entre sus aguas cristalinas y frías. Por eso, el conocimiento que debe tener el practicante sobre sus aguas es fundamental para sobrevivir a una situación de peligro. “Siempre, aunque no se caigan del bote, nosotros practicamos este vuelco para que la persona sepa qué hacer”, explica Araceli, la profesora que además es guardavidas. “El primer elemento de flotación con el que se cuenta es el chaleco; por lo que nadie debe salir sin uno; además ante un vuelco, el chaleco te flota inmediatamente salvándote la vida”, enfatiza. El segundo elemento de flotación sería el bote. Ara dice que en caso de ladearse la canoa hay que darla vuelta muy rápido para que no se siga llenando de agua y sostenerse de ella lo más rápido posible. Y luego, como fundamental siempre que se va a salir hay que mirar el clima. “Con viento no hay que remar”, indica la profesional. “En nuestro sistema pluvial las condiciones climáticas pueden variar muy rápidamente, por eso es importante salir con toda la información de la jornada”, aclara.
Por la pandemia de coronavirus la profe cuenta que han agregado protocolos de sanitizado en las canoas. “Se limpia el aro, el asiento, se desinfectan los remos y los chalecos”, explica en un contexto donde la actividad tiene cada vez más adeptos. “En la escuela municipal somos tres profes y muchos voluntarios de Ceppron nos ayudan porque lleva mucho tiempo la higiene de los elementos”, relata.
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